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Editorial del PSL – ¡China no es nuestra enemiga!

Foto: Apertura del 20 Congreso del Partido Comunista de China. Crédito — Xinhua/Yue Yuewei

El Partido Comunista de China acaba de concluir su 20 Congreso —la junta decisoria más importante que toma lugar cada cinco años. Durante el congreso, y especialmente durante el cierre, los Esstados Unidos demonizó a China y la presentó como la mayor amenaza al mundo. Pero la gente de los EE. UU. No tienen nada que temer de China o el liderazgo de su gobierno. 

El congreso está compuesto de sobre 2,000 delegados electos de los 97 millones de entre los miembros del partido. El periodo previo al congreso fue uno de reuniones extensas y deliberaciones que involucraron a decenas de millones de personas a cerca de los asuntos más importantes para la sociedad china. El congreso elige el liderazgo del partido, el que a su vez ocupa posiciones directivas en instituciones gubernamentales y económicas clave.   

La élite política y mediática pinta esta asamblea como una cumbre amenazante en la que el liderazgo chino trama cómo apoderarse del mundo. Se han enfocado especialmente en la personalidad de Xi Jinping, el Presidente de China y el líder del Partido Comunista, y en el hecho de que fue electo para un tercer término a pesar de que los últimos líderes chinos se han limitado a dos términos. Esto no es un tipo de movida dictatorial nunca antes vista —cuando un país está pasando por un periodo de cambios internos significativos y presiones externas difíciles, no es raro ver que la gente apoye a un líder por un periodo extendido de tiempo. Franklin Roosevelt, por ejemplo, fue electo a cuatro términos mientras los EE. UU. lidiaba con la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial. 

En realidad, lo que los delegados abordaron en el congreso refleja un partido gobernante que se preocupa profundamente por el bienestar del pueblo chino y que está comprometido con hacer mejoras a una amplia gama de áreas. Este trabajo se llevo a cabo con un nivel de seriedad y sinceridad que sería difícil de encontrar en el Senado o en las juntas de los comités nacionales demócratas o republicanos. 

El congreso discutió cómo hacer la distribución de los ingresos más equitativa y cómo expandir los programas de asistencia social para lograr “prosperidad común”. Los delegados abordaron la pregunta de cómo superar el desarrollo desigual entre las áreas costeras más adineradas y las áreas rurales más pobres. Xi Jinping identificó las acciones para lidiar con el cambio climático como una prioridad clave en su discurso de apertura al congreso, arguyendo que “Respetar y adaptarse y proteger a la naturaleza era esencial para desarrollar China y convertirla en un país socialista moderno en todos los aspectos… Priorizaremos la protección ecológica, conservaremos recursos y los usaremos de manera eficaz y promoveremos el desarrollo de bajo carbono”. 

Otro tema clave que se abordó durante el congreso fue cómo combatir la corrupción entre los oficiales públicos. El partido se comprometió una política de cero tolerancia con respecto a cualquiera que venda influencia o use su oficina para ganancia económica. ¡Tremendo contraste con los EE. UU., donde la corrupción es una industria reconocida legalmente llamada cabildeo! Y en cuanto a relaciones exteriores, Xi declaró en su discurso que “China se opone firmemente a toda forma de hegemonismo y políticas de poder, la mentalidad de la Guerra Fría, interferir en los asuntos internos de otros países y a los estándares dobles… No importa qué nivel de desarrollo alcance, China nunca buscará la hegemonía o el expansionismo”. 

Pero Washington y Wall Street sí buscan la hegemonía, y la clase dominante de los EE. UU. ha llegado al consenso de que China es el obstáculo principal en su búsqueda por dominar el planeta entero. 

Mientras el gobierno estadounidense sigue su estrategia de Guerra Fría, los trabajadores del país sufren. La inestabilidad económica en el mundo está empeorando aun más con los esfuerzos por separar a China del resto de la economía global como las medidas recientes para devastar el comercio importantísimo de microchips entre China y los EE. UU. Y una porción cada vez mayor del presupuesto nacional es devorado por el apetito billonario del Pentágono mientras los niveles de pobreza aumentan y los servicios sociales y la infraestructura básica están a punto de colapsar. No podemos dejarnos convencer por las fuerzas que invierten una enorme cantidad de tiempo y dinero tratando de convencer a la gente de que China es nuestra enemiga.

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