El mundo del boxeo y los trabajadores de todo el mundo han perdido a uno de sus gigantes, Teófilo Stevenson, campeón de peso pesado cubano, quien falleció el 11 de junio.

El boxeador de 6 pies 3 pulgadas y 209 libras, es uno de los tres boxeadores que han ganado tres medallas de oro olímpico, junto al húngaro László Papp y su colega cubano Félix Savón. Él estaba a punto de lograr una cuarta medalla de oro en las Olimpiadas de 1984 en Los Angeles, pero Cuba y otros 12 países socialistas se unieron en solidaridad con la decisión de la Unión Soviética para boicotear los juegos de ese año.

Fidel Castro resumió el altruismo de Stevenson en un homenaje diciendo: “Se podría haber logrado otros dos títulos olímpicos si no hubiera sido por ciertos deberes que los principios del internacionalismo impone a la Revolución”.

Lo que se destacó sobre “El Caballero del Ring”, el Señor de los Anillos, como popularmente se le conoce — no era sólo su agilidad como un peso pesado, su jab que mantuvo a sus oponentes a distancia o el castigo de su mano derecha, pero su integridad como un ser humano y el campeón de boxeo. En una conversación con la juventud cubana, afirmó: “El deporte no se trata de sentirse superior a nadie. El deporte es armonía. Se trata de nuestra salud. No se trata de maltratar a nadie. El deporte es una de las cosas más saludables que tenemos en la sociedad”.

Stevenson registró 302 peleas, perdiendo sólo 22 — un insólito número que es algo que no se ve en este día y edad. Nunca entró al ring con la intención de ganar dinero o fama, solo entró por el amor del boxeo, deporte y la competición en general. Si algunos combatientes se podrían considerar de una sola dimensión, Stevenson representaba la mejor de las cualidades humanas.

En una época en que los campeonatos de boxeo fomentan el espectáculo, la arrogancia y la peleas de varios millones de dólares, Stevenson nos ofrece otro modelo a seguir. En palabras de uno de los Cinco Cubanos, René González”, Stevenson era tan modesto que aparentaba rechazar la idea de su propia grandeza. Como atleta, estremecía a millones de sus compatriotas y mujeres, como ser humano, se identificaba con todos nosotros, y a pesar de su estatura física impresionante, era sólo uno de nosotros”.

El imperialismo, con sus clichés constantes en los medios de comunicación acerca de “desertores” de los países comunistas, nunca pudo comprar a Stevenson. A pesar de que se le ofreció 5 millones de dólares para pelear contra Muhammad Alí por el título mundial en 1976, se negó, diciendo que “¿Qué es un millón de dólares en comparación con el amor de ocho millones de cubanos? No cambiaría un pedazo de tierra cubana por todo el dinero que me podía dar. ”

Teófilo Stevenson será para siempre un brillante ejemplo de trabajador, humildad y cortesía para los jóvenes boxeadores y atletas de todo el mundo. Junto con los revolucionarios y los aficionados del boxeo de todo el mundo, ofrecemos nuestras condolencias a la familia de Stevenson y de Cuba por esta pérdida. ¡Hasta Siempre Campeón!