Foto: Las fundadoras del Colectivo del Río Combahee Beverly Smith (segunda desde la izquierda), Barbara Smith (segunda desde la derecha) y Demita Frazier (derecha) organizaron una protesta en 1979 contra una serie de asesinatos de mujeres negras en Boston.

El 1º de abril marca el 40 aniversario de una protesta contra los “Asesinatos de Roxbury” de 1979. Una multitud de 1.500 personas se reunieron en la cuadra de Boston Common para protestar los asesinatos de siete mujeres negras que habían ocurrido durante un período de tres meses en Roxbury y Dorchester. Mientras la multitud recordaba a las siete víctimas, llegaron noticias de un octavo asesinato. En mayo, el número de mujeres negras asesinadas en el área aumentó a 12. Los medios de comunicación tradicionales no les dieron cobertura a estos asesinatos.

Gran parte de la respuesta organizada a los asesinatos fue encabezada por el Colectivo del Río Combahee (CRC) de Boston, una organización feminista socialista negra recordada hoy por su trabajo innovador de establecer conexiones entre el capitalismo, el racismo y la opresión de la mujer. Además de organizar la protesta del 1º de abril, el CRC diseñó un folleto titulado “Seis mujeres negras: ¿Por qué murieron?” que circulaba por las calles, en las protestas y más. El folleto instaba a los lectores a analizar las condiciones sistémicas que hacen que las mujeres negras sean más vulnerables a la violencia, debido a su raza y su género:

“En la comunidad negra, a menudo se ha hablado de los asesinatos como crímenes exclusivamente raciales o racistas. Es cierto que la respuesta de la policía y los medios ha sido racista. Es cierto que las víctimas eran todas negras y que las personas negras siempre han sido blanco de la violencia racista en esta sociedad, pero es importante resaltar que todas eran mujeres. Nuestras hermanas murieron tanto por ser mujeres como por ser negras.”

Otra tragedia en Boston

La violencia desenfrenada contra las mujeres negras en todo el país y a nivel local en Boston no es una reliquia del pasado. Al finales de febrero, una madre de 23 años, Jassy Correia, fue asesinada brutalmente días después de ser secuestrada en un club nocturno de Boston mientras celebraba su cumpleaños. Algunas de las respuestas al asesinato de Correia se han centrado en lo que ella y sus amigos podrían haber hecho para evitar la tragedia. Tales respuestas, independientemente se su intención, culpan a las víctimas de estos crímenes y no a los hombres que los cometen y a la sociedad que los permite.

Una solución que ha sido propuesta para tema de la violencia contra las mujeres negras es que los “hombres protejan a sus mujeres.” Sin embargo, la idea de que los hombres deben ser los “protectores” de las mujeres refuerza la idea misógina de que las mujeres son débiles e incapaces de valerse por sí mismas.

En el capitalismo hay una desigualdad económica enorme, y las mujeres (en especial las mujeres de nacionalidades oprimidas) se encuentran sobre-representadas entre los desempleados y los pobres. Por tanto, las mujeres de la clase trabajadora a menudo se ven obligadas a depender económicamente de los hombres. Esta jerarquía económica además de una misoginia ??, hace que las mujeres sean más propensas a ser víctimas de violencia doméstica y de otras formas de violencia horizontal a manos de los hombres en sus propias comunidades. Según un estudio realizado en el 2015 por el Centro de Políticas de Violencia, las mujeres negras tiene una probabilidades dos punto cinco veces mayor de ser asesinadas por hombres que las mujeres blancas. En otras palabras, a menudo las mujeres negras son asesinadas por hombres negros, como parece haber sido el caso de Jassy Correia.

La lucha por la liberación de las mujeres negras sigue

El alto índice de violencia de género y otras formas de intolerancia dentro de nuestras comunidades plantea grandes desafíos para la lucha de la liberación de los negros. Como feministas socialistas negras, el CRC presentó un macro de cómo avanzar en nuestra lucha hacia la liberación sin excluir a los miembros más vulnerables de nuestras comunidades o abandonar a aquellos que han interiorizado ideologías opresivas. En la Declaración del Colectivo del Río Combahee de 1977, los miembros escribieron:

“Aunque seamos feministas y lesbianas, expresamos nuestra solidaridad con los hombres negros progresistas y no abogamos por la división que exigen las mujeres blancas que son separatistas. Nuestra situación como personas negras nos exige que expresemos nuestra solidaridad con el tema de la raza … Luchamos junto con los hombres negros contra el racismo, mientras que también luchamos contra los hombres negros en cuanto al sexismo. Nos damos cuenta de que la liberación de todos los pueblos oprimidos requiere la destrucción de los sistemas político-económicos del capitalismo y el imperialismo, así como del patriarcado.”

Debemos reconocer que, si bien la supremacía blanca es la barrera principal para la libertad de los negros, no es un sistema aislado. Sin un análisis de cómo el patriarcado, el capitalismo y la supremacía blanca están entrelazadas íntimamente entre ellas y en la sociedad, malentenderemos e incluso llegaremos a participar en la opresión de los unos a los otros. Las socialistas y las feministas dentro de la comunidad negra combatimos la misoginia y los comportamientos depredadores porque es un asunto de vida o la muerte para las mujeres negras.

El ser negro es cualquier cosa menos un monolito, por lo que la lucha por la liberación negra no puede avanzar con un entendimiento monolítico de la opresión. Solo mediante un movimiento socialista revolucionario anti-sexista, antirracista lograremos las mujeres negras nuestra liberación colectiva; ¡Un futuro libre de explotación y violencia!