Traducido por Keiti Rubio

(El siguiente reporte fue publicado originalmente por el Congreso Popular de Resistencia)

El 16 y 17 de septiembre, el movimiento del Congreso Popular de Resistencia fue inaugurado con una reunión masiva de organizadores comunes y luchadores de primera línea en la Universidad de Howard. En total, 727 delegados de 38 estados y 160 pueblos y ciudades acudieron a Washington D.C., para discutir el Manifiesto del Congreso “Sociedad para la Mayoría: Una Visión para Revolución”, para compartir experiencias de organización comunitaria que llevar a casa, para expresar solidaridad los unos con los otros y para decidir sobre proyectos y acciones que tomar conjuntamente en el futuro.

El Congreso fue introducido por Yasmina Mrabet, organizadora para viviendas de ONE DC, y Peta Lindsay, maestra en Los Ángeles y ex-líder estudiantil de la Universidad de Howard, quienes le dieron la bienvenida a los asistentes. Lindsay explico que el propio colegio es producto de la lucha por la educación de la comunidad afroamericana en la época de Reconstrucción, y que generación tras generación, 150 años después, ha seguido produciendo luchadores por la libertad. Dos organizadores estudiantiles de una escuela secundaria en California, uno de los cuales es receptor de DACA, proclamaron que no temían de la administración Trump, y que habían venido a Washington para profundizar en su compromiso al movimiento y para formar conexiones con activistas de todo el país.

El Congreso Popular de Resistencia comenzó con comentarios breves de algunos de los convocantes que identificaron objetivos estratégicos para el fin de semana, incluyendo a Jodi Dean, Jared Ball, Margaret Flowers, Mara Verheyden-Hilliard, Mahdi Bray, Eugene Puryear, Neal Sweeney, Gloria La Riva y Juan José Gutiérrez, como también de Linda Oalican de Nueva York y Lucy Felix de la región Valle Rio Grande, líderes de la lucha por los derechos de los inmigrantes.

En el siguiente plenario de apertura, Dominic Moulden de ONE DC demostró el contraste profundo entre el Congreso Popular de Resistencia y el Consejo de D.C. y el Congreso estadounidense, el cual no incluye ninguna persona pobre ni trabajadora. Karina García del Centro de Justicia en El Barrio explico el papel fundamental del Manifiesto como un documento unificador que cruza los diversos movimientos sociales. Brian Becker, director nacional de la Coalición ANSWER, resumió cómo el Partido Demócrata es capaz de apropiarse de cualquier movimiento progresista de base a menos que articule una clara visión revolucionaria, una definición de revolución política, social y económica sin equivocación.

A continuación el Congreso se dividió en talleres sobre el tema de “tácticas de resistencia” – el desarrollo de un nuevo centro mediático, la defensa colectiva de las comunidades inmigrantes, la construcción de centros radicales de la comunidad como infraestructura del movimiento, varias técnicas de la ayuda mutua, además de un taller sobre cómo integrar las políticas revolucionarias dentro de la organización comunitaria de base. Se llevaron a cabo discusiones especializadas sobre el encarcelamiento masivo y sobre los prisioneros políticos, al igual que una sesión sobre cómo organizar en los pueblos pequeños y rurales.

Por la tarde, la sesión sobre el tema de “Solidaridad Aquí y en el Extranjero” hizo que la audiencia se levantara repetidamente en ovación, mientras que líderes de los movimientos para los derechos de las mujeres, las personas LGBTQ, los inmigrantes y la libertad de los afroamericanos y los latinos hablaron convincentemente
sobre la necesidad de una resistencia firme que sea capaz de perseverar y de crecer a largo plazo. Después de que familiares de víctimas de la brutalidad policiaca de ciudades en todo el país compartieran sus historias, el Congreso aprobó su primera resolución: la de darles, tanto a ellos como a otras familias en el país, el apoyo total en sus campañas por la justicia.

El Congreso también escuchó a la invitada especial Jang Jinsook, Directora de Política y Planificación del Nuevo Partido Popular en Corea del Sur, un nuevo partido progresivo actualmente en formación que aspira a completar la “revolución de luz de vela” del año pasado que depuso al presidente anterior. Jinsook solicitó solidaridad para los esfuerzos del pueblo coreano de reunir el país de manera pacífica y apeló al pueblo estadounidense el ayudar a detener las amenazas militares de Trump contra el Norte.

Carlos Ron, el más alto diplomático venezolano en los Estados Unidos, agradeció al Congreso por su solidaridad con la Revolución Bolivariana y expresó que “esta es la primera vez que sentí esperanza en Washington.”

Varios talleres del domingo profundizaron sobre las tácticas y las perspectivas estratégicas de los movimientos por la atención médica universal, de la resistencia a la deuda y contra el aburguesamiento, mientras que otro se enfocó en cómo pueden los individuos y grupos difundir y discutir el Manifiesto del Congreso al volver a casa.

Hubo otro taller que comenzó con la historia de las relaciones entre los EE. UU. y Corea como preparación para aquellos con interés de organizar acciones de “No A Una Nueva Guerra Con Corea” en las próximas semanas. (Solo dos días después, Trump amenazó con “destruir totalmente” a la República Popular Democrática de Corea durante su discurso a las Naciones Unidas).

En la sesión final del evento de dos días, el Congreso abrió una audiencia para resoluciones orientadas a la acción. Estas incluyeron resoluciones de terminar la guerra contra los afroamericanos; para la independencia de Puerto Rico y en apoyo de una manifestación en las Naciones Unidas el 19 de septiembre; contra el gobierno golpista en Brasil y para liberar a los prisioneros políticos, incluyendo a Leonard Peltier, Ana Belen Montes, Mutulu Shakur, entre otros.

Otras resoluciones expresaron solidaridad con campañas actuales de ayudar a trabajadores domésticos filipinos a escapar el tráfico laboral; por la justicia para Keenan King y Anthony Holmes-Garriques, asesinados por un vigilante racista en Long Island; por la liquidación por parte de la Universidad de George Washington de empresas que sacan partido de la ocupación israelí; por la liquidación por parte de las ciudades, las iglesias y los fondos de pensión de las inversiones en la máquina de guerra; en contra el desplazamiento de los residentes de Brookland Manor en Washington, D.C.; en contra las propuestas de recalificación racistas en Nueva York; de respaldar la conferencia próxima “la Guerra y el Medio Ambiente”; en apoyo las acciones antiguerra que protestan los 16 años de guerra contra Afganistán; en contra del bloqueo de Cuba y a favor de asistencia humanitaria a Cuba tras el paso de los huracanes; y en unidad con Semana de Acción en curso en solidaridad con las Filipinas en contra de la ley marcial.

Los activistas de base también recibieron apoyo por resoluciones sometidas en solidaridad con la campaña de Espacios Seguros de Consumo en el estado de Washington para lidiar con la epidemia de adicción a los opios; con la gente Nativa en su lucha contra el proyecto de almacenamiento de deshechos nucleares en Yucca Mountain, Nevada; con grupos comunitarios en Rochester luchando por una comisión revisora de la policía con verdadero poder citatorio y con poder de contratación y de despido; y con los organizadores en Massachusetts luchando para asegurar el agua potable en la prisión Norfolk.

Todas las acciones respaldadas por el Congreso de Resistencia serán amplificadas, apoyadas y difundidas a través de sus plataformas mediáticas a nivel nacional, y los activistas en diversas ciudades son instados a llevar a cabo eventos de solidaridad simultáneos para fortalecer los enlaces de esta red creciente.

Las organizaciones convocadoras del Congreso de Resistencia se comprometieron a 1) una campaña masiva educacional para difundir el Manifiesto; 2) el desarrollo de un centro mediático, utilizando los emocionantes esfuerzos dinámicos ya comenzados de creación mediática; 3) de llevar a cabo reuniones de informe del evento inaugural que podrían servir como punto de partida para eventos locales y regionales continuos; 4) un proceso para agregar nuevos grupos al Comité de Convocadores; y 5) la publicación de resoluciones, fotos y video del evento inaugural.

Más tarde, los asistentes marcharon hacia la Casa Blanca en una poderosa y militante demostración de unidad bajo la consigna: “Luchemos contra el imperialismo — Abajo al estado guerrerista.” Enfocándose en la conexión entre las guerras en el exterior y las “guerras domésticas,” los oradores declararon en particular su oposición a una nueva guerra destructiva contra Corea, y contra cualquier intento de cambio de régimen en Venezuela.

Organizadores de clase obrera recaudaron fondos durante todo el verano para acudir desde estados de cada región del país. Muchos de los asistentes viajaron grandes distancias en caravanas que partieron desde el sur de la Florida, Texas y Chicago. A pesar del desgaste físico del viajar, de días largos en el Congreso, de falta de sueño, seguido de una marcha de varios kilómetros a la Casa Blanca, muchos expresaron sentimientos de júbilo por el encontrarse rodeados por muchos quienes comparten la misma pasión por la justicia, quienes enfrentan retos en común en sus esfuerzos como organizadores, y quienes se comprometen a luchar por un nuevo mundo.