Guerrillera en la Guerra Civil Salvadoreña. Del Museo de la Palabra e Imagen en San Salvador

Traducido por Katie B.

“Pueblo:

Si hoy por hoy te desvisto

No plagies angustias,

Desnuda tu corazón

Y por tus venas

Bombea libertades”

— Leyla Patricia Quintana, apodada “Amada Libertad,” fue una guerrillera y poeta del Ejercito Revolucionario Popular de El Salvador. Murió en combate a la edad de 21. El anterior es un extracto del poema VII en su libro “Pueblo.”

Mi biografía de Facebook está inundada de simpatía, amor y llamados a la acción por las familias separadas en la frontera. Veo imágenes de niños en jaulas, niños llorando, a masas paradas en el desierto. También vi que “El Salvador” aparecía en casi todos los artículos al respecto.

Como activista y organizadora, siento una profunda empatía con la lucha de la gente trabajadora, pero el ver a mis paisanos salvadoreños enjaulados como animales me da rabia. Hay tanta confusión sobre El Salvador. Cuando era niña, todos asumían que era mexicana, y cuando descubrían que mi familia era de El Salvador, no tenían idea de que ese era un país, ni tampoco me asociaban con la MS-13.

Pero hay algo que no sabían.

Los salvadoreños son el quinto grupo más grande de inmigrantes en los EE. UU.y el segundo grupo latino más grande, superados sólo por los mexicanos. La Guerra Civil Salvadoreña y sus efectos duraderos han causado este desplazamiento masivo. Entre 1979 y 1992, el periodo de la guerra civil de El Salvador, alrededor de 25 por ciento de la población salvadoreña huyó o emigró.

Mi madre fue era una de esas personas, al igual que mis tíos, tías y primos quienes han sido desplazados por toda América. Mi madre estaba embarazada cuando cruzó la frontera méxico-estadounidense sin papeles. A pesar de que ya han pasado veintinueve años, casi nunca habla de sus viajes en los que tuvo que cruzar varias fronteras, o de fue su experiencia al ser detenida. Lo único que dice es que limpiaba el centro de internamiento fervorosamente porque quería demostrar su valor.

La derecha pinta a los inmigrantes como delincuentes, violadores y pandilleros con el fin de aterrorizar a los estadounidenses. Mi madre no es una delincuente. Mi tío no es un violador. Mis primos no son pandilleros. Lili, una joven hondureña con quien me crié, cruzó las fronteras de Guatemala, México y de los EE. UU. para reunirse con su madre en Nueva Jersey cuando tenía 12 años. Ella no es una terrorista. Entonces, ¿quiénes son los verdaderos terroristas? ¿Qué países han impedido el desarrollo de otros de manera deliberada para aumentar las ganancias, extraer recursos y mano de obra barata y mantener el control de los mercados?

El conocer y entender El Salvador es enfrentar a una historia de intervención militar por parte de los EE. UU. con el fin de mantener el dominio del imperio sobre América Latina.

La intervención de los EE. UU. en la guerra civil

La política exterior estadounidense durante los 1970’s fue caracterizada por intentos violentos de detener la expansión del socialismo en los países recién liberados del yugo del colonialismo en África y Asia. La Guerra Fría representaba una lucha de clases a una escala global, en la que el mundo estuvo dividido entre dos campos—los socialistas, dirigidos por la Unión Soviética, y los imperialistas, dirigidos por los Estados Unidos. En América Latina, surgieron movimientos populares que recibieron el respaldo militar y político de la Unión Soviética. Estos movimientos fueron enfrentados con la brutalidad y la violencia de la maquina militar estadounidense, la cual respaldaba a las dictaduras de derecha.

En El Salvador, el movimiento popular por el socialismo se expresó mediante una guerra civil. Por un lado estaba el grupo marxista-leninista llamado el Frente Farabundo Martí por la Liberación Nacional (FMLN), y por el otro estaba el gobierno militar de derecha. Los gobiernos nicaragüense, cubano y soviético respaldaron al FMLN, mientras que el gobierno estadounidense financió al gobierno salvadoreño con más de $4.5 mil millones durante el transcurso de una guerra de doce años.

Más de 75.000 salvadoreños fueron asesinados durante la guerra en un tiempo en el que la población total del país era de tan solo 5.4 millones de personas. Como punto de comparación, las fuerzas de seguridad asesinaron a 30.000 ciudadanos en Chile durante el gobernado de derecha de Augusto Pinochet. Como parte del acuerdo de paz que terminó la guerra civil en 1992, la Comisión de la Verdad para El Salvador de la ONU descubrió que las fuerzas gubernamentales, incluyendo los paramilitares, escuadrones de la muerte y unidades del ejército entrenados por los EE. UU., fueron responsables por más del 85 por ciento de los asesinatos, secuestros y torturas. Al igual que en Chile, entre los asesinados habían personas de izquierda, indígenas, maestros, estudiantes, el cleroy cualquiera que se declarara abiertamente contra la dictadura militar.

El Pentágono entrenó a los escuadrones de la muerte salvadoreños

Me crié escuchando historias sobre los escuadrones de la muerte. Fueron entrenados por las fuerzas militares estadounidenses en La Escuela de las Américas, Ft. Benning, GA, en donde el único objetivo era la capacitación de la contrainsurgencia anticomunista. Los entrenaron para quebrar los movimientos revolucionarios mediante asesinato, la tortura, la violacióny “desapariciones” permanentes.

Mi madre era una adolescente de unos 20 en aquel momento, y nos cuenta como sus amigos desaparecían de un día para otro. Un día vio a una chica muerta al lado de la calle con piedras metidas en su vagina. Mi padre describe reuniones clandestinas de personas de izquierda llamadas “reuniones de conciencia.” Eran clandestinas porque el identificarse abiertamente como alguien de izquierda representaba la muerte. Mi tía era una voluntaria estudiantil encargada de hallar registros de nacimientos de un pueblo cuyos habitantes habían sido masacrados. Por eso tuvo que huir.

Miles de personas tuvieron que huir de El Salvador por la guerra civil y la pobreza forzada. Esto no fue algo inevitable, fue porque el socialismo había sido derrotado como una alternativa para superar el colonialismo y el latifundismo, y para recuperar a los recursos naturales del país.

La MS-13 nació en Los Ángeles como consecuencia de las políticas estadounidenses

La administración Reagan se rehusó a reconocer a aquellos que huyeron como refugiados, y deportó a miles de Salvadoreños sin darles siquiera la posibilidad de solicitar su estado como refugiado. En lugar de eso, fueron acorralados en centros de internamiento en donde se les presionaba para acceder al “retorno voluntario.” Pero esto no detuvo el éxodo masivo.

Entre aquellos que huían eran jóvenes sin familias y sin grandes redes sociales. Eran huérfanos que se unieron para formar MS-13 en las calles de Los Ángeles, para crear comunidad y protección. Esta fue la base de la pandilla transnacional que conocemos hoy. No se puede descartar la violencia que comete la pandilla contra ciudadanos diariamente. Sin embargo, sus raíces están en los EE. UU., y en lo que se ha convertido MS-13 es el resultado de la intervención estadounidense en centroamérica y de la política migratoria estadounidense.

En el 2012, el gobierno salvadoreño, actualmente dirigido por el FMLN (el FMLN hoy en día se ha convertido en un frente unido de varias tendencias políticas de izquierda tras el fin de la guerra civil) y la MS-13 negociaron una tregua. Esto bajó el número de homicidios en El Salvador a su nivel más bajo, pero después el número siguió aumentando en el 2014.

En el 2016, el gobierno del FMLN adoptó una estrategia nueva de “disparar primero, hacer preguntas después” para controlar la presencia pandillera en El Salvador. Ese mismo año, la cifra del homicidio aumentó a 540 menores de edad salvadoreños, alrededor de 1.5 jóvenes al día. Esto obligó a una nueva generación de salvadoreños a huir a los Estados Unidos. Durante el año fiscal del 2016, la patrulla fronteriza estadounidense detuvo una cifra récord de 17.512 menores salvadoreños no-acompañados que estaban escapando los conflictos violentos entre las pandillas y el gobierno.

Tanto los demócratas y como los republicanos han contribuido al aparato de deportación actual

A partir de la administración Reagan, los demócratas y los republicanos se encargaron de crear el aparato de inmigración cruel que vemos hoy. En 1996, el presidente Bill Clinton firmó la Ley de la Reforma a la Inmigración Ilegal y de la Responsabilidad del Inmigrante (IIRIRA por sus siglas en inglés), facilitando que el gobierno deportara a personas condenada de ciertos crímenes, incluyendo delitos menores y delitos cometidos por residentes permanentes. El Grupo del Trabajo contra las Pandillas Violentas del Servicio de Inmigración y Naturalización (INS), creado en 1992, trabajó junto a las fuerzas de la policía locales para perseguir a pandilleros inmigrantes y deportarlos. En el 2005, ICE lanzó la Operación Escudo Comunitario para enfocar los esfuerzos de la policía sobre la MS-13. La retórica fuerte contra la delincuencia, los chivos expiatorios y la criminalización justificaron estas represiones que en realidad afectaban a todos los inmigrantes.

En los últimos días, personas de todos los orígenes y nacionalidades han elevado gritos de indignación para obligar a la administración Trump a abandonar la falsa crisis fronteriza. Digo “falsa” porque el gobierno ha estado enjuiciando como delincuentes a los solicitantes de asilo que han intentado entrar por los puntos designados. Ahora, en lugar de separar a las familias, serán encarceladas juntas. Esta representa una victoria mínima. El objetivo verdadero es acabar con todas las deportaciones y exigir derechos plenos para todos los inmigrantes.

Se necesita un movimiento independiente

Desde luego, las familias deberían ser reunidas, ¿pero que más necesitan? Necesitan oportunidades—oportunidades que la explotación neoliberal de Wall Street y la intervención contrarrevolucionaria del Pentágono les han robado. Es nuestra obligación contar su historia para que todos entiendan quién es el verdadero enemigo.

No podemos dejar que los demócratas y los republicanos sigan con su agenda contra la inmigración. En el mejor de los casos, sostendrán que están a favor de centros de internamiento “humanos,” “solo” la deportación o intervenciones militares “ligeras,” cuando la realidad es que no existen tales cosas. Nosotros, la gente trabajadora y pobre, debemos definir nuestras propias necesidades y demandas de manera independiente. Está en nosotros el seguir luchando por los derechos plenos para todos los inmigrantes y por el fin a todas las deportaciones.

Llevo conmigo las historias de mis familiares. Las lecciones de sus luchas no son las de los revolucionarios famosos, sino de la gente cotidiana que ha tomado acción para luchar contra la injusticia. Esto es lo que cambia el curso de la historia.