El ejército, el
FBI, la CIA, la policía, la
patrulla fronteriza, los tribunales y las prisiones —el poder armado del
estado— son esenciales para el dominio y la riqueza del 1%, la clase
capitalista. Sostener y expandir a las fuerzas armadas es causa fundamental por
la que no hay dinero destinado para satisfacer las necesidades básicas del
pueblo de los Estados Unidos. Este año, el presupuesto militar será más de
$1.300.000.000.000. Sólo la guerra en Afganistán cuesta $330 millones cada día.
Puesto de otra manera, ¡un día de esa guerra equivale al salario anual de más
de 6.000 maestros! Y la guerra en Afganistán representa sólo la décima parte
del presupuesto militar estadounidense.

Hoy hay más de
750 bases militares estadounidenses en más de 130 países. Las tropas
estadounidenses están librando guerras en Afganistán, Irak, Pakistán, Somalia y
Yemen, y amenazan a otros países como Irán, Cuba, Venezuela, y Corea del Norte.
Los EE.UU. envía $3 mil millones anualmente a Israel para apoyar su ocupación
de Palestina.

¿Por qué? Debemos
creer que estas guerras y bases están “defendiendo la democracia” o protegiéndo
al pueblo norteamericano. Pero el presupuesto militar es mayor que los
presupuestos de todos los países del mundo juntos. Ningún otro país está
pensando en agredir a los EE.UU. —seria un suicidio.

La dominación
global y las ganancias son las verdaderas razones de estos gastos masivos y
despliegues en todos los continentes. Nosotros pagamos por estas guerras y los
gastos del Pentágono, con sangre e impuestos. Para los bancos, las petroleras y
las empresas armamentistas  las guerras
son otra fuente de enormes ganancias.

El ejército
estadounidense y la CIA han sido
el martillo de la contrarrevolución desde Vietnam a Angola, de Irán a
Centroamérica, de Chile al Congo, y en muchos otros países. Pero no se trata
solamente de otros países.

El ejército, el
FBI y la policía han lanzado innumerables ataques contra los sindicatos, las
organizaciones basadas en comunidades oprimidas y otros movimientos
progresistas. El Ejército y la Guardia Nacional se usaron para reprimir
rebeliones populares en comunidades afroamericanas y trabajadores.

La debilidad fundamental de la maquinaria bélica
es que la gran mayoría de los efectivos de las fuerzas armadas son parte del
99%. Al igual que la guerra de Vietnam, muchos de los que han sido enviados a
Afganistán e Irak se han dado cuenta de que no tienen interés alguno en pelear,
matar y morir para que los ricos se enriquezcan aún más.