Una nueva guerra de agresión de Estados Unidos en el Medio Oriente apenas se ha sorteado. De acuerdo a la versión de los acontecimientos del presidente Trump, la operación para lanzar ataques militares contra Irán ya había comenzado cuando Trump decidió cancelarla en el último minuto. “Estábamos amartillados y cargados, listos para tomar represalias anoche en 3 lugares diferentes cuando pregunté: ¿Cuántos morirán? “150 personas, señor,” fue la respuesta de un general. 10 minutos antes del ataque lo detuve. No hubiera sido proporcional como respuesta al derribe de un avión no tripulado.”

La idea de que Trump suspendió los ataques militares por la preocupación por 150 vidas iraníes supera los límites de la imaginación, especialmente cuando Trump ha amenazado a Irán con una “destrucción como nunca se ha visto antes.” Para el gobierno de los Estados Unidos, al servicio de los grandes bancos y las mega corporaciones, las vidas, especialmente las vidas de personas de naciones oprimidas, no son motivo de preocupación. Trump difícilmente puede ser acusado de ser una excepción humanitaria entre una larga fila de presidentes de Estados Unidos con sus manos manchadas de la sangre de miles o millones de víctimas de la agresión imperialista.

Al considerar la posibilidad de una nueva guerra de EE. UU. contra Irán, es importante recordar que fueron millones los iraquíes que perdieron sus vidas, ya sea asesinados directamente a manos de los EE. UU. y de sus contratistas mercenarios, o indirectamente como resultado del las condiciones abominables como consecuencia de la ocupación estadounidense.

The Lancet, una prestigiosa y conocida revista médica, publicó dos estudios sobre las víctimas de la guerra de Irak. El segundo, publicado en octubre de 2006, estimó 654,965 “muertes en exceso” entre el 20 de mayo de 2003, el lanzamiento de la invasión estadounidense de Irak y el 10 de julio de 2006. Este estimado considera solo los primeros tres años de una ocupación de ocho años. Hay estudios que sitúan los muertos en una cifra mucho más alta.

El desencadenante

Lo que desencadenó la crisis de este último peligro de guerra fue que Irán derribó un avión no tripulado sobre el estrecho de Ormuz. Según el ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Zarif: “A las 00:14, el avión no tripulado de EE. UU. despegó de los Emiratos Árabes Unidos en modo oculto y violó el espacio aéreo iraní. Se encontraba a las 04:05 en las coordenadas (25 ° 59’43 ?N 57 ° 02’25? E) cerca de Kouh-e Mobarak. Hemos recuperado partes del avión no tripulado militar de EE. UU. en NUESTRAS aguas territoriales en donde fue derribado.” EE. UU. contradice este relato de los acontecimientos: “El Comando Central de los EE. UU. confirma que un avión de Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento (ISR por sus siglas en inglés) de Vigilancia Marítima (o BAMS-D) de la Armada de EE. UU. fue derribado por un sistema de misiles tierra-aire iraní mientras operaba en el espacio aéreo internacional sobre el estrecho de Ormuz.”

Ambas partes están de acuerdo en que el incidente ocurrió sobre el estrecho de Ormuz. El estrecho de Ormuz conecta el Golfo Pérsico con el Mar de Omán. En su punto más estrecho, cuenta con solo 21 millas de ancho, de las cuales solo 6 de ellas son navegables. Una distancia de 12 millas náuticas (14 millas) de la costa de cualquier país se considera parte de su territorio. Esto significa que, en su punto más estrecho, en el estrecho no tiene aguas internacionales—la totalidad del estrecho son aguas territoriales de Irán al norte y de Omán al sur. El aire sobre las aguas de un país se considera parte de su espacio aéreo.

Es imposible determinar de manera independiente si el avión no-tripulado fue derribado en el espacio aéreo iraní o en aguas internacionales. Tampoco es posible determinar con certeza si se trata de una provocación intencionada por parte de los EE. UU. o el resultado de dos ejércitos cuyas operaciones se realizan a poca distancia uno del otro durante un período de tensiones extremadamente altas. Sin embargo, no es difícil establecer el panorama geopolítico general y los motivos de ambos lados. El dron era un RQ-4A Global Hawk, “un vehículo aéreo no-tripulado (UAV por sus siglas en inglés) de $220 millones de dólares que actúa como una plataforma de vigilancia masiva en el cielo.” Este es un dron capaz volar a una “altitud máxima de 19,8 km, flotando hasta el espectro electromagnético, buscando objetivos y con el poder de escanear un área mayor que la extensión de Grecia en 24 horas.”

Si la acción del UAV no estuvo específicamente diseñada para provocar una reacción de Irán, ¿por qué los Estados Unidos necesitaría tomar este avión no tripulado, capaz de volar a 65,000 pies, hasta el espacio aéreo internacional que apenas existe sobre el estrecho de Ormuz? ¿Cómo reaccionaría el ejército de los EE. UU. si un país que amenazara la destrucción de los EE. UU. volara en misiones de “vigilancia rutinaria” en, cerca de, o sobre el territorio aéreo de los EE. UU.? Si un barco de la Armada de Irán apareciera en el Océano Atlántico, incluso a miles de kilómetros de distancia, los Estados Unidos seguramente lo caracterizarían como otra agresión de los iraníes beligerantes.

Irán, por su parte, se ha colocado en una posición imposible. El gobierno de los EE. UU. y, en grado menor, todos los medios y gobiernos occidentales, condenan a Irán como la parte agresora cuando se defiende contra varias formas de agresión. Si Irán permite violaciones de su territorio, el Asesor de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, John Bolton, el Secretario de Estado Mike Pompeo y otros halcones de guerra presionarían a Trump con la observación de que Irán no tendría el valor de reaccionar si los Estados Unidos los bombardeara. Incluso ahora, en violación directa de la JCPOA, que los Estados Unidos firmaron durante el mandato del presidente Obama, los Estados Unidos está librando una guerra económica contra Irán.

¿Quién es el agresor?

La mayoría de los medios corporativos, incluyendo los medios de comunicación liberales, presentan una caracterización falsa de estos acontecimientos como una confrontación entre los EE. UU., que está intentando mantener la paz y la estabilidad, contra un estado beligerante, agresivo e inflexible. A pesar de que algunos medios podrán cuestionar las tácticas de la administración Trump, no cuestionan una política de intervención directa de décadas, incluyendo la instalación del Shah en el poder en un golpe de estado que derrocó al gobierno democrático de Irán en 1953. El hecho es que Irán sí estuvo dispuesto a dialogar y que sí firmó el JCPOA, y que según todos los indicios ha respetado todos los términos del acuerdo, lo cuál ha sido certificado una y otra vez por la Agencia Internacional de Energía Atómica. Hasta el día de hoy, más de un año desde que Trump se retirara de manera ilegal del JCPOA e impusiera sanciones económicas aún más duras, Irán sigue cumpliendo con todos los términos de ese acuerdo.

Esta no es una batalla de dos iguales, en la que ambos lados se amenazan el uno al otro. Irán no es un animal salvaje que necesita ser domado por Trump. Se trata de la fuerza militar más fuerte en la historia del mundo que amenaza a un país oprimido con la destrucción total. Mucho antes de la presidencia de George Bush II, quien puso la destrucción nuclear de Irán como una “opción sobre la mesa,” Irán ha sido sometido a la agresión estadounidense. Estados Unidos ha sancionando a Irán y le está haciendo casi imposible el comercio en el mercado internacional. Los Estados Unidos amenazan con derrocar a Irán, y Bolton y Pompeo ni siquiera se preocupan de ocultar como una cuestión de diplomacia sus planes de cambio de régimen. Irán está literalmente rodeado de bases militares de los Estados Unidos en todos los lados.

Mientras la Coalición de ANSWER (Actuar ahora para detener la guerra y acabar con el racismo) y muchas otras fuerzas en el movimiento contra la guerra llevan a cabo manifestaciones y se movilizan para evitar una guerra en Irán, no es imposible evitar las provocaciones que puedan resultar en una guerra catastrófica. Irán no puede moverse de donde está. Pero los Estados Unidos sí puede retirar su marina, sus aviones de combate, sus aviones no tripulados y personal militar lejos de posiciones provocativas. Mejor aún, Estados Unidos es capaz de retirar todas sus fuerzas de Medio Oriente, en donde no ha traído más que muerte y destrucción a una escala masiva.

Es importante que las fuerzas antibélicas de todo el mundo exijan que la administración Trump le ponga fin a las sanciones, los ejercicios militares, las amenazas y otras provocaciones contra Irán. ¡NO A LA GUERRA EN IRÁN!