Rouhani y Trump. Gráfica de Liberación

Rouhani y Trump. Gráfica de Liberación

Si bien la administración Trump ha aumentado, de forma dramática, la amenaza de un ataque militar estadounidense contra Irán, las reuniones directas entre funcionarios de los dos países son ahora una posibilidad. Durante la cumbre del G7 del 24 al 26 de agosto, organizada por Francia, el presidente francés Emmanuel Macron invitó al canciller iraní Javad Zarif a la sede de la cumbre, el centro turístico costero de Biarritz. Zarif, otros iraníes y algunos funcionarios de la UE estaban en una habitación en el ayuntamiento, fuera del lugar donde se celebraba la cumbre del G7. Macron se desplazó de ida y vuelta entre las reuniones del G7 y los diplomáticos en el ayuntamiento.

Según se informa, Macron presionó para que se reunieran Trump y Zarif durante la cumbre, pero Trump se negó, diciendo que era “demasiado pronto”.

A través de la mediación de Macron, se supo de una próxima reunión entre Trump y el presidente iraní Hassan Rouhani. Mostrando entusiasmo, Macron dijo: “Quiero que se celebre esta reunión, y quiero que haya un acuerdo entre Estados Unidos e Irán”. Trump se mostró abierto a la idea y dijo: “Creo que hay una muy buena posibilidad de reunirnos … Si las circunstancias fueran adecuadas o correctas, ciertamente estaría dispuesto a hacerlo”. (WhiteHouse.gov)

Rouhani también mostró su disposición, afirmando: “Si supiera que ir a una reunión y visitar a una persona ayudaría al desarrollo de mi país y resolvería los problemas de la gente, no me lo perdería… Incluso si las probabilidades de éxito no son 90 por ciento sino que son 20 por ciento o 10 por ciento, debemos seguir adelante con eso”. (Washington Post)

Sin embargo, en comentarios posteriores, Trump reiteró que las sanciones se mantendrían y que Irán podría extender una línea de crédito. “Tengo un buen presentimiento. Creo que él (Rouhani) va a querer encontrarse y resolver su situación. Están gravemente heridos… Así que realmente estamos hablando de una carta de crédito. Sería de numerosos países, numerosos países”.

Posteriormente, la declaración de Rouhani dejó en claro que no se realizaría una reunión directa entre los dos presidentes dadas las circunstancias actuales: “Sin la retirada de las sanciones de Estados Unidos, no seremos testigos de ningún desarrollo positivo … Si alguien tiene la intención de hacerlo simplemente como una sesión de fotos con Rouhani, no será posible”.

Levantar sanciones es la condición previa para la reunión

No está claro qué causó el cambio de tono en Rouhani, desde el inicial, cauteloso respaldo a una reunión con Trump hasta el posterior levantamiento de las sanciones como condición previa para la reunión. Podría deberse a oposiciones de otras facciones dentro de la República Islámica que se niegan a negociar con Estados Unidos a punta de pistola. Después de todo, ¿por qué querría alguien negociar con la misma persona que violó el acuerdo, el Plan de Acción Integral Conjunto, que todas las partes habían firmado?

También es posible que Trump haya retrocedido posteriormente de alguna medida de alivio de sanciones acordada informalmente al margen de la cumbre del G7. El ministro de Relaciones Exteriores, Zarif, es un diplomático experimentado. Es difícil creer que Macron hubiese logrado que aceptara una reunión entre los dos presidentes sin perspectivas de alivio de las sanciones, simplemente para darle a Trump su sesión de fotos.

La demanda de Rouhani para el levantamiento de las sanciones no es una demanda extrema de línea dura. Simplemente exige que Estados Unidos cumpla con sus obligaciones bajo el JCPOA, el acuerdo que Estados Unidos firmó en 2015 y rompió en 2018. Es Trump quien se retiró ilegalmente del acuerdo y volvió a imponer sanciones, amenazando con enormes medidas punitivas contra cualquier país que comercie con Irán. En efecto, Estados Unidos está forzando ilegalmente sus sanciones unilaterales contra Irán a todo el mundo.

Por el momento, es poco probable que suceda una reunión de alto rango entre Irán y Estados Unidos. Si algo surge del esfuerzo de Macron, puede ser algún tipo de reuniones informales al margen de la Asamblea General de la ONU, a partir del 24 de septiembre.

“Iran Hawks”

El establishment de la política exterior de Washington está dominado por “Iran Hawks”, proponentes de un conflicto contra Irán, encabezados por el Asesor de Seguridad Nacional John Bolton. Desde la invasión estadounidense de Irak, el objetivo vital de Bolton ha sido lograr que Estados Unidos invada Irán. “Los muchachos van a Bagdad, pero los hombres de verdad van a Teherán” ha sido durante mucho tiempo el mantra de Bolton y otros neoconservadores de la administración Bush II. Bolton y su “Iran Hawk” cómplice y secretario de Estado Mike Pompeo, se oponen a la idea misma de negociaciones, y mucho menos a llegar a acuerdos con Irán. Sus políticas están aplicando “presión máxima” para que las condiciones sean propicias al derrocamiento de la República Islámica, ya sea a través de una intervención militar de los Estados Unidos o mediante una posible movilización de fuerzas contrarrevolucionarias dentro de Irán.

Irán, por otro lado, decididamente quiere que terminen las sanciones. Las sanciones han causado un gran daño a la economía iraní, convirtiendo el crecimiento en recesión. Según los datos del FMI, la economía de Irán creció un 3,8 por ciento en 2017. Pero, como resultado de las sanciones impuestas de nuevo por Estados Unidos, la economía se contrajo un 3,8 por ciento el año pasado y se pronostica que se contraerá otro 6% este año.

Las sanciones no alcanzan su objetivo final: el cambio de régimen

Hasta cierto punto, las sanciones estadounidenses están cumpliendo su objetivo de imponer dificultades económicas al pueblo iraní. En particular, la clase trabajadora se ve fuertemente afectada por el aumento de los precios y la reducción de los ingresos reales. Algunos productos, incluidos algunos medicamentos menos comunes, están disponibles en el mercado solo esporádicamente, o no están disponibles en absoluto. Sin embargo, las sanciones están muy lejos de alcanzar su objetivo final de cambiar el régimen.

Dos años consecutivos de recesión de 3.8 por ciento y 6 por ciento no son daños menores a la economía. Aun así, una recesión económica del 6 por ciento está bastante lejos de un colapso económico absoluto. A pesar de la relativa efectividad de las sanciones, las tiendas en Irán están bien surtidas. No hay colas para comer, ni tampoco hay escasez de gasolina. El agua, el gas y la electricidad están en funcionamiento, al igual que los servicios móviles y de Internet. Una gran parte de la población, la informalmente llamada “clase media” sigue viajando, yendo a restaurantes y cafeterías y participando en otras actividades recreativas, aunque a un ritmo menor que antes.

Puede que Bolton prometa reunirse en Teherán con el MKO, su fuerza de oposición favorita pro-EE.UU. y pro-Israel, en unos meses. Pero incluso Bolton debería saber que las condiciones en Irán no están cerca del colapso del estado. En todo caso, la violación flagrante del JCPOA por parte de la administración Trump, así como la imposición de restricciones a los ciudadanos iraníes que viajan a los EE. UU., ha hecho que sea mucho más difícil que una fuerza pro-EE. UU. gane cualquier tipo de tracción en Irán, independientemente de la recesión económica. Los monárquicos, el MKO y otras fuerzas de oposición de derecha que se preparaban para un colapso inminente de la República Islámica, han perdido sus esperanzas. A pesar de la recesión económica, la propaganda derechista pro-occidental no ha ganado fuerza.

El propio Trump ha sido extremadamente hostil a Irán. A lo largo de su campaña electoral de 2016, Trump prometió a sus seguidores destruir el JCPOA, una promesa que mantuvo una vez en el cargo. Además, Trump ha llevado el apoyo de Estados Unidos al estado-asentamiento colonial de Israel, en particular al gobierno ultraderechista de Benyamin Netanyahu, a un nuevo nivel. Eso es decir mucho, considerando cuán pro-Israel ha sido cada administración de EE. UU. durante décadas; no es de extrañar entonces que Trump se considere a sí mismo como el “elegido”. El enfoque ultra agresivo de Trump hacia Irán es bastante peligroso, ya que aumenta las perspectivas de otra aventura militar estadounidense en el Medio Oriente. Aún así, para disgusto de Bolton y Netanyahu, Trump se ha mostrado reacio a bombardear Irán.

Hablar de una reunión Trump-Rouhani es significativo

A Trump le encantaría tener una reunión con un líder iraní si puede obligar a Irán a hacer grandes concesiones. Le encantaría la publicidad y estar en el centro de atención internacional para reuniones potencialmente históricas.

Una cosa que convierte a Trump en un presidente poco fiable, en otras palabras, un mal CEO para la clase capitalista de EE.UU., es que a menudo está demasiado ocupado con su propio ego como para llevar a cabo las tareas requeridas como jefe del imperialismo estadounidense. Sus múltiples reuniones con Kim Jung Un, el líder de la RPDC, no le sirvieron de nada a la clase dominante de los EE.UU., y fueron criticadas casi unánimemente por el establishment de política exterior de Washington. Pero estas reuniones han sido hasta un cierto punto útiles para el liderazgo de Corea del Norte en el sentido de que han reducido el nivel de tensión, y han hecho que sea menos probable una agresión militar estadounidense contra la RPDC.

Del mismo modo, si bien el esfuerzo diplomático mediado por Macron puede que no devenga en pasos concretos, ha creado un giro en la conversación, desde la posibilidad de guerra a la posibilidad de una reunión entre los dos jefes de estado. Incluso si tal reunión se lleva a cabo, es poco probable que dé resultados concretos, ya que ninguna de las partes parece dispuesta a ceder sobre el tema clave de las sanciones. El estado de Irán, a pesar de una economía debilitada, es bastante estable y es poco probable que llegue a algún tipo de acuerdo con Trump que sea sustancialmente distinto del JCPOA. Estados Unidos, por otro lado, no está dispuesto a aflojar sus sanciones, a pesar de que son claramente ilegales.

Las sanciones son una forma de guerra.

En lo que respecta al movimiento anti-guerra de EE.UU., además de organizarnos contra una posible agresión militar de EE.UU. contra Irán, también debemos oponernos inequívocamente a las sanciones. Lo que se interpone en el camino de una paz duradera entre los dos países no son los “intransigentes de ambos lados”, como lo diría la narrativa liberal. El obstáculo para la paz es la banda criminal ultra agresiva en Washington que intenta estrangular a Irán usando tácticas de la mafia a escala internacional. Están decididos a aplastar a cualquier estado que sea independiente de los dictados imperialistas, ya sea Irán, Venezuela o Corea del Norte. Las sanciones estadounidenses contra los países oprimidos no son una alternativa a la guerra; son una forma de guerra. ¡EE.UU. fuera de Irán!