Más de un millón de personas llegaron a Washington DC el 20 de enero del 2009 para ser testigos de la inauguración de Barack Obama. Muchos estaban motivados por la salida de la odiada administración de Bush, otros reconocieron el significado histórico del primer presidente afroamericano de un país fundado en el racismo.

Casi todos los que llenaron el área en frente del Capitolio honestamente creyeron en la promesa de cambio del nuevo presidente. Todo tipo de personas se hicieron presente, pero un grupo en particular participó de forma masiva – la juventud.

La juventud fue parte primordial de la campaña de Obama y contribuyeron en gran manera hacia su victoria. Una gran mayoría de votantes entre las edades de 18 a 29 (66 por ciento) votaron por Obama, la proporción más grande de cualquier grupo.

Después de tomar las riendas, Obama capturó las esperanzas y la alegría de esta nueva generación cuando dijo: “Si todavía hay alguien que duda que América es un lugar en donde todo es posible….Que todavía duda el poder de nuestra democracia, esta noche tiene su respuesta”.

Pero nuestra respuesta real no vino el día de la inauguración sino en los meses y años que le siguieron. Aunque la presencia militar en Irak fue reducida después de asegurarse de que un régimen cliente no sería derrocado, la administración de Obama triplicó el número de soldados en Afganistán, intensificó los bombardeos de drones en Pakistán e inició el bombardeo masivo de Libia para instalar un régimen aliado a los EE.UU.

El problema del desempleo y el bajo nivel de empleo para los jóvenes fue totalmente relegado y continua a niveles catastróficos. Igualmente, la terrible deuda estudiantil – que ahora es más de un mil millónes de dólares, más que la deuda de tarjetas de crédito – no fue aliviada por ninguna iniciativa de la nueva administración.

El racismo continua. La policía sigue asesinando a jóvenes latinos y afroamericanos sin consecuencias, y el complejo carcelero industrial se expandió. Se deportaron más personas que bajo la administración de Bush.

Así que ahora, cuatro años después, muchos miembros de la misma generación que fueron responsables por la elección del presidente sienten justamente una sensación de traición.

Pero sería una victoria para los donantes millona-rios y los caros asesores que pagaron por la maquinaria de Obama 2008 si esta sensación de traición resulta en que los jóvenes se queden en los márgenes sin hacer nada. Aunque el Partido Demócrata dirigió nuestra energía hacia este resultado, los ideales y las aspiraciones de millones de jóvenes que apoyaron a Obama fueron y son correctas y admirables. Es correcto querer cambiar la sociedad que es tan injusta. No es utópico tener esperanzas para un futuro mejor. Pero si apoyar a los demócratas no hizo esto, ¿entonces, ¿qué podemos hacer?

La experiencia de la presidencia de Obama es un componente crucial de los hechos que definen el desarrollo de la conciencia política de nuestra generación. La imagen de los Estados Unidos como un país de integridad infalible y de gran poder fue tachada cuando se robaron las elecciones en el año 2000, con el ataque del 11 de septiembre y con los escándalos de las grandes corporaciones empezando con Enron en octubre del 2001.

Entonces conocimos la realidad del imperialismo a través de la invasión y ocupación de Irak basada en excusas totalmente falsas. La crisis económica del 2008 y el enorme rescate económico de los bancos mas grandes del mundo lleva a muchos jóvenes a buscar una alternativa al sistema injusto y criminal del capitalismo.

Fue en este momento crítico, cuando la legitimidad del orden social del momento estaba cayéndose, que el fenómeno de Obama canalizó la energía potencialmente explosiva hacia el espacio inofensivo electoral. Pero esta distracción simplemente pospone la inevitable lucha de clases.

El año pasado, el movimiento Occupy, liderado por jóvenes, salió y marcó el comienzo de un contraataque popular en contra de los bancos y los grandes jefes corporativos.

Otro movimiento masivo liderado por la juventud se desarrolló después del asesinato de Trayvon Martin. Por medio de la militancia y la determinación, esta expresión de furia forzó a las autoridades a llevar a George Zimmerman a juicio. Esta vez la lección fue positiva — si luchamos, podemos ganar.

Mientras más jóvenes enfrentan las realidades del capitalismo, entonces se radicalizan aun más. La experiencia colectiva de nuestra generación nos lleva directamente a una conclusión – el sistema en su totalidad tiene que irse. La propiedad privada de los bienes sociales producidos por todos nosotros y todo lo malo que va con ello – la pobreza, el desempleo, el racismo, el sexismo, la homofobia, la guerra – todo se puede resolver si definitivamente y de manera total se destruyen las instituciones que mantienen ese sistema.

Esta conclusión es lo que nos lleva al Partido Socialismo y Liberación a postular como nuestra candidata presidencia Peta Lindsay — de 28 años de edad — y Yari Osorio — de 26 años — para vicepresidente. No tenemos ilusiones de este manipulado proceso electoral, pero sabemos que tenemos que utilizar todas las avenidas posibles para llegar a la gente pobre, a los trabajadores y a los jóvenes en lucha. Juntos podemos llevar a cabo la lucha por una sociedad basada en la paz, la igualdad y la solidaridad, no como un sueño o una utopía sino como algo totalmente posible en esta coyuntura crucial en la historia de la humanidad.