No se permiten Harveys aquí: “El acoso sexual es un problema de la clases obrera” Este artículo es la segunda parte de una serie sobre la lucha contra el acoso sexual en los hoteles, en las casas y en los campos de cosecha.

La campaña #MeToo ha expulsado a Harvey Weinstein y otros depredadores sexuales de los centros de trabajo. Pero muchos de estos mismo depredadores emplean a trabajadoras domésticos en sus hogares. ¿Como se puede proteger las trabajadoras en hogares privados?

“Linda” es una mujer en sus 50s que cuidaba a un hombre de 67 años en Nuevo México. Este cliente le había estado tocando de manera inapropiada sus senos y la parte baja de su espalda, sin desistir. Cuando Linda intentó reportarlo a su empleador – una agencia privada que contrata a trabajadores de servicios domésticos – su supervisor en la agencia también comenzó a acosarla sexualmente.

Su situación no es inusual. La queja numero uno de las niñeras es la de padres excesivamente atentos. El acoso sexual es endémico en la industria del trabajo en hogar ajeno. Para la mayoría de los trabajadores, son limitados los recursos disponibles para enfrentarlo. Pero Linda se puso en contacto con la Alianza Nacional de Trabajadores Domésticos, la cual sometió una queja de su parte con la Comisión de Igualdad de Oportunidades en el Empleo.

Organizaciones como la Alianza Nacional de Trabajadores Domésticos y la Asociación de Trabajadores Migrantes DAMAYAN luchan por los de derechos de 2 millones de amas de llaves, niñeras y enfermeras. Estos grupos buscan expandir los derechos para los trabajadores domésticos, crear liderazgo en la comunidad, y elevar la conciencia sobre los problemas que enfrentan los trabajadores domésticos, como el robo de salarios, el tráfico de personas y el abuso sexual y de otros tipos.

El abuso sexual y asalto son crímenes en los que el delincuente somete a la víctima al contacto sexual no deseado y ofensivo. Pero el estado se hace de vista gorda en cuanto a la victimización sexual de mujeres, hombres y personas de género no conforme. Aquellos que sufren el mayor riesgo de ser abusados son las personas más vulnerables social y económicamente que cuentan con pocos recursos para resistir.

Las trabajadoras domésticas son en su mayoría inmigrantes y mujeres de color que trabajan solas en el hogar de sus empleadores. Su vulnerabilidad al abuso se ve agravada por el hecho de que se les niegan la protección legal con la que cuentan muchos otros obreros.

El maltrato de los trabajadores domésticos tiene sus bases en la esclavitud

El acoso sexual a los trabajadores domésticos por parte de sus empleadores data a los años de la esclavitud. Además de no contar con libertades jurídicas ni de control sobre sus propias vidas, las mujeres esclavizadas, especialmente aquellas que trabajaban en los hogares, eran sometidas a violación y acoso sexual sin protección legal. Durante la era del New Deal, los trabajadores agrícolas y domésticos fueron excluidos de la mayoría de las protecciones garantizadas por el Acto de Estándares Laborales Justos y otras protecciones federales de empleo que abarcaban a la mayoría de los obreros en los EE.UU., entre ellas el salario mínimo, tiempo extra, días de licencia médica y vacaciones. Esta fue una concesión de los capitalistas del sur en un momento en que la mayoría de los trabajadores negros trabajaban de manera doméstica en el hogar o en los campos como agricultores.

A pesar de que a través de una ardua lucha estos trabajadores han ganado ciertos derechos, los obreros agrícolas y domésticos aún no están cubiertos por la Ley Nacional de Relaciones Laborales, están excluidos de los derechos de negociación colectiva, y siguen siendo el grupo de trabajadores con menor protección legal hasta la fecha.

El resultado ha sido que 23.4 por ciento de los trabajadores domésticos viven por debajo del umbral de pobreza y que la mayoría trabaja sin licencia por enfermedad pagada, tiempo para vacaciones ni seguro médico.

Los trabajadores domésticos ”sufren abusos desde el abuso verbal y explotación económica hasta el abuso físico y sexual y la servidumbre forzada”, según un reporte de uno grupo de organizaciones no-gubernamentales dirigiéndose al Comité de Derechos humanos de la ONU.

‘Me hacían trabajar hasta más no poder”

Mendoza explicó, “Trabajaba seis días a la semana, a veces más de 90 horas, y me pagaban $350.70 a la semana. La familia Koehlers me hacían trabajar hasta más no poder y después me despidieron por pedir días de licencia por enfermedad.”

Organizaciones como la Asociación de Trabajadores Migrantes Damayan en la Ciudad de Nueva York han sido importantes para los trabajadores domésticos inmigrantes. Damayan está luchando por los derechos de Sherlie Pachangas y Edith Mendoza, quienes aceptaron viajar desde las Filipinas hasta la Ciudad de Nueva York para trabajar en el hogar de Pit Koehler, un diplomático alemán, quien les prometió pagarles 10 dolares la hora por trabajar entre 35 y 40 horas a la semana. Pero al llegar, se esperaba que trabajaran 90 horas a la semana, bajo muy malas condiciones y por 4 dolares la hora.

Pahagas añadió, “Me engañaron para que pensara que podía ir a los Estados Unidos y obtener buenos ingresos para apoyar a mi familia, pero eran mentiras. … Los Koehlers me trataron como a una esclava”. Su situación no es inusual. Lo que sí es inusual es que, gracias al respaldo de Damayan, estas mujeres se sintieron lo suficientemente seguras como para hacer una denuncia. Pahagas y Mendoza están demandando que Koehler les pague sueldo no pagados, que se disculpe públicamente y que prometa que nunca volver a maltratar a sus empleados.

Declaración de Derechos del Trabajador Doméstico

Las organizaciones defensoras de los trabajadores domésticos buscan obtener derechos básicos como el salario mínimo, vacaciones, horario y responsabilidades laborales fijas, tiempo libre obligatorio y protección contra el abuso, incluyendo del acoso sexual. Luchan estado por estado para conseguir estas protecciones legislativas.

A la Alianza Nacional de Trabajadores Domésticos y a otros grupos les tomó años de organización para conseguir la aprobación de la primera Declaración de Derechos del Trabajador Doméstico el estado de Nueva York en el 2010. Hoy en día, son ocho los estados que cuentan con dichas protecciones: Oregón, Illinois, Nueva York, California, Nevada, Connecticut, Massachusetts. Varios de estos estados cuentan con protecciones contra el acoso sexual. La ANTD, que cuenta con 60 afiliados en 30 ciudades en el país, también realiza talleres de “conozca-sus-derechos” y ayuda a organizar a los trabajadores domésticos en sus comunidades. Mujeres Unidas y Activas, filial de ANTD en Oakland, cuenta con una línea directa de agresión sexual para que las trabajadoras del hogar denuncien los abusos.

A pesar de que este esfuerzo a nivel de estado es importante y demuestra avances significativos, es poco sistemático. Una declaración de derechos del trabajador doméstico a nivel federal ayudaría a garantizar que todas las trabajadoras domésticas en todo el país estén protegidas. Sin embargo, muchos coinciden con que es poco probable que esto suceda durante la administración de Trump. Además, una vez que sean aprobadas las leyes, habría que luchar para que sean aplicadas.

Traducido por Lennyel Pérez Irizarry