El autor es el
candidato a la vicepresidencia del Partido Socialismo y Liberación.

Cualquiera que haya
formado parte del movimiento Ocupy Wall Street sabe que muchos de los
participantes son jóvenes que continúan en la universidad o
simplemente acaban de terminarla. Estos “desarraigados”,
como se les etiqueta a menudo, ven a sus compañeros o se encuentran
a sí mismos en la verdad que se esconde tras el mito que se les
vendió en la escuela secundaria. “Ve a la universidad y
serás capaz de conseguir el trabajo que te gusta,” es algo que
los adultos les dijeron a lo largo de sus vidas. “No se
trata únicamente de un medio para pagar tus facturas”, les
repetían.

Mucho se ha escrito sobre los efectos sofocantes y
restrictivos de los préstamos estudiantiles masivos que los
universitarios contratan, pero esto por sí solo no puede explicar la
desilusión que muchos recién adultos sienten al entrar en el
mercado de trabajo, al darse cuenta de que, a pesar de poseer un
título universitario, todavía no pueden alcanzar sus metas.

Un
informe publicado por el Bureau of Labor Statistics arroja más luz
sobre el malestar de estos jóvenes trabajadores. Si nos fijamos
en las cifras proporcionadas por el BLS es fácil concluir que el
capitalismo no sólo es incapaz de proveer suficientes puestos de
trabajo para todos los que aspiran a tenerlos, sino que además
aquellos que tienen la suerte de encontrar un empleo se encuentran
estancados en trabajos que están por debajo (en ocasiones muy
por debajo) de su nivel académico.

Según el BLS, un total de
17 millones de adultos con educación universitaria en los EE.UU.
tienen empleos que no requieren de su nivel de educación. Hay
más de 80.000 conductores de camiones con por lo menos una
licenciatura. Unos 317.000 camareros y camareras se han graduado
tras un periodo académico de cuatro años y más de 5.000
trabajadores de limpieza tienen un doctorado. ¡Se podría decir
que los EE.UU. tienen los camareros, trabajadores de la construcción,
conserjes y
asistentes de estacionamiento más educados del mundo!

Las
estadísticas ilustran la naturaleza derrochadora del sistema
capitalista

Sin embargo, estas estadísticas no son algo con
lo que bromear. Si bien el hecho de ser un portero o una
camarera no es vergonzoso de ninguna manera, las cifras ilustran la
naturaleza derrochadora del capitalismo. Detrás de estas
estadísticas hay seres humanos que sienten que no sólo podrían
realizarse mucho más a nivel personal, sino que además podrían
contribuir mucho mejor a la sociedad. Gracias a la anarquía del
capitalismo, el conocimiento de millones de trabajadores se
desperdicia , engrosando las filas del ejército de asalariados de
bajos ingresos que proporciona beneficios estables a la clase
capitalista.

Durante este año electoral escucharemos a un
sinnúmero de políticos exhortando a invertir en educación para
enviar a más jóvenes a la universidad y más allá. Ahora, nunca
escucharás a alguien en un barrio pobre declarando que no quiere más
educación. Sin embargo, los hechos demuestran que el sacrificio
personal de la población para acceder a la educación puede ser
inútil e incapaz de ofrecer un mínimo de “rentabilidad sobre
la inversión” hecha. Sin un sistema económico capaz de
utilizar el potencial humano de toda la clase obrera, muchos de
nuestros potenciales científicos y arquitectos sin duda se
hundirán en las aguas de los bajos salarios.

La única razón
por la que se pueden demandar empleos en un sistema capitalista es la
siguiente: Una persona (el propietario / empleador) considera que es
rentable contratar a alguien. No importa que los bancos amasen
más efectivo que nunca (8,9 billones de dólares, según The New
York Times), los capitalistas no va a invertir esos miles de millones
de dólares hasta que crean que puedan ser devueltos a un ritmo
constante de beneficios para ellos.

No importa quién sea
elegido para presidir la Casa Blanca, en el marco del sistema
económico actual no podemos obligar a los capitalistas a contratar
trabajadores con educación universitaria, ya que de esta forma
violaríamos sus “derechos de propiedad.” Después de todo,
dicen, es su dinero. Debido a esta dictadura económica,
donde los ricos deciden quién tiene un trabajo y quién no, todo lo
que los políticos capitalistas parecen hacer para abordar el
problema del desempleo actual es dar más y más concesiones a los
capitalistas para que se sientan “más seguros” contratando
trabajadores .

¡Lo que necesitamos es socialismo!

Los
socialistas exigimos una sociedad donde nuestros recursos humanos se
utilicen eficientemente para hacer frente a las enormes necesidades
de nuestras comunidades. No es “utópico” o
“extremista” exigir una sociedad que empiece a dejar atrás
el trabajo embrutecedor y agotador asociado con las industrias de
semi-cualificados. Bajo el socialismo debemos usar nuestros
títulos universitarios para conseguir la maquinaria y las
tecnologías nos liberen de tareas rutinarias y que podamos empezar a
dar el siguiente paso histórico, hacia una era más confortable,
avanzada y productiva en la que un buen trabajo sea un derecho y no
un lujo.

No podemos vivir por mucho más tiempo bajo la
tiranía de la clase dominante que se niegan a librarnos de la
creciente lacra del desempleo y el empobrecimiento. Por eso, en
nuestra campaña declaramos: “¡Tomemos los bancos!”
Pongamos la riqueza de la sociedad bajo control público y al
servicio de la gente pobre y trabajadora. Entonces y sólo
entonces seremos capaces de detener el creciente empobrecimiento de
la clase trabajadora, y al hacerlo podremos poner muchos de esos
bedeles con doctorados a trabajar en la limpieza de nuestra sociedad
en lugar de en la de nuestros suelos. ¡Vota PSL!