El viaje de marzo, ampliamente anunciado, del presidente de los Estados Unidos ha expuesto ante el mundo el sentimiento antiimperialista que está creciendo a lo largo del continente.

Aun Bush no había puesto un pie en Brasil cuando ya se desataron las primeras protestas. Un día antes de que llegó, el 7 de marzo, campesinos sin tierra de Sao Paulo asaltaron una mina, un banco y otras propiedades corporativas para protestar su visita. La mayoría de las protestantes eran mujeres.

Al día siguiente, cerca de 30.000 mujeres sindicalizadas realizaron una protesta masiva en Sao Paolo conmemorando el Día Internacional de la Mujer. “Las mujeres estamos manifestando para decir ‘no’ al imperialismo estadounidense, ‘no’ al neoliberalismo y ‘no’ a la dominación de un país por otro,” dijo la organizadora Maria Fernanda Marcelino a la Agencia de Prensa Francesa AFP, el 8 de marzo.

Aún mientras el presidente del Brasil Ignacio ‘Lula’ da Silva bebía y cenaba con el presidente imperialista, su Partido de los Trabajadores (PT) estaba en las calles con los manifestantes. Algunos justificaban el papel de Lula por su papel de anfitrión haciendo lo que los diplomáticos hacen de estado a estado.

Otros no estaban dispuestos a justificarlo. Los miembros del Partido Socialismo y Libertad (PSOL), un grupo de izquierda que se separó del PT llevaban banderas de protesta llamando a Lula “amigo de un señor de la guerra.” (Xinhua, 8 de marzo)

El 9 de marzo en Bogotá cientos de estudiantes se enfrentaron con la policía en la Universidad Nacional. En la Ciudad de México hubo manifestaciones frente a la embajada de Estados Unidos. Todos gritando: “Bush fuera”. También llevaban miles de banderas haciendo una llamada al fin de la guerra contra Irak.






Hugo Chávez conduce una concentración antiimperialista en Argentina, el 9 de marzo.

Photo: Alejandro Pagni/AFP/Getty Images

Quizás el punto más resaltante de las protestas se realizó en la Argentina en 9 de marzo. Mientras Bush visitaba el Fraguan, el presidente de Venezuela Hugo Chávez ayudó a la realización de un mitin antiimperialista masivo al otro lado del río. Unas 40 mil personas se concentraron en el estadio de fútbol bajo la bandera: Integración de América Latina en contra del imperialismo”.

“Estos eventos han sido organizados para decir ‘no’ a la presencia del patrón imperial en nuestras heroícas tierras de nuestra América”, dijo Chávez a las multitudes.

Una nueva realidad política

Los países que Bush eligió para visitar son un reflejo de la intención que el gobierno de los Estados Unidos tiene para afrontar la nueva realidad política que está formando en el continente. Él visitó Brasil, Uruguay, Colombia, Guatemala y México.

Los tres últimos países son gobernados por gobiernos que son aliados al imperialismo estadounidense. Pero los gobiernos de Lula en Brasil y del presidente Tabaré Vásquez en Uruguay muchas veces se enlistan entre los países que han “dado un giro hacia la izquierda” en América Latina.

El corresponsal experto en Latinoamérica para el New York Times, Larry Rohter, resumió la situación política en su artículo del 5 de marzo. “El Dr. Vásquez, así como el Sr. da Silva, ha migrado hacia el centro y ha abandonado grandemente esa retórica ardiente tan común del Sr. Chávez,” anotó Rohter.

Claro que a los diplomáticos imperialistas les importa poco la retórica y mucho la política que los gobiernos persiguen. Brasil y Uruguay han tenido mucho cuidado de no salirse del marco del FMI y de los mercados internacionales mientras que Venezuela—y Bolivia cada vez más—están retando a estos bancos y corporaciones con nacionalizaciones y con la creciente intervención del pueblo en la economía.

Claramente, algunos elementos de la clase dominante quieren tomar ventaja de este “centrismo” político. “Los Estados Unidos quiere utilizar a Lula como una contra partida [de Chávez],” dijo el ex ministro de relaciones exteriores del Brasil, Felipe Lampreia al New York Times el 5 de marzo, añadió, “para demostrar que se puede tener un gobierno de izquierda con un enfoque fuerte en las asuntos sociales, distribución de la riqueza y pobreza sin necesidad de ser radical.”

Naturalmente, el gobierno de Brasil que favorece a las políticas de las corporaciones no ha hecho nada para resolver los asuntos sociales y medio ambientales que encaran las masas en el Brasil.

¿Falta de enfoque?

El viaje de Bush fué ampliamente marcado como la oportunidad de la administración para “enfocarse” en América Latina. Pero fue interpretado como un esfuerzo para contrarrestar la creciente popularidad de Chávez a lo largo y ancho del continente.

América Latina “desesperadamente necesita atención de los Estados Unidos”, afirmo el economista Kenneth Rogoff, profesor de Harvard y ex director del Fondo Monetario Internacional, el 3 de marzo a la Prensa Asociada. “Nosotros la hemos ignorado por mucho tiempo. Especialmente ahora cuando se está dando un gran giro hacia la izquierda. 

“La influencia de Chávez es cancerosa,” continuó Rogoff “Este es un momento muy peligroso y los intereses a largo plazo están siendo profundamente amenazados.”

El titulo del artículo del AP fue indicativo: “Las preocupaciones seguirán a Bush a Latino América.”

La administración de Bush insiste en que no ha ignorado a América Latina. De hecho, eso es verdad. Consideremos dos eventos que se llevaron a cabo en las semanas anteriores a la visita de Bush a América Latina.

Cargos falsos de drogas

El 20 de febrero, un jurado de Washington, D.C. condenó a Anayibe Rojas Valderrama por tráfico de drogas.






Encarcelada en una prisión de EEUU, la prisionera política Sonia es blanco de la intervención estadounidense en América Latina.

Photo: Policia Nacional/AFP/GettyImages

Rojas es conocida como Sonia. Una mujer de 38 años nacida en la zona rural de Colombia de padres campesinos, ella había servido como enfermera y soldada en las Fuerzas Revolucionarias Armadas de Colombia-Ejercito del Pueblo. (FARC-EP). Fue extraditada a los EE.UU. en marzo del 2005 después de haber sido capturada en el 2004.

El juicio fue una farsa. La única evidencia que tenían en su contra era el testimonio de unos informantes del gobierno estrechamente vinculados al tráfico de drogas en Colombia.

Sonia será sentenciada en mayo y podría servir 30 años de presión en los Estados Unidos.

Sonia se ha unido a la fila de prisioneros políticos en los Estados Unidos que van desde su camarada y comandante de las FARC-EP Simón Trinidad—quien está esperando un nuevo juicio después de que el primer esfuerzo por condenarlo haya acabado en un jurado en desacuerdo—hasta los prisioneros políticos condenados a muerte como Mumia Abu-Jamal. 

Su juicio, condena y encarcelamiento son parte de una campaña más grande: justificar lo que se ha convertido en una de las intervenciones más grandes de los Estados Unidos en América Latina en la historia de intervenciones y guerra.

Este caso es parte de la guerra continua y prolongada del gobierno estadounidense contra las FARC-EP y contra todo el movimiento revolucionario del pueblo colombiano disfrazado bajo el pretexto de la “guerra anti drogas”. El Departamento de Estado y el Pentágono acusan a las fuerzas revolucionarias de estár vinculadas al narcotráfico, cuando una y otra vez han sido los miembros del gobierno colombiano, de las fuerzas derechistas paramilitares y los militares estadounidenses los que están implicados en estos incidentes de narcotráfico y terror.

La represión continúa en Colombia

La verdad es que el gobierno colombiano del presidente Álvaro Uribe está continuando una guerra brutal contra el pueblo colombiano que dura ya cerca de 60 años. A pesar de su campaña pública de “limpiar” el gobierno, Uribe continúa con la política terrorista de escuadrones de la muerte contra la clase trabajadora y los campesinos colombianos.

También se hace visible por un segundo evento que precedió el viaje de Bush también en Colombia. Yolanda Izquierdo, una madre de cinco hijos, de 43 años, había sido desplazada de su tierra por los ataques paramilitares hace 10 años. Ella había surgido como una líder de un grupo representando a más de 800 familias desplazadas que están intentando regresar a sus tierras.

El 31 de enero, dos hombres enmascarados, dispararon a Izquierdo en la cabeza. Yolanda fué una de las 12 víctimas de la violencia paramilitar en enero, en solo el estado de Córdoba. Córdoba es una fortaleza de fuerzas derechistas de escuadrones de la muerte paramilitares.

Los dos eventos juntos—el encarcelamiento de Sonia por el gobierno estadounidense y el asesinato de Izquierdo—esto nos da una idea de la realidad intervencionista de los Estados Unidos en América Latina hoy en día.

Esto resalta la vasta cantidad de ayuda militar que los Estados Unidos ha dado a Colombia desde la administración de Clintón. La administración de Bush continuó donde Clintón dejó, habiendo enviado más de 4 mil millones de dólares en la llamada ayuda desde el año 2000—$800 millones solamente el año pasado, la mayoría para ayuda militar.

Con el nivel de la intervención militar, incluyendo los cientos de tropas militares cubiertas y abiertas de los Estados Unidos y los contratistas, no puede decirse que se esté “ignorando” a América Latina.

Esta intervención no es nueva, comenzó a escalar en 1996 cuando la lucha entre las FARC-EP y la clase dominante de Colombia alcanzaba su clímax.

Un cambio en el balance

Sin embargo, en los últimos años está asumiendo un significado nuevo. El gobierno de Uribe ya no solamente es un instrumento contrarrevolucionario contra la insurrección doméstica. Ahora, es el estado militar continental—con una frontera amplia con Venezuela—que juega el papel para el imperialismo estadounidense parecido al de Israel en el Medio Oriente.

La fuerza militar de Colombia rebasa las 220 mil tropas. Aunque es un ejército de conscripción que históricamente sufre de una baja moral por la lucha contra el movimiento revolucionario obrero y campesinado, sus fuerzas elitistas se han endurecido en el combate.

A pesar de la represión extrema por la clase dominante colombiano, la creciente combatividad de los sectores oprimidos de América Latina es un estímulo poderoso para la lucha ahí. Esto es lo que se expuso con las movilizaciones en contra de la visita de Bush.

El viaje de Bush resalta la contradicción más básica en América Latina en la actualidad: la esperanza y las aspiraciones de los trabajadores y oprimidos del continente, por un lado, y el poder del imperialismo estadounidense y sus lacayos, por el otro.

Cada vez es más claro que el balance político se está inclinando hacia los trabajadores.