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Cómo y por qué los EE.UU. ayudó a un golpe de estado dirigido por neonazis en Ucrania

Una declaración del Partido Socialismo y Liberación (EE.UU.)

El pueblo de los Estados Unidos está siendo engañado y mal informado sobre el papel de liderazgo desempeñado por el Departamento de Estado de EE.UU. , las agencias de inteligencia y los líderes neoconservadores al aupar deliberadamente a sectores neonazis al poder en Ucrania.

Los mismos políticos y estrategas neoconservadores que empujaron al país a la guerra contra Irak en 2003, contra Libia en 2011 y casi contra de Siria en el año 2013, han estado metidos hasta el cuello en un prolongado esfuerzo por el cambio de régimen en Ucrania como parte de una lucha geoestratégica más amplia contra Rusia. El hecho de que hayan trabajado mano a mano con neonazis armados en Ucrania, con el senador John McCain y la subsecretaria de Estado Victoria Nuland  literalmente uniéndose a las protestas, dice mucho acerca de la naturaleza política de los eventos.

El movimiento de protesta Maidan se desarrolló en Kiev en noviembre de 2013 cuando el presidente ucraniano Yanukovich rechazó un plan económico de la Unión Europea que imponía un régimen de dura austeridad en Ucrania como precio para la admisión en un ámbito económico dominado por los bancos alemanes. Las protestas callejeras, respaldadas por EE.UU. y la UE  y con el apoyo decidido de elementos neoconservadores dentro y fuera de la administración Obama, comenzaron cuando Yanukovich aceptó un préstamo de 15 millones de dólares de Rusia y un plan económico que no requería medidas de austeridad y que además incluía la reducción del precio del gas natural ruso.

Otro caso de un cambio de régimen respaldado por el imperialismo, esta vez con neonazis

El gobierno de EE.UU. ha diseñado, financiado y apoyado plenamente un golpe de Estado de libro para derrocar a un gobierno corrupto, pero elegido democráticamente en Ucrania. Al plan de desestabilización del gobierno de Ucrania contribuyeron Alemania, Francia, Gran Bretaña y otras potencias de la OTAN.

El Departamento de Estado de EE.UU. financia una red internacional de organizaciones no gubernamentales y medios de comunicación que utiliza para fabricar una oposición política y llevar a cabo un cambio de régimen en países, desde Venezuela a Bolivia, pasando por Siria, Ucrania y otros tantos países. Un importante vehículo estadounidense para estas operaciones es la National Endowment for Democracy (NED).

Un reciente artículo de Robert Parry señala lo siguiente: “La NED , una agencia creada por el gobierno de Reagan en 1983 a la que se destinan 100 millones de dólares al año y que promueve la acción política y la guerra psicológica contra algunos estados, enumera sesenta y cinco proyectos que respalda financieramente dentro de Ucrania entre los que podemos ver a activistas de formación, apoyo a “periodistas” y la promoción de ciertos grupos de negocios, creando así una estructura completa, preparada y lista para desestabilizar a un gobierno en nombre de la “democracia”.

El nuevo gobierno golpista fue seleccionado por una sesión parlamentaria paralela, cuando muchos miembros electos no pudieron presentarse a votar por temor real a un ataque físico. El Parlamento estaba lleno de fuerzas fascistas y semi-fascistas, así como poderosos oligarcas multimillonarios. Las fuerzas fascistas promueven el odio hacia rusos,  judíos, polacos y otras minorías.

A lo largo del pasado año, estas fuerzas han ejercido el vandalismo contra monumentos antifascistas que honran a los veteranos militares soviéticos de Ucrania y otras partes de la URSS que sacrificaron sus vidas para derrotar al nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. El nuevo gobierno golpista inmediatamente inició las leyes para prohibir el Partido Comunista de Ucrania, que vio como muchas de sus oficinas eran incendiadas en todo el país. El nuevo gobierno también prohibió el uso del ruso, húngaro, rumano, griego, tártaro y otras lenguas minoritarias hasta ahora reconocidas oficialmente.

El movimiento Maidan se concretó en forma de protestas callejeras que en noviembre de 2013 exigían que el ahora derrocado gobierno de Yanukovich se mostrase favorable a un acuerdo que “integrase” a Ucrania en la esfera económica de influencia de Alemania y otros países de la UE.

El movimiento Maidan comenzó como una ecléctica mezcla de puntos de vista políticos; fascistas, de centro e incluso con la participación de algunas organizaciones de izquierda. Las organizaciones fascistas y semi- fascistas, específicamente los brazos armados de los partidos Svoboda y Sector Derecho, se convirtieron en la fuerza política dominante en el movimiento de protesta que continuó durante varios meses. Tanto Svoboda y Sector Derecho utilizan la iconografía de los pro nazis ucranianos que lucharon con las divisiones de Hitler en la invasión de la Unión Soviética y llevaron a cabo matanzas de judíos, polacos y comunistas. Después de la expulsión de Yanukovich, los líderes del partido Svoboda fueron nombrados primer ministro adjunto, ahora en manos de un hombre notoriamente anti-mujer, y a otros cuatro ministerios. Uno de los fundadores del Partido Nacional Socialista, que más tarde se convirtió en Svoboda, es ahora el secretario del Consejo Nacional de Seguridad y Defensa, que controla las fuerzas armadas de Ucrania, y su principal lugarteniente es un miembro de Sector Derecho.

Estrategia Imperialista hacia las antiguas repúblicas soviéticas

El golpe de estado derechista en Ucrania está tratando de integrar al país en un régimen de austeridad patrocinado por el FMI y la UE que conducirá a un profundo empobrecimiento de las clase trabajadora ucraniana. Los enormes recursos de Ucrania son vistos como un gran premio para el enriquecimiento de los grandes bancos y empresas de Europa Occidental y los Estados Unidos. Estos recursos incluyen grandes depósitos de carbón, hierro, manganeso, níquel y uranio. Posee la más grande reserva de azufre del mundo y la segunda mayor de mercurio, además de vastas tierras agrícolas y bosques. Además, Ucrania tiene la industria pesada a gran escala, sobre todo en la parte oriental del país .

Desde el colapso de la Unión Soviética la mayor parte de los países del antiguo bloque socialista de Europa Central y Oriental se han integrado en la esfera de influencia de la OTAN y la UE. Hasta el momento, de los 28 países miembros de la UE, 22 se han incorporado a la OTAN.

El imperialismo occidental se ha centrado en todos los países de Europa del Este y las otras ex repúblicas soviéticas no rusas, como Ucrania, para incorporarlas en la esfera de influencia de la OTAN y de EE.UU. Su estrategia consiste en explotar la tierra, el trabajo y los recursos de los países objetivo, y de paso contener y debilitar a Rusia económica y militarmente.

Crimea y Rusia

Históricamente, la península de Crimea ha sido una parte importante de Rusia. En 1954 Crimea fue transferida de la República de Rusia a Ucrania, como unidad administrativa de la Unión Soviética, pero ambos eran parte de un país: la Unión Soviética. La transferencia administrativa de la Crimea tuvo poca importancia y significación geoestratégica hasta el derrocamiento contrarrevolucionario de la Unión Soviética en 1991. Fue en aquel momento cuando Ucrania y Crimea se convirtieron en un objetivo principal a absorber en el ámbito de influencia de los poderes de Estados Unidos y de la OTAN. Esto se convirtió en una gran amenaza para Rusia. Crimea fue la sede de la base naval soviética en el Mar Negro, y en 1991 se convirtió en la base naval rusa del Mar Negro.

Los gobiernos imperialistas del mundo se han unido para denunciar y condenar la decisión de la Federación de Rusia de enviar fuerzas militares a la península de Crimea como consecuencia del golpe semi-fascista que amenaza a millones de personas de etnia rusa que viven en Ucrania y amenaza con convertir a toda Ucrania en un terreno de batalla de la OTAN contra Rusia. Rusia niega que las fuerzas desplegadas en la península de Crimea sean las fuerzas especiales rusas, y sugiere que son las fuerzas de defensa locales rusas que trabajan en conjunto con el personal de seguridad establecido en Crimea. El gobernador de Crimea dice que se está coordinando en materia de seguridad con las tropas rusas en la base de Sebastopol.

La Rusia de hoy ya no tiene un gobierno socialista, ni opera de acuerdo a una economía socialista planificada basada en la propiedad de titularidad pública. La clase capitalista rusa tiene sus propios intereses económicos definidos y el gobierno ruso protege esos intereses.

Sin embargo, Rusia no es parte del pequeño club de países imperialistas, los antiguos colonizadores de Asia, África y América Latina, que siguen luchando para controlar el sistema financiero mundial, tienen una gran preponderancia de poder militar y político en los asuntos mundiales, e intervienen a su antojo en diferentes cambios de régimen.

De hecho, Rusia ha sido objeto de toda una campaña hostil por este club imperialista occidental porque funciona, debido a su tamaño y poder militar, como un obstáculo al control hegemónico completo por los imperialistas ;sobre las antiguas repúblicas soviéticas. También se presenta como un contrapeso militar, económico y diplomático en otras áreas críticas, especialmente en el Medio Oriente y Asia, sin mencionar su poder de veto en las Naciones Unidas.

Es totalmente comprensible que Rusia proyecte una demostración de fuerza en Crimea, no como un plan premeditado de agresión, sino como una contramedida defensiva a la rápida ofensiva del imperialismo occidental y la pandilla fascista pro-occidental que se apoderó del poder estatal en Ucrania.

La presencia militar pro rusa ha sido bien acogida por un gran número de personas en Ucrania, tanto en las regiones sur y del este del país, donde el gobierno de facto carece de legitimidad y es visto como un grave peligro. Civiles ucranianos en estas áreas han estado organizando sus propios grupos de seguridad para defender a los edificios gubernamentales y los monumentos antifascistas de ser atacado por los nacionalistas de ultraderecha. La presencia de las fuerzas militares pro rusas ha sido un alivio para muchos, que temen la escalada de las fuerzas fascistas.

Belicistas como John Kerry y John McCain condenan a Rusia por la “agresión”, que no es más que una acción defensiva para mitigar la ofensiva de la OTAN contra Ucrania y Rusia. Sin embargo, fueron estas mismas figuras y otras de su calaña, las que provocaron esta crisis. Trabajaron en estrecha colaboración con las fuerzas neo nazis más repugnantes en pos del derrocamiento de un gobierno democráticamente electo en un país más grande que existe en la frontera con Rusia. La hipocresía de su retórica es difícil de igualar: fueron los instigadores de los bombardeos masivos de Libia en 2011, las invasiones y ocupaciones de Irak y Afganistán y el bombardeo aéreo masivo de Yugoslavia en 1999. Sin embargo, a día de hoy fingen preocupación por la soberanía de Ucrania. Nadie debe caer en esta mentira.

Por su parte, para el imperialismo alemán este conflicto constituye el tercer intento de fagocitar por la fuerza a Ucrania en su esfera de influencia. El ejército alemán se anexó a Ucrania de Rusia en 1918. Ucrania sólo recuperó su soberanía cuando el esfuerzo de guerra alemán se derrumbó en 1918. Pero 23 años después, la Alemania nazi la invadió de nuevo. Veintisiete millones de ciudadanos soviéticos murieron, incluyendo los millones de Ucrania. Hitler y la clase dominante alemana querían que Ucrania se transformase en una colonia-sociedad de esclavos. A causa del heroísmo ruso, ucraniano y soviético, fueron frustrados los planes del imperialismo alemán. Pero el premio de la incorporación de Ucrania en una zona de superganancias para Alemania, Estados Unidos y otros banqueros imperialistas e industriales se ha mantenido como un objetivo constante.

Washington y sus aliados hasta el momento han amenazado a Rusia con “sanciones” y otros “costes”. Pero las sanciones económicas son, de hecho, la guerra. Existe un peligro muy real de que la crisis actual pueda derivar en una guerra militar, una guerra con consecuencias imprevisibles que desembocase en una intervención de la OTAN / Estados Unidos. El movimiento contra la guerra y todos los progresistas deberían oponerse a cualquier intervención de EE.UU. en Ucrania, negarse a participar en la distorsión y la campaña de propaganda de EE.UU. y la OTAN, y exigir el fin inmediato del apoyo de Estados Unidos y la UE a las fuerzas fascistas en Ucrania.

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