El 26 de febrero, George Zimmerman persiguió Trayvon Martín, un adolescente negro desarmado, se enfrentó a él, y luego lo asesinó a sangre fría. Según un testigo, Martín rogó por su vida antes de Zimmerman le disparara dando un golpe definitivo.

Hasta la redacción de este artículo, el asesino de Trayvon Martín, George Zimmerman, está aun libre y no ha sido acusado de ningún delito. Zimmerman absurdamente afirmó que estaba actuando en defensa propia, y el Departamento de Policía racista de Sanford, Florida, citando la ley “Defiéndete a ti mismo”, le ha creído su palabra.

Mientras que mucha discusión se ha dedicado a los detalles de la ley “Defiéndete a ti mismo”, pocos han acusado formalmente al sistema de justicia de EE.UU. por su aplicación selectiva de los principios de autodefensa. Una y otra vez, los derechos de las autodefensas se han invocado para proteger a la violencia racista, mientras que esos mismos derechos se han negado sistemáticamente a las comunidades oprimidas.

Si Zimmerman se sale con la suya – y en el PSL creemos que si luchamos con determinación suficiente esto no sucederá, no  sería la primera vez que una declaración de la legítima defensa haya sido utilizada para justificar el asesinato de los hombres negros.

Linchamientos racistas y “vigilancia”

Según algunas estimaciones, cerca de 3.500 negros fueron linchados espantosamente entre 1882 y 1968. En casi todos los casos, las víctimas fueron acusadas de asesinato, intento de asesinato o violación, la mafia se consideraba a sí misma la “defensora” de la comunidad blanca. Esta justificación fue ratificada en los más altos niveles del gobierno. Más de 200 proyectos de ley anti-linchamiento se presentaron ante el Congreso durante este período, pero, siendo que los debates describieron a los hombres negros como peligrosos violadores y asesinos, ni un sólo proyecto pasó. Cuando se discutió el proyecto de ley Dyer contra el linchamiento en el Congreso en 1921, el líder del Senado de la minoría llamó a este “proyecto de ley para fomentar la violación”.

El 22 de diciembre de 1984, Bernhard Goetz disparó a cuatro hombres negros jóvenes con una pistola sin licencia mientras viajaba en el metro de Nueva York. El brutal ataque fue provocado por dos de los hombres jóvenes que dijeron a Goetz, “Dame cinco dólares”. Tres de ellos cayeron en la ráfaga inicial de fuego, y el cuarto fue asesinado segundos más tarde, como Goetz dijo: “Usted parece estar bien, aquí le va otro.”

El caso provocó controversia similar al del asesinato de Martín Trayvon, así mismo surgieron activistas de derechos civiles exigiendo justicia para los cuatro jóvenes y una variedad de fuerzas de derecha se alinean detrás de Goetz, quien argumentó que estaba actuando en defensa propia, y que él tenía un temor razonable. Al final, Goetz fue declarado no culpable de todos los cargos excepto uno relacionado con su pistola no registrada.

Cuando la policía asesina a jóvenes negros y latinos, la primera explicación que dan es que temían por sus vidas. En el caso de Amadou Diallo, dijo que su cartera se parecía a un arma de fuego. Con Sean Bell, se dijo que estaba tratando de atropellar a la policía con su coche. Ramarley Graham, murió el mes pasado en el Bronx, la policía estaba alegando que tenía una pistola, a pesar de que él estaba desarmado.

En cada caso, vemos que la “defensa propia” o el “miedo” de su propia seguridad ha sido utilizado varias veces para justificar el asesinato racista.

La autodefensa de los oprimidos

Por supuesto, hay una larga historia de la verdadera auto-defensa por los trabajadores y los sectores oprimidos, especialmente dedicadas a la lucha. En la década de 1950, la NAACP del Condado de Monroe, bajo la dirección de Robert Williams, organizó la exitosa defensa armada de la comunidad  negra contra el terror del Ku Klux Klan. Los Diáconos para la Defensa promovieron manifestaciones de masas que ayudó a inspirar el movimiento del Poder Negro.

Incluso los líderes que apoyaron la no-violencia como estrategia y  filosofía, entendían la importancia de la autodefensa armada. Después de que su casa fue bombardeada en 1956, Martín Luther King Jr. solicitó una licencia para portar un arma oculta. Su asesor Glenn Smiley llamaba a la casa de King “un arsenal”.

En estas ocasiones de “defensa propia”, la clase gobernante canta una melodía diferente. En respuesta a la propuesta del Partido Panteras Negras para organizar patrullas armadas en defensa a los barrios oprimidos de Oakland de la policía, la legislatura de California aprobó una de las primeras leyes modernas de control de armas. Cuando milicias de extrema derecha o los propietarios blancos de clase media, poseen armas de fuego, se los llaman defensores de la Segunda Enmienda  sobre el “derecho a portar armas.” Cuando las organizaciones de izquierda o las organizaciones de los oprimidos, ejercitan esos mismos derechos, son presentados como imprudentes y criminales violentos.

Si bien el problema de la violencia armada no debe ser disminuido, las leyes de control de armas operan bajo una doble moral extrema y están dirigidas a privar a las personas oprimidas de su derecho a la legítima defensa. Las áreas urbanas negras y latinas, rodeadas por la policía hostil y bien armada, bien se quedan indefensas o (si está armada) se criminaliza.

La revolución: un acto de legítima defensa

George Zimmerman no estaba actuando con la defensa legítima cuando asesinó a Trayvon Martín. Él era un agresor que lo persiguió y lo disparó por odio racista. Si Martín efectivamente agredió a Zimmerman, esto debió haber sido defendido como un acto de defensa legítima.

Podemos llevar esto un paso más allá. El capitalismo es un sistema que se basa en una ideología racista, y sigue fabricando chivos expiatorios, creando sobreexplotación, y demonizando a los sectores oprimidos de la clase obrera. Esto lleva directamente a situaciones como el asesinato de Martín Trayvon, que está lejos de ser un incidente aislado. A medida que luchamos para llevar al asesino ante la justicia, debemos hacernos esta pregunta ¿Qué puede detener la tendencia de asesinato racista?

El Partido Socialismo y Liberación cree en la revolución para crear un gobierno dirigido por la gente pobre y trabajadora que directamente se pueda eliminar las raíces del racismo, deshacer siglos de adoctrinamiento racista, y crear una nueva fuerza de policía que sirva a los intereses del pueblo, en lugar que el uno por ciento. Se nos enseña a temer a la revolución debido a sus consecuencias violentas, de hecho, mediante la eliminación de un sistema que se nutre de la violencia cotidiana, la revolución representa nuestro último acto de defensa propia.