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El Colegio Electoral: protegiendo a los ricos de la democracia desde 1787

Algunas personas aclaman el reciente fallo de la Corte Suprema sobre los llamados “electores infieles” como una victoria para la democracia. Sin embargo, debemos ser muy conscientes de que el Colegio Electoral es en realidad un cortafuegos contra la democracia.

El caso reciente se produjo en el estado de Washington en 2016, cuando cuatro electores fueron multados con mil dólares cada uno por negarse a votar por Hillary Clinton, quien había ganado el voto popular del estado. Los cuatro electores votaron por Colin Powell en lugar de Hillary Clinton en un último intento desesperado por lograr que los electores republicanos no votaran por Donald Trump. El estado de Washington luego les multó con mil dólares bajo una nueva ley estatal que requiere que los electores acaten el voto popular.

El objetivo de la demanda no era escapar de la multa de mil dólares. El alcance era mayor. Los demandantes esperaban resolver una pregunta de 230 años atrás: ¿Los electores son independientes o puede un estado obligarlos a seguir el voto popular de su estado? El resultado deseado era que el tribunal dictaminara que los electores podían votar con su conciencia, poniendo en cuestión toda la validez del Colegio Electoral. Otro resultado que habían declarado desear era que la conversación creada alrededor de tal decisión condujera a “un levantamiento popular para cambiar la Constitución, deshacerse del Colegio Electoral y adoptar el voto popular nacional.” (Seattle Times)

La historia del Colegio Electoral comienza con la historia de los Estados Unidos, o el “experimento americano.” En la revolución burguesa que sacudió el yugo del dominio británico, los colonos se propusieron formar un nuevo tipo de estado sin monarca.

Originalmente, imaginaron una “liga de amistad” entre las 13 colonias y así formaron los Artículos de Confederación que crearon un gobierno central débil. Sin embargo, pronto surgirían los antagonismos de clase de la población agraria contra los gobiernos estatales dominados por las clases mercantiles del norte. Un claro ejemplo fue la crisis de deuda que ocurrió en Massachusetts, que llevaría a una rebelión abierta.

La rebelión de Shay reveló algunos de los defectos de los Artículos de la Confederación. La nueva burguesía estadounidense buscó remediar estos defectos y aprovechar lo que veían como la “pizarra en blanco” del continente norteamericano. La élite terrateniente, capitalista y esclavista se reunió en 1787 para debatir una nueva forma de gobierno; una que protegería sus intereses de clase dominante.

Gran parte de la fundación de la República Federal fue establecida por Alexander Hamilton, James Madison y John Jay en los Papeles Federalistas, una colección de 85 ensayos con el tema central de impedir la democracia directa, impedir un gobierno por la mayoría y defender una república comercial (una república con el principal deber de proteger el comercio y la propiedad).

El resultado final fue un sistema de gobierno diseñado para reprimir e impedir la democracia. La Constitución especificaba exactamente quién podía votar (hombres blancos con propiedades), exactamente cómo se seleccionaba a las personas para varios cargos y cómo se determinaría la representación.

La Constitución presentó el Compromiso de las Tres Quintas, notoriamente racista, que otorgaba una representación injusta a la élite terrateniente blanca en los estados propietarios de esclavos del Sur al contar a los esclavos como ⅗ de una persona con el fin de determinar la representación en el Congreso.

“El voto popular se ofreció primero solamente a quienes tenían propiedad. Incluso cuando se fueron eliminando gradualmente los términos de propiedad, las personas negras y las mujeres quedaron totalmente excluidos. Las elecciones populares solo estaban disponibles para la Cámara de Representantes; Los senadores estadounidenses eran seleccionados por los políticos principales de cada estado, mientras que el presidente fue seleccionado por un colegio electoral de élite.” (Eugene Puryear, Revolution Manifesto)

El Colegio Electoral fue extraído de los Papeles Federalistas (N⁰ 10, por James Madison, y N⁰ 68 por Alexander Hamilton), un garrote contra el voto popular. Fue una forma de divorciar la selección del cargo más alto del país de la voluntad de la mayoría de los votantes. De hecho, ya ha pasado cinco veces en la historia de Estados Unidos: en la elección presidencial de 1824, la elección presidencial de 1876, la elección presidencial de 1888, en la elección presidencial de 2000 y, más recientemente, en la elección presidencial de 2016.

La intención antidemocrática del Colegio Electoral puede inferirse del lenguaje de Madison y Hamilton en los Papeles Federalistas:

“Por lo tanto, las democracias han sido siempre espectáculos de turbulencia y contención; han sido siempre encontradas incompatibles con la seguridad personal o los derechos de propiedad; y en general han sido tan breves en sus vidas como violentas en sus muertes.” (James Madison, Federalista N⁰ 10)

“Era deseable que el sentido del pueblo operará en la elección de la persona a quien se debía confiar un cargo tan importante… a hombres elegidos por el pueblo para el propósito especial…. Era igualmente deseable que la elección inmediata la hicieran hombres más capaces de analizar las cualidades adaptadas a la estación… Un pequeño número de personas…” (Alexander Hamilton, Federalista N⁰ 68)

Imagen: El Colegio Popular da favor a los estados con poblaciones más pequeñas.

Hoy en día, algunas personas pretenden que el Colegio Electoral impide que los candidatos presidenciales hagan campaña únicamente en áreas densamente pobladas. Por otro lado, esto resulta en hacer campaña excesiva en los llamados “Estados de campo de batalla” debido al método del Colegio Electoral, de que el ganador se lleva todo: solo el 51 por ciento de los votos en un estado es necesario para el 100% de los votos del Colegio Electoral. Esto conduce a la “matemática del colegio electoral” en la que un candidato puede ganar el voto popular pero perder la elección.

El Colegio Electoral no es el único ni el mayor obstáculo para la verdadera democracia en los Estados Unidos. Los Estados Unidos es una plutocracia, en la que las corporaciones son personas con derecho a la libertad de expresión y religión. Las corporaciones son libres para contaminar el aire, el agua y la tierra del planeta y promover el cambio climático con el uso de combustibles fósiles insostenibles. Mientras tanto, las personas negras ni siquiera pueden sentirse seguros para caminar, correr o incluso dormir sin enfrentarse al terror policial racista, y un número cada vez mayor de personas viven en la pobreza o cerca de ella y sin hogar al mismo tiempo que los ricos se enriquecen aún más. Un gobierno que fuera verdaderamente “de, por y para el pueblo” abordaría estas y otras crisis fundamentales de la sociedad.

El Colegio Electoral está diseñado para proteger al gobierno de los Estados Unidos de la influencia excesiva de la “turba rebelde.” Es inherentemente una institución antidemocrática. Con la nueva decisión de la Corte Suprema que obliga a los electores a votar de acuerdo con el voto popular de su estado, el Colegio Electoral no es más que una formalidad. Esto nos lleva a la pregunta: ¿Por qué tenerlo?

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