Hay algo muy significativo en marcha. Una rebelión de maestros se ha vuelto viral en Virginia Occidental, Oklahoma, Colorado, Arizona y otros estados que en su mayoría votaron por Donald Trump en las elecciones de 2016. Y sigue fuerte. Incluso el Wall St. Journal, el portavoz corporativo de hostilidad contra los sindicatos tuvo que confesar que “Las tácticas de los sindicatos de maestros y la tasa de su éxito… son extraordinarias.”

En un artículo titulado “Por qué las huelgas de maestros se están convirtiendo en un movimiento nacional,” este portavoz mediático de los súper-ricos lamenta la popularidad de las huelgas. El Journal observa que un grupo de maestros de Facebook en Oklahoma adquirió más de 73.000 miembros en un periodo muy breve. Reporta que la legislatura en ese lugar aprobó un impuesto anteriormente “inimaginable” de 5 por ciento sobre la producción de gas y de petróleo, superando el requisito muy alto de un voto de 75 por ciento para cualquier aumento de impuestos. ¿Por qué? Los funcionarios elegidos respondían a las demandas de los maestros por el financiamiento para la educación, dice el Journal.

Mientras que el Partido Republicano está en un pánico para reprimir el levantamiento de maestros, los Demócratas buscan desviar la lucha hacia los canales electorales. ¿Han olvidado los Demócratas que fueron sus peroratas altivas y promesas falsas que ayudaron a la elección de Trump en primer lugar? ¿Qué no se han dado cuenta de que los maestros ya no creen en las promesas falsas hechas por políticos que sostienen que “están a tu lado?”

¿Qué ha pasado? ¿Y qué significa?

La revuelta de los maestros continúa

El 26 de abril, unos 50.000 maestros en Arizona salieron de sus trabajos demandando salarios más altos tanto para ambos ellos mismos como para personal de apoyo escolar, además de un incremento al financiamiento para la educación. Ese mismo día, en lugar de ir al trabajo, 15.000 educadores en Colorado se congregaron en su capital estatal, levantando muchas de las mismas demandas.

Esto viene inmediatamente después de la huelga exitosa de maestros en Virginia Occidental y las luchas actuales de maestros en Oklahoma y Kentucky.

La situación de los maestros es parecida en todos lados. Según una encuesta de del 2 de mayo de NPR, 59 por ciento de los maestros tienen un segundo trabajo, y 8 de 10 han comprado materiales escolares con su propio dinero. Después de años de recortes constantes de impuestos para los ricos, y de reducciones de financiamiento para la educación—para los maestros, personales de apoyo y materiales escolares—los maestros, 75 por ciento de los cuales son mujeres, han respondido con mítines masivos, coreando “¡Ya no aguantamos!” y “¡La educación es nuestro derecho!”

Solidaridad con estudiantes pobres y obreros

Los maestros en todos los estados en huelga están recaudando fondos para ayudar a alimentar a los estudiantes hambrientos y pobres que dependen en la escuela para el desayuno y el almuerzo. Sin la escuela, muchos estudiantes no comerían, y por eso los maestros también están en huelga por ellos, haciendo demandas que priorizan la educación y al bienestar de los estudiantes en su lucha. Los maestros, muchos de los cuales están saliendo a las calles en estados con grandes poblaciones de Latinos, están demostrando solidaridad con los estudiantes pobres y obreros.

Las condiciones son mucho peores en Puerto Rico, cuyo estado colonial y negligencia racista de la administración Trump ha representado un impedimento severo para la recuperación tras la devastación del huracán María. El verdadero gobierno en Puerto Rico, La Junta de Control Fiscal designado por el gobierno federal, ha utilizado la crisis para cerrar cientos de escuelas, para despedir a miles de maestros, y para aumentar la privatización de las escuelas públicas. El 19 de marzo, unos 16.000 maestros de las escuelas públicas salieron de las clases en una huelga de un día y marcharon a San Juan para protestar la privatización y para demandar el financiamiento de la educación pública.

Los paros han ganado apoyo popular a lo largo del país. Según una encuesta del 26 de abril de NPR, solo una de cuatro personas en los EE.UU. creen que los maestros están bien pagados. Casi dos tercios aprueban de los sindicatos de maestros nacionales, y tres cuartos están de acuerdo con que los maestros tengan derecho de estar en huelga. Esa última cifra incluye a dos tercios de republicanos, tres cuartos de partidos independientes y casi 9 de 10 demócratas auto identificados.

Sustentados por el apoyo popular arrollador en todos lados, los maestros han resistido contra las promesas falsas de los políticos, las amenazas de multas y encarcelamiento y una cobertura hostil en la prensa. Saben que luchan por cada maestro, por cada estudiante, por cada familia en su estado. El financiamiento para la educación ha sido reducido en todos lados; los salarios de los maestros se han estancado, al igual que los salarios del personal de mantenimiento y otros trabajadores de apoyo.

“El diablo está en los detalles,” no en las promesas vacías

Durante años, los políticos locales estaban felices de recortar fondos para la educación, privatizar las escuelas y transferir dinero a los que ya son ricos mediante recortes de impuestos. Ahora están haciendo promesas difusas a los maestros, diciendo “estoy de tu lado.” Pero han perdido la credibilidad. Frente a las amenazas del despido y de multas, los maestros están siguiendo adelante con sus paros hasta que sus demandas sean cumplidas. Están haciendo responsables a las legislaturas estatales, gritando “¡Ya no aguantamos!” como en Arizona y Colorado. Los líderes de sindicatos ansiosos de creer cualquier promesa que hagan los políticos han sido invalidados por la base, como en Virginia Occidental. Coros de “¡Lo que sea necesario!” han resonado de un estado al otro.

En Arizona, gobernador Doug Ducey en repetidas ocasiones les prometió un aumento salarial de 20 por ciento a los maestros. Sin embargo, Joseph Thomas, presidente de la Asociación de Educación de Arizona y Noah Karvelis, maestro de música y organizador con los Educadores Unidos de Arizona, publicaron una declaración conjunta el 28 de abril, reportada por ABC Arizona:

“Tenemos un comunicado de prensa y un tweet del gobernador. No tenemos ninguna ley. No tenemos ningún trato. El diablo está en los detalles. Sabemos que ya hemos recorrido este camino. Hace promesas que no puede cumplir. No podemos confiar en él.” Se planifica que el paro continuará para el lunes.

Manifiesto Powell de 1971 dio paso a la reacción

Muchos rastrean el origen de la época reaccionaria actual hasta el Manifiesto Powell de 1971. Esta fue una respuesta derechista a los movimientos progresistas crecientes de esa época. El manifiesto declaró: “No debe haber ninguna vacilación en atacar… de presionar vigorosamente en todas los ámbitos políticos por el apoyo del sistema de la libre empresa. No se debe vacilar en castigar políticamente a aquellos que lo opongan.”

Escrito por el abogado corporativo y futuro Juez de la Corte Suprema Lewis Powell, Jr., el manifiesto era un llamado a las armas para una guerra más agresiva contra la gente pobre y trabajadora, con el racismo encabezando el ataque. Promocionó una campaña de propaganda masiva que continúa hoy mediante los comités de expertos corporativos como la Fundación de Herencia y el Instituto Cato, mediante los medios de comunicación como Fox News y CNN, mediante las universidades y de otras maneras.

El primer presidente que representó plenamente la perspectiva del manifiesto fue Ronald Reagan, quién comenzó su mandato en 1980 después de 20 años de inestabilidad política en los Estados Unidos. Declaró que “el gobierno no es la solución a nuestros problemas, el mismo gobierno es el problema.” Por supuesto, esto no le impidió duplicar el presupuesto militar y recortar los impuestos para los ricos, mientras que recortaba los programas sociales para la gente trabajadora y pobre. Tampoco le impidió despedir a los controladores aéreos en masa cuando se atrevieron a ponerse en huelga, a pesar de su apoyo por Reagan durante su campaña electoral. Amargamente, los controladores despedidos repartían una carta de Reagan prometiendo que, dado que era “un antiguo miembro sindical,” entendía sus problemas.

Los capitalistas pensaban que lo tenían todo resuelto…

El Manifiesto Powell dio paso a casi 40 anos de racismo y reacción malvados, sexismo, discriminación contra las personas LBGTQ, represión sindical, y la supresión general de los derechos sindicales.
Como si esto fuera poco, cuando cayó la Unión Soviética y otros países socialistas en 1991, desmoralizó a casi una generación completa de luchadores obreros que creían que podría haber una verdadera alternativa al capitalismo sin restricciones.

Los capitalistas, de todas maneras, estaban eufóricos. Podrían haber usado su confianza recién adquirida para limitar los lucros, aumentar los salarios, promulgar el empleo pleno, combatir el racismo, cumplir el “dividendo de paz” que le prometieron a los trabajadores al final de la Guerra Fría. Pero eso no sucede en el capitalismo. Se aprovecharon de la desmoralización y la confusión de la clase obrera para enriquecerse mediante el robo de los salarios y de recursos naturales a niveles más altos. El racismo y la reacción eran desenfrenados y la diferencia entre los ricos y los demás parecía imparable.

Los capitalistas tenían pensado seguir robando y robando hasta que fueran detenidos. Pensaban que lo tenían todo resuelto. Inclusive sostuvieron que después de la caída de la Unión Soviética que su realidad era “el fin de la historia.” Pero no era el último capítulo.

…fueron tomados por sorpresa por la revuelta de los maestros

Después de la elección del demagogo racista Donald Trump, ¿quién hubiera predicho que una lucha tan poderosa estallaría, y en los estados con población mayoritariamente blanca que votó por él?
A pesar de los esfuerzos mas vigorosos de los medios corporativos de desviar este movimiento hacia los canales electorales, ¿quién hubiera pensado que su mensaje falso de “permítenos hacer por ti lo que no queremos que hagas por ti mismo” ya no sirvieran?

El hecho es que, a pesar de todas las declaraciones de los medios corporativos de que muchos estados son “tierras de Trump,” en realidad son tierras de la clase obrera. La lucha ha revelado que esto es cierto, alarmando mucho a los capitalistas.

Los poderosos también se preocupan de que, al enfrentar recortes presupuestarios contantes, los trabajadores identificarán y confrontarán al verdadero “elefante en la habitación,” el presupuesto militar masivo que está drenando de vida a los presupuestos estatales, municipales y federales.

¿Se aproxima una reestructuración?

¿Será que esta lucha de los maestros es un indicador de que se avecina una reestructuración política dentro la clase obrera hacia la unidad de clase antirracista?
¿Será posible que los obreros blancos reconozcan las características compartidas y muestren solidaridad con la comunidades negras y latinas que han sufrido lo peor de la ofensiva racista y anti-obrera, y que han estado luchando por tanto tiempo? Una orientación efectiva liderada por el movimiento progresista general puede facilitar esta transición.

Como explico Michelle Alexander en su libro revolucionario “The New Jim Crow,” la clase obrera necesita una “coalición durable, interracial, de base que… busque alguna manera de que los obreros y pobres blancos sientan un interés tangible… en lo que podrían ganar como resultado de la integración.”

Los círculos de los dirigentes están vigilando muy de cerca la revuelta de los maestros para entender cómo quebrarla. El movimiento progresista también debe vigilarla – buscando maneras de extender, profundizar y fortalecer a esta lucha. Un movimiento obrero fuerte, independiente y antirracista definitivamente estaría en el interés superior de todos los trabajadores.

Traducido por Katie B.