Desde los años 1940 hasta los 1970s, la labor Indígena Estadounidense extrajo aproximadamente cuatro millones de toneladas de mena de uranio en el sudoeste de los EEUU. Empleando a tribus desesperadas desde los Dakotas hasta las tribus Pueblo de Nuevo México, las corporaciones han abusado de las poblaciones indígenas en todo el país para cosechar su nuevo lujo de la muerte.

Sin entender completamente el ambiente tóxico al cual eran sometidos, los trabajadores indígenas construían minas y excavaban uranio de la tierra con carretillas y picos, sin ningún artículo protector. Tomaban agua escorrentía de las paredes de las minas y comían dentro de los túneles llenos de polvo ionizado e irradiado. Los trabajadores no solamente llevaban a casa el polvo radioactivo, sino que también vivían cerca de donde los desechos de las minas eran vertidos a los alrededores de los pueblos. El pueblo en que vivió mi propia madre cuando niña se encontraba cerca del vertedero de desechos “Metales Raros” en Arizona, en donde no había ninguna advertencia sobre el contenido peligroso del sitio.

Tuba City es un pueblo grande Navajo conocido por su moledura de uranio desde 1956 hasta 1966. Luego de ser abandonado con materiales radioactivos aún adentro, los materiales de la moledura fueron utilizados para reconstruir hogares y edificios a través la reserva india. Los efectos negativos de la minería de uranio a la salud han estado bien documentados y han sido sospechados durante siglos, desde 1556, pero las familias indígenas no fueron advertidas de los peligros conocidos de vivir cerca de las minas y de trabajar en ellas.

La minería de uranio en el Sudoeste ayudo a propulsar a los Estados Unidos al lugar del nuevo líder mundial en la carrera armamentista nuclear, mientras que perpetuaba el genocidio contra los indígenas que ha durado por siglos.

Muchos lugares en el Sudoeste todavía sufren de los efectos tóxicos de la minería de uranio, desde Utah y el norte de Arizona hasta el oeste de Nuevo México y el sur de Colorado. Las familias de los pastores de ovejas y pequeñas comunidades alrededor de la reserva india aún esperan fondos para proyectos de limpieza que fueron prometidos hace años. Ex-mineros luchan contra condiciones de salud peligrosas en áreas remotas de las reservas indias en donde faltan hospitales y clínicas cercanas para dar cuidado a aquellos que fueron afectados por el legado mortífero del imperialismo estadounidense. Con suministros de agua limitados en el sudoeste, generaciones se han criado tomando agua de pozos contaminados por las minas de uranio.

Un estudio reciente de la Universidad de Nuevo México mostró altos niveles de radiación en todas las familias examinadas de las tribus locales del sudoeste, incluyendo los bebés recién nacidos. A pesar de que el presupuesto para la limpieza se monta sobre los billones de dólares, los fondos son utilizados para crear más armas.

La minería del uranio es solo una de las varias maneras en que las tribus indígenas fueron utilizadas para el lucro de las corporaciones y los presupuestos de defensa. Mientras los estudios de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) han resultado en alguna compensación, muchas de las personas afectadas ya han fallecido de cáncer pulmonar y otras formas de cáncer debido a la exposición a la radiación. Con las muertes de estas víctimas, muchas de las historias de los horrores sufridos por los mineros de uranio se han perdido. Con la continuación de los esfuerzos del presidente Trump de desmantelar la EPA y eliminar las investigaciones y protecciones para las comunidades indígenas viviendo cercas de las minas, vemos una nueva ola de la privatización de las instituciones gubernamentales de examinación. Pero debemos recordar que el ex-presidente Barrack Obama también invirtió 1 trillón de dólares en renovar y actualizar el arsenal nuclear estadounidense durante su mandato. La carrera armamentista nuclear está siendo resucitada por la política exterior estadounidense cada vez más agresiva, independientemente de quién ocupe la Casa Blanca.

Algunos funcionarios están intentando reintroducir la minería de uranio, diciendo que ayudará a aliviar a comunidades impactadas por la pobreza. Mientras las corporaciones en colaboración con élites locales explotan a las comunidades indígenas para extraer grandes ganancias, debemos levantarnos a luchar por la autodeterminación, para proteger el planeta y defender a nuestro pueblo. Como dijo el gran líder indígena, Crazy Horse, “no se vende la tierra en que camina la gente.”

Traducido por: Keiti Rubio