La noche del 24 de julio, los puertorriqueños que habían estado protestando durante horas en San Juan comenzaron a cantar un victorioso “Olé Olé Olé” al celebrar la renuncia de Ricardo Rosselló, una victoria para el pueblo y ganada por el pueblo. Ricardo Rosselló anunció a través de Facebook Live que renunciaría a su cargo como gobernador de Puerto Rico a partir del 2 de agosto, un cambio notable para un gobernador que pocos días antes había insistido en que nunca renunciaría. La tenacidad y la unidad del pueblo puertorriqueño, frente a una represión considerable, hicieron que el gobernador se comiera sus propias palabras.

La lucha masiva del pueblo puertorriqueño expuso no solo a Rosselló, sino que cuestionó cada vez más el establishment político puertorriqueño en su conjunto y la dinámica colonial en la que se basa su autoridad. No es de extrañar entonces que tantos dentro de ese establishment, incluido su propio partido, le abandonaran. Pero no se puede volver a meter al genio en su lámpara. Después de haber echado a Rosselló, la gente no se irá simplemente a casa, sino que volverá su mirada hacia la junta antidemocrática —bancos que controlan las finanzas y el presupuesto de la isla— y, en última instancia, también surge la cuestión sobre la independencia de Puerto Rico. Esta victoria llega justo antes del 67º aniversario del día en que Puerto Rico se convirtió en un “estado libre asociado” de los Estados Unidos.

Un manifestante dijo al Washington Post: “Somos la generación que no se rinde, y seguiremos avanzando, y echaremos a todos los corruptos que creen que no pueden ser echados. Esto es simplemente el comienzo de una nueva era”.

Hace solo unos días, más de medio millón de personas inundaron las calles de la Autopista Las Américas en San Juan en una huelga nacional que exigía la renuncia de Ricardo Rosselló. La huelga, que se convocó el 19 de julio, se produjo después de que Rosselló emitiera un comunicado a través de Facebook Live el domingo, donde renunciaba a su cargo como presidente de su partido político, y anunciaba que no buscaría la reelección (aunque se negó a renunciar como gobernador). Rosselló declaró que enfrentaría el proceso de juicio político iniciado por la Asamblea Legislativa.

Claramente, Rosselló esperaba que sus promesas pusieran fin a las protestas, pero el resultado fue inverso y las enfureció aún más. La hipocresía de las palabras de Rosselló que prometen “verdad” y “responsabilidad” reflejan la farsa que ha representado su gobierno. El pueblo puertorriqueño ha dicho basta.

Laura Rodríguez, una maestra de Caguas que asistió a la huelga nacional, dijo al LA Times: “Nos ha faltado al respeto”, dijo. “Pero el pueblo, la gente a la que ha abandonado, seguiremos llenando las calles hasta que se vaya”.

En su canción que sacaron recientemente, titulada “Afilando los Cuchillos”, los raperos Bad Bunny y Residente capturan la indignación y la ira del pueblo puertorriqueño y su voluntad de luchar contra la injusticia. El coro de la canción describe al pueblo puertorriqueño como cuchillos afilados listos para cortar la mala hierba, prometiendo no dejar que nadie se aproveche de lo que es suyo. Y de hecho, desde el 14 de julio, unidos bajo el hashtag #RickyRenuncia, personas mayores y jóvenes han salido a las calles de San Juan con sus pancartas, tambores y banderas, cantando mientras la policía les lanza gases lacrimógenos y les dispara con balas de goma, para exigir que Rosselló renuncie a su cargo. Famosos como Ricky Martin, Bad Bunny y Residente se han unido a las protestas, utilizando su fama internacional para pedir la renuncia de Rosselló y llamar a la gente a las calles.

Las protestas masivas prendieron tras la negativa de Rosselló a renunciar, después de que el Centro de Periodismo de Investigación de Puerto Rico publicara 900 páginas de un chat de Telegram que Rosselló tuvo con otros funcionarios del gobierno donde hicieron comentarios misóginos, homofóbicos y transfóbicos y conspiraron contra otros políticos.

Rosselló y sus compinches llegaron al extremo de desear la muerte a la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulin Cruz, y amenazaron con dar una lección pública al representante de la Cámara de Representantes de los EEUU, Manuel Natal, por sus críticas contra el gobierno. Se burlaron de las miles de personas que murieron debido al huracán María. Cuando se le preguntó sobre el presupuesto forense, el gobernador respondió: “Y ahora que hablamos de ese tema, ¿tenemos cuerpos adicionales para alimentar a nuestros cuervos?”.

Inmediatamente después del huracán María, el gobierno local y federal no pudo proporcionar ayuda a la gente. Hasta el día de hoy, Donald Trump sostiene que el número de víctimas mortales de María fueron 64, y Rosselló tardó un año en admitir que el número de víctimas mortales fueron más que 64, y lo elevó de 64 hasta 2.975.

Su evaluación inadecuada del número de victimas mortales provocó aún más muertes, falta de ayuda y recursos adecuados para el pueblo puertorriqueño. Casi dos años después del huracán María, Puerto Rico todavía lucha por recuperarse, la crisis económica ha empeorado, las tasas de criminalidad han aumentado y miles de personas han abandonado la isla.

La incompetencia de Rosselló y La Junta (la junta fiscal designada por los Estados Unidos), solo ha aumentado desde María. Los escándalos de corrupción han afectado al gobierno local. En junio, Julia Keleher, la exsecretaria de educación que cerró 400 escuelas porque Puerto Rico no tenía suficiente dinero, y Ángela Ávila Marrero, exdirectora ejecutiva de la Administración de Seguros de Salud de Puerto Rico, así como otros cuatro funcionarios gubernamentales fueron acusados de redirigir unos 15,5 millones de dólares en contratos federales a consultores con conexiones políticas.

Recientemente se ha iniciado una investigación federal de Unidos por Puerto Rico, la organización sin fines de lucro creada por Beatriz Rosselló para administrar las donaciones del huracán María, después de que Rosselló fuera acusado de pedirle a la firma de contabilidad BDO que cambiara los informes sobre envíos perdidos con donaciones, ya que, según él, manchaban la imagen de su esposa.

Rosselló negó todas las acusaciones de fraude, y en un comunicado tras los arrestos dijo: “La agenda de este Gobierno no se detiene, a pesar de aquellos que, de forma incorrecta, han decidido traicionar la confianza del pueblo”. Pero al fin y al cabo parece ser que es Rosselló quien ha traicionado esa confianza; el mismo pueblo lo ha demostrado en las calles. Por esa razón, la gente de Puerto Rico, en el continente y en la diáspora, le ha expulsado.