La Guerra y la lucha contra el oportunismo







Photo: Bill Hackwell

Es imposible construir un movimiento revolucionario y un partido basado en el Marxismo sin una lucha contra el oportunismo y el chauvinismo. La prueba se presenta bajo la coerción de la guerra.

El 4 de Agosto del 2004 marca el noventa aniversario de la primera guerra mundial. También marca la victoria, casi completa, del oportunismo en el movimiento socialista del momento y fue el anuncio del derrumbe político por parte del liderazgo de un inmenso movimiento que contaba con el apoyo de la mayoría de la clase obrera en toda Europa. Inscribiendo en sus emblemas “Trabajadores del mundo, uníos” e insistiendo, como Marx lo hizo en el Manifiesto Comunista, que la clase obrera no tiene “Patria,” los grandes partidos socialistas que constituían la Internacional Socialista de repente tiraron sus principios por la borda el 4 de Agosto de 1914 cuando apoyaron la guerra en sus respectivos países.

La fiebre de la guerra envolvió a toda la sociedad mientras que la maquina de guerra capitalista entró en un agudo engranaje fomentando el patriotismo y el chauvinismo nacional.

La victoria del oportunismo en la Internacional Socialista parecía ser la confirmación de la muerte del Marxismo. Una vez enviados a la batalla por cada uno de sus respectivos gobiernos, los trabajadores del mundo no se unieron—al contrario, marcharon a matarse brutalmente entre ellos.

La repentina capitulación del movimiento socialista no se debió a un inesperado desarrollo político que los agarró desprevenidos. Al contrario, los partidos socialistas representando a millones de trabajadores alrededor de Europa habían anticipado la guerra venidera.

En un congreso extraordinario de la Internacional Socialista llevado a cabo en Basle, Suiza en Noviembre de 1912, delegados acordaron que era el “deber de la clase obrera y sus representantes en el parlamento…ejercer todos los esfuerzos para prevenir el brote de la guerra.” Encaso que la guerra comenzara, los socialistas acordaron una estrategia internacional donde cada partido “utilizaría la crisis política y económica creada por la guerra para acelerar la caída de la clase capitalista dirigente.” Esta fue la esencia de la estrategia que se conoció como derrotismo revolucionario.

Pero después de tantos discursos altamente elocuentes y declaraciones hechas por líderes “militantes” en la seguridad de los congresos y reuniones “socialistas,” el liderazgo de la clase obrera en 1914 capituló a la presión de la guerra.

Después de la victoria de la revolución de Octubre en Rusia, se volvió común condenar la capitulación de Karl Kautsky, el líder del Partido Socialista Alemán, junto a otros líderes marxistas en 1914 por no haberse opuesto a la guerra en el momento decisivo. Pero lo que no se entiende adecuadamente es la razón central por la cual los partidos de la clase obrera socialista se convirtieron de la noche a la mañana en partidos a los cuales Lenin se refirió como “imperialistas sociales”, es decir, socialistas de palabras pero imperialistas en sus acciones. Ellos apoyaron sin reservas a sus gobiernos, o como en el caso de centristas como Kaustky, se opusieron a ciertos elementos de la guerra sin aparentar ser subversivos al gobierno capitalista y al sistema que había provocado la guerra.

El problema que enfrentaba el movimiento de la clase obrera socialista y en contra de la guerra en 1914, es el verdadero problema que enfrenta cada organización progresista al inicio de unaguerra imperialista.

Aplicando el internacionalismo de la clase obrera

Para entender la esencia del problema es útil tomar un ejemplo contemporáneo nacido y desarrollado aquí. Para organizaciones estadounidenses socialistas y en contra de la guerra, oponerse rápidamente a las guerras hubiera sido relativamente fácil en décadas pasadas. Ha significado oponerse a las guerras de agresión estadounidense en tierras lejanas y en contra de países anteriormente colonizados y semi-colonizados que no podían defenderse. Civiles estadounidenses raramente estuvieron en peligro de ser atacados.

Pero incluso cuando el desangramiento y las muertes son lejanas (el ultimo ataque extranjero en tierra estadounidense antes del 11 de Septiembre fue durante la guerra de 1812), las principales organizaciones pacifistas y social demócratas hicieron esfuerzos extras para asegurarse de no parecer como si estuviesen identificándose con el “enemigo.”

Por ejemplo, en la preparación para la guerra de 1991 en Irak, el lema de los grupos centrales que hoy constituyen Unidos por Paz y Justicia era “Sanciones, no Guerra.” Antes y después de la actual masacre en Irak, organizaciones como Ganar sin Guerra y otras corrientes pacifistas principales insistieron que las sanciones económicas y la inspección de armas contra Irak “estaban funcionando” y deberían continuar como la “alternativa” a la guerra.

Los líderes de Ganar sin Guerra sabían perfectamente que las sanciones económicas significaban asesinatos masivos para los niños de Irak y que las inspecciones de armas de las Naciones Unidas dejó a Irak indefenso para el asalto militar estadounidense y británico. David Cortright, el ex líder de la organización pacifista SANE/Freeze y líder actual de Ganar sin Guerra, escribió en la edición de Asuntos Exteriores de Julio/Agosto, que “el régimen maligno actual de sanciones impuestas por las Naciones Unidas sí funciona. Contrario a lo que los críticos han dicho, ahora sabemos que la contención ayudó a destruir la máquina de guerra de Sadaam Hussein y su capacidad para producir armas.”
En las tres semanas entre el 19 de marzo del 2003, al inicio de la invasión “shock and awe” de Bush y la caída de Bagdad el 12 de abril del 2003, miles y miles de irakíes lucharon hasta la muerte con armas pequeñas contra la maquinaria de muerte altamente tecnológica. Cortright, el líder por la “paz,” parece estar completamente orgulloso de las ventajas aseguradas para el ejército invasor estadounidense debido a las sanciones económicas y a las inspecciones de armas de las Naciones Unidas que él abogó por años. “El ejército de Irak que los enfrentó [las fuerzas invasoras estadounidenses] había sido diezmado en los 12 años previos, por la estrategia de contención”. Por supuesto, este oportunismo político tiene una base social verdadera en el contexto del imperialismo mundial.

Cuando Estados Unidos fue atacado en su propio suelo el 11 de Septiembre del 2001, muy pocas organizaciones salieron a las calles para protestar los planes inmediatos de la administración de Bush de usar ese ataque para desatar una guerra planeada con anterioridad. En los días después del ataque, la coalición A.N.S.W.E.R. fue la única formación en Estados Unidos que hizo un llamado por demostraciones masivas el 29 de abril del 2001 contra las maniobras de guerra del gobierno. Esa iniciativa fue recibida en ese entonces con miedo, denunciada o boicoteada por casi todas las organizaciones y los líderes pacifistas y socialdemócratas más “respetables”—sin mencionar algunos que se consideran revolucionarios y marxistas. El llamado de A.N.S.W.E.R. no fue un llamado suave o políticamente inocuo por la paz. Al contrario, se enfocó directamente en construir una oposición dentro de Estados Unidos contra los planes de guerra de la administración Bush.

Sólo consideremos que hubiese pasado si después de los ataques del 11 de septiembre, una guerra más amplia hubiese resultado en ataques adicionales en tierra estadounidense. El 7 de octubre del 2001, la administración de Bush comenzó a bombardear Afganistán. Pero imaginemos por un segundo el caso de queAfganistán, si en lugar de estar totalmente aislado e indefenso militarmente, tuviera aliados en Alemania y Francia. Supongamos que esos aliados hayan prometido defender a Afganistán por medio de un tratado de seguridad mutua. Imaginemos que el día después de que las bombas estadounidenses empezaron a caer el 8 de Octubre del 2001, aviones franceses y alemanes empezaran a tomar represalias bombardeando Nueva York, Baltimore, Cleveland, Atlanta y otras ciudades estadounidenses.

Imaginemos la posición de los líderes de las diferentes coaliciones contra la guerra de EEUU, o de los diferentes partidos socialistas y Marxistas en el supuesto caso de que realmente hubiera guerra entre el imperialismo Francés y Alemán de un lado y el imperialismo estadounidense del otro—y que parte de la guerra tomara lugar en suelo estadounidense.

Con las bombas cayendo y el ejército Francés y Alemán preparándose y Estados Unidos preparándose para actuar contra ellos en Europa, cualquier organización que se levantara diciendo “esta no es nuestra guerra, esta es una guerra de rapiña llevada a cabo por los jefes y nosotros tomaremos ventaja de esta crisis para acelerar la caída del capitalismo,” sería motivo de una represión fuerte e inmediata.
Manteniendo la posición de oposición irreconciliable a la guerra capitalista bajo estas circunstancias es la verdadera prueba del carácter internacionalista de un liderazgo de la clase obrera. Es fácil pronunciar un discurso militante entre amigos, denunciando la guerra. Pero muy diferente es condenar la guerra en un momento en el cual eso significa ir a prisión o pasar a una vida clandestina.

De represión a Victoria

En la histeria de guerra que brotó a comienzos de la primera guerra mundial, solo fueron los Bolchevique bajo el liderazgo de Lenin, acompañados por un puñado de otros como la pequeña ala de izquierda alemana bajo el liderazgo de Rosa Luxemburg y Karl Leibknecht los únicos que resistieron la prueba. El 4 de Agosto de 1914, todos los representantes socialistas en el parlamento Alemán, con la excepción de Kart Liebknecht, votaron a favor de fondos para la guerra. Y también lo hicieron los representantes de los partidos socialistas en otros países. En Rusia, los únicos que votaron de acuerdo con el Manifiesto de Basle, fueron los cinco miembros de la fracción del partido Bolchevique de Lenin en la Duma Zarista (Parlamento). Ellos fueron arrestados, juzgados y sentenciados a cadena perpetua en Siberia.

La izquierda revolucionaria no solo sufrió una represión personal inmensa. Sus organizaciones declinaron drásticamente entre 1914 y 1917. A los socialistas patriotas se les permitió publicar sus periódicos y revistas y mantener sus asientos en el Parlamento.






Eugene Debs


En Estados Unidos, Eugene Debs, un militante de la clase obrera y líder del ala izquierdista del Partido Socialista, dirigió la oposición mas determinada contra la primera guerra mundial. En 1918, a la edad de 63 años, fue sentenciado a 10 años de prisión bajo el Acta de Sedición por hablar contra la participación estadounidense en la primera guerra mundial.

En discursos a lo largo del país, Debs divulgó el mensaje de que los trabajadores de Estados Unidos no tenían nada que ganar, pero todo que perder, si participaban en la guerra de sus jefes.

Aunque ellos fueron reprimidos y aislados políticamente en 1914, fue esa posición de principios de Lenin, Leibknecht, Luxemburg y Debs lo que los convirtió en héroes de la clase obrera internacional. A medida que la matanza de la primera guerra mundial se iba desarrollando—más de 15 millones murieron—el patriotismo y el chauvinismo nacionalista que había infectado la clase obrera en 1914 empezó a disiparse. Mientras la burguesía exitosamente desprestigió al “enemigo” al principio de la guerra, al final millones vieron la verdad en la posición revolucionaria internacionalista. Las luchas revolucionarias empezaron a surgir en Alemania y en Rusia.

La lucha en contra del oportunismo y el chauvinismo aisló a la gente de la izquierda revolucionaria a comienzos de la guerra en 1914, resultando en una represión terrible. Pero fue una precondición necesaria para la victoriosa revolución socialista que tomó lugar en Rusia tres años después.

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