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¿Quién construyó América realmente?

El Canal Historia recientemente completó una serie llamada “Los hombres que construyeron América”, centrada en los titanes de la industria de la Segunda Revolución Industrial de finales del siglo XIX y principios del XX. Los principales protagonistas son Cornelius Vanderbilt (ferrocarriles), John D. Rockefeller (petróleo), Andrew Carnegie (acero), JP Morgan (finanzas y electricidad) y Henry Ford (automóviles).

Un título más apropiado para la serie sería: “Los varones blancos y ricos que explotaron y saquearon los Estados Unidos”. La serie revela hasta qué punto estos capitalistas, oportunamente conocidos como “los barones ladrones”, anhelaron el poder y las ganancias por encima de todo lo demás, y nos muestra cómo compraron y dirigieron a los políticos para que sirviesen a sus propios intereses económicos. En algunas secuencias comprobamos hasta qué grado estos hombres, en su afán de controlar las patentes y la propiedad intelectual, incluso llegaron a frenar la innovación. Lejos de la “libre competencia” en la que los mejores productos prevalecen, usaron toda su influencia para evitarla, monopolizando industrias completas.

El episodio final repara en la extrema desigualdad y las condiciones miserables que se daban dentro de la sociedad que estos magnates gobernaban y entre los trabajadores que contrataban. Un ejemplo clarificador; allá por el año 1900 los trabajadores siderúrgicos a menudo trabajaban 12 horas al día, seis o siete días a la semana, y uno de cada 11 moría en el lugar de trabajo. La serie relata la sangrienta batalla de Homestead en 1892, en la que los ejecutivos de Carnegie contrataron mercenarios privados para derrotar militarmente a los trabajadores en huelga.

Como en tantas ocasiones, el Canal Historia se centra en las acciones y los pensamientos de estos individuos (habitualmente blancos) actuando por cuenta propia, y da a entender que ellos son el factor determinante para el desarrollo de la historia. Los marxistas, por el contrario, ubican a los individuos en el contexto de las tendencias sociales y las clases que representan, y hacen énfasis en las contribuciones de la gran masa de explotados, hombres y mujeres, cuyos nombres la Historia nunca se molestó en registrar.

Bajo este punto de vista, la pregunta “¿quién construyó América realmente?” nos da una respuesta muy diferente. Karl Marx escribió en “El Capital”: “El descubrimiento de oro y plata en América, la cruzada de exterminio, esclavización y enterramiento en las minas de la población aborigen, el comienzo de la conquista y el saqueo de las Indias Orientales, la conversión de África en un coto de caza de esclavos negros: son todos hechos que señalan los albores de la era de producción capitalista”.

Robo de tierras y genocidio

Las bases materiales de la industrialización fueron la expropiación de tierras y recursos naturales, la mano de obra barata y la acumulación de capital, y es algo que ya se daba mucho antes de la Segunda Revolución Industrial.

Antes de nada estaría la cuestión de la tierra sobre la que “América” fue construida, de la que fueron extraídos el petróleo y el carbón y sobre la cual se forjaron las vías de los ferrocarriles. Por otro lado, la tierra conocida como “América”, un término que en realidad incluye América del Sur y del Norte, ya existía mucho antes de la colonización europea.

Lo que hizo que la tierra estuviese disponible para el desarrollo y la rápida expansión fue el desalojo sistemático de los pueblos nativos americanos por medio de de la violencia o la coacción.

Este proyecto de asentamientos colonial se ha explicado con frecuencia en términos racistas, dando a entender que una civilización “superior” llevaba a cabo su “destino” de expandirse hacia el Oeste, reemplazando así el “salvajismo”. Este proceso se lleva a cabo durante siglos y no se completa hasta la llamada Segunda Revolución Industrial, cuando se libran las últimas batallas para derrotar a la resistencia armada indígena en el suroeste del país.

Si bien la política de guerra y la consiguiente “eliminación india” ya se daban desde los inicios del desarrollo de EE.UU., la enfermedad fue la principal causa de muerte de los pueblos indígenas. Una población que en territorio precolombino se situaba entre 5 y 10 millones, en la década de 1890, en lo que hoy es Estados Unidos, ya se había desplomado hasta un mínimo histórico de 250.000. A lo largo de las dos Américas, millones murieron a causa de la viruela, la gripe, la hepatitis viral y otras enfermedades, así como de las políticas genocidas de masacres armadas, la expropiación de sus tierras, y la matanza de millones de búfalos. Asimismo, la proliferación de roedores y de ganado europeos también causó estragos en el ecosistema de las Américas, una vez más en perjuicio la población indígena.

Mano de obra esclava

Cuando se hizo evidente que los indios morían demasiado rápido para ser obreros útiles, los colonos se centraron en la trata de esclavos transatlántica. Consiguieron así enormes beneficios a cuenta de los africanos esclavizados con la misión de proporcionar mano de obra para mantener las colonias. En las diferentes etapas de desarrollo, todas las colonias que acabaron siendo los Estados Unidos (norte y sur) utilizaron esclavos en casi cualquier ámbito de trabajo.

La esclavitud de las plantaciones pronto se extendió a lo largo de las Américas, proporcionando a las colonias producción agrícola a muy bajo costo.

Es imposible saber cuántos africanos fueron forzados a la esclavitud en las Américas en el periodo comprendido desde la llegada de Colón hasta el siglo XIX, pero se baraja una cantidad mínima de unos 12 millones de hombres y mujeres. Además, debido a las brutales condiciones y falta de higiene en los barcos esclavistas, casi 1 de cada 5 esclavos morían por el camino.

Las clases dominantes europeas y estadounidenses se vieron beneficiadas con siglos de mano de obra gratuita. Ya en el siglo XVII los españoles comenzaron a utilizar esclavos africanos e indígenas en las minas de oro y plata. La mayoría de las colonias europeas adoptaron los sistemas de plantaciones para producir azúcar, algodón, tabaco, añil, arroz y otros cultivos que eran exportados a los mercados europeos. Este proceso proveyó a Europa y los Estados Unidos con la riqueza material suficiente para impulsar poderosas instituciones financieras y propiciar así rápidos avances en el desarrollo tecnológico y productivo conocido como la Revolución Industrial.

Incluso hoy en día se puede rastrear el éxito de muchas compañías estadounidenses gracias a los beneficios que se remontan a lo obtenido con la esclavitud. En el año 2002, se celebró un juicio contra la aseguradora AETNA, CSX y Fleet Boston exigiendo compensaciones a los afroamericanos en función de la participación de estas empresas en el sistema esclavista. AETNA hizo su dinero asegurando esclavos como propiedad de sus amos, al igual que JP Morgan & Co., antecesores de lo que hoy es JP Morgan Chase. CSX es la actual cara de una empresa que utilizaba mano de obra esclava en la construcción de vías férreas. Fleet Boston, ahora parte de Bank of America, fue fundada por un tratante esclavista. La Revolución industrial: basada en la esclavitud asalariada, la opresión nacional y de género

La Guerra Civil logró la abolición de la esclavitud y la propiedad absoluta de seres humanos al estilo sureño. Ésta fue reemplazada por la explotación capitalista, en la que la supervivencia de un trabajador depende por completo del salario o sueldo otorgado por el patrón, el que se beneficia de su trabajo. Tampoco la abolición de la esclavitud significó el fin de la gran explotación y la opresión de negros, nativos, latinos y otros colectivos; al contrario, éstas continúan hasta nuestros días.

En la era de la Segunda Revolución Industrial en la que los barones ladrones florecieron, decenas de mill-ones de inmigrantes europeos y asiáticos, gran parte realmente pobres, fueron atraídos a las industrias del país, las fábricas y los ferrocarriles. Su trabajo, peligroso y a menudo mortal, era recompensado con un salario de subsistencia. Las trabajadoras y los niños conformaban un colectivo de trabajadores especialmente explotado en numerosas industrias vitales.

Asímismo, millones de campesinos negros y blancos fueron arrastrados a trabajar a las ciudades, después de haber sido privados de su modo de subsistencia o de sus tierras debido a la expansión de los agronegocios y la especulación del suelo. Los trabajadores mexicanos se convirtieron en este momento en la espina dorsal de la mano de obra agrícola del suroeste, haciendo turnos agotadores en épocas de cosechas con las que se mantuvo alimentado el crecimiento del país.

En las principales industrias del Sur era común el uso de población recusa como obreros, otra forma de esclavitud en la que los funcionarios del gobierno utilizan el sistema de justicia penal para suministrar mano de obra gratis y “en negro” a sus amigos corporativos. Las mujeres negras sirvieron como empleadas domésticas en las casas de las familias blancas de ingresos medios y altos y, sin duda, en las casas de Morgan, Ford, Chase, Vanderbilt y Rockefeller.

Y ya a nivel nacional, y a través de cada una de estas etapas de desarrollo, mujeres de todos los orígenes reali-zaron diariamente quehaceres domésticos no remunerados que hicieron que todo fuese posible.

Los titanes industriales promovieron políticas de expansión colonial en el exterior para ampliar el acceso de EE.UU a mercados y recursos, apoderándose al final de la Guerra Española-Americana de Filipinas, Cuba, Puerto Rico, Guam y las Islas Marianas. Estas conquistas imperialistas, junto con formas de dominación colonial menos evidentes (pero no menos brutales) en Asia, África, Oriente Medio y América Latina, generaron la inmensa riqueza que aupó a los Estados Unidos al estatus de potencia mundial.

Ésta es la historia abreviada de los que realmente “construyeron América.” Esperamos con interés el día en que la programación televisiva sea dirigida por aquellos a quienes el Canal Historia ha dejado al lado, de modo que la historia del pueblo finalmente pueda obtener la justicia que merece.

Además del control de los medios de comunicación por el pueblo, el Partido por el Socialismo y la Liberación lucha por la confiscación de los grandes bancos y corporaciones, las compensaciones y la autodeterminación de las nacionalidades oprimidas, y la abolición de la explotación para el beneficio privado.

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