Liberation Photo: Abel Macias

Liberation Photo: Abel Macias

El domingo, 29 de abril, organizadores con Marcha Sin Fronteras continuaron su procesión hacia el sur al Parque Nacional del Campo Fronterizo en el condado de San Diego para demostrar solidaridad con refugiados centroamericanos en Tijuana. Organizadores de Los Ángeles y San Diego habían estado marchando hacia la frontera desde el 20 de abril, esperando llamar atención y apoyo al apuro de los refugiados huyendo de la inestabilidad y de la violencia financiadas por los EE.UU. en centroamérica. Los refugiados habían viajado desde el marzo y llegaron a la ciudad fronteriza de Tijuana la semana anterior al comienzo del proceso de solicitar asilo en los Estados Unidos.

Después de superar una travesía de 4.000 kilómetros, amenazas de la separación familiar, la detención e incluso la violencia, los refugiados fueron recibidos por un grande contingente de simpatizantes en ambos lados de la frontera México-estadounidense. Organizadores con Raíces sin Fronteras, la Coalición ANSWER, Armadillos Búsqueda y Rescate y Colectivo Zapatista izaban carteles decorados brillantemente, tocaban tambores, y cantaban coros mientras marchaban por casi 45 minutos al lugar de mitin, un tramo de playa al lado de la frontera.

Mientras los organizadores llegaban a la monstruosidad de acero que divide los EE.UU. y México, se volvió imposible ignorar la diferencia entre los dos lados de la cerca. En el lado mexicano, un área conocida como El Faro de Playas, podíamos ver a niños y familias nadando en el mar, a gente moviéndose libremente por el área alrededor del muro y los sonidos de la música. Puesto que tuvimos que caminar por 45 minutos a través de caminos y playa, la imagen fue un espectáculo bienvenido.

Liberation Photo: Abel Macias

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En el lado estadounidense, varios agentes de la patrulla fronteriza montados en vehículos todoterreno monitoreaban a los organizadores. En el lado estadounidense de la frontera las personas están obligadas a mantener una distancia de 25 pies de los muros, prácticamente impidiendo incluso que las familias se comunicaran a través de la cerca. En el lado mexicano, jóvenes y organizadores izaban papalotes decorados con mensajes de solidaridad, e intercambiaban coros con sus vecinos en el Parque Nacional del Campo Fronterizo.

Finalmente, miembros comunitarios valientes incluso se subieron a la cerca fronteriza, posándose en la cima y desafiando a la política migratoria draconiana y racista de los Estados Unidos. Algunos niños valientes pudieron empujar a un lado una pieza de metal, penetrar la cerca y entrar a “la tierra de nadie” que es la zona de exclusión de 25 pies en el lado estadounidense. Viendo estas acciones de valentía y osadía, los organizadores en los EE.UU. aclamaban y exigían la abolición total de la frontera.

Después de varios momentos ansiosos de mirar a la patrulla fronteriza, los niños finalmente regresaron al lado mexicano de la cerca. Los organizadores pudieron salir de la playa pacíficamente, muchos con planes de recibir a los refugiados a la entrada de San Isidro después de que sus solicitudes de asilo fueran procesados. El evento representó el poder colectivo de la clase obrera internacional en ambos lados de la frontera.

La marcha fue multinacional y de carácter militante, y demostró la capacidad que los pueblos tienen de confrontar directamente a los símbolos de su opresión, como el muro fronterizo. Hoy el pueblo se subió a los muros fronterizos como rebelión, y en esa acción demostró su capacidad para combatir la opresión con acción directa.

Traducido por Katie B.