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¿Se puede detener la brutalidad policial?

Un estudio actualizado del Movimiento Popular de Lucha Malcolm X reveló que cada 28 horas, en promedio,los policías en los Estados Unidos mataron a una persona negra en 2012. La pandemia de la violencia policial se concentra en gran medida en contra de las comunidades negras, pero el aumento de la agresividad de la vigilancia militarizada se ha extendido a otras comunidades, lo que resulta en decenas de muertes de personas latinas, asiáticas y blancas.

Los niveles de abuso policial y la violencia están profundamente conectados con la etapa actual del capitalismo monopolista, el mismo que conscientemente ha incrementado los niveles de vulnerabilidad e inseguridad económica en sectores de la población, junto con ganancias récord para los dirigentes empresariales.

En este tipo de sociedad, donde las diferencias son tan grandes — sobre todo en relación con las comunidades negras y latinas oprimidas — la clase gobernante ha conservado su dominio con una mayor militarización de la policía, la encarcelación masiva, la vigilancia, y otras tácticas diseñadas para intimidar a la población.

Aquellas personas que son acosadas por la policía de EE.UU. regularmente, saben que se enfrentan a una verdadera organización sin ley — una pandilla de cierto tipo — que tiene la autoridad y la voluntad de utilizar la fuerza en cualquier momento.

Esta realidad ha dado lugar a una creciente resistencia, ya que la gente de todo el país se ha puesto en lucha que busca una salida a los abusos cotidianos y a menudo grotescos de la policía.

Para el PSL, nuestra orientación táctica en cualquier lucha es unirse al movimiento, para ayudar a desarrollar las demandas que cristalizan las necesidades y deseos de la clase obrera, mientras que aumenta la conciencia acerca de la lucha concreta como un síntoma de la opresión de clase. Nuestro objetivo es ampliar constantemente estas luchas y avanzar en sus demandas, a través de las etapas superiores de la combatividad y la conciencia política, y en última instancia la revolución para crear un nuevo sistema, basado en un nuevo poder de clase.

En busca de la justicia

En las reacciones espontáneas a la brutalidad policial, lo primero que siempre se debe hacer es luchar por el enjuiciamiento y encarcelamiento de los policías abusivos y asesinos — esta es una necesidad de justicia básica. Esta es la primera y principal demanda de cualquier familia que ha perdido a un familiar, y para todas las comunidades frente a la epidemia de la violencia policial diaria.

Lo que parece básico, sin embargo, implicó una larga y dura lucha en los tribunales de los capitalistas. Los fiscales y jueces — por no hablar de los medios corporativos — protegen a la policía como parte de su sistema, y entendemos que es esencial para la policía conservar su “derecho” a utilizar libremente la fuerza contra la población. Cualquier precedente legal que desafíe este “derecho”, como el encarcelamiento de un oficial que usa fuerza excesiva o asesina, disminuirá su eficacia para intimidar a la población.

Los gobiernos municipales preferirían pagar decenas de millones de dólares en demandas civiles a las familias a ver a uno de ellos — incluso sus funcionarios más despreciables — ir a la cárcel. Esta ha sido la experiencia de los que luchan durante décadas contra el terror policial.

Entonces, ¿cómo se puede ganar la justicia? Es a través de la lucha política, no dejar que el proceso legal simplemente “siga su curso”. Sin la lucha y la protesta popular, los fiscales no suelen acusar, o incluso investigar seriamente, después de los incidentes de brutalidad policial. Sólo ganar una acusación es una batalla muy reñida, como muestra el caso de Ramarley Graham, de 18 años de edad. Le tomó 14 meses para asegurar una acusación oficial contra Richard Haste, que irrumpió en su casa y le disparó al adolescente desarmado, y la acusación fue desestimada debido a un procedimiento dudoso.

Más allá de la etapa de acusación, la historia demuestra que la clase dominante sólo condena a uno de los suyos si temen las consecuencias de no hacerlo. (Véase el caso de Oakland y de Grecia en la página 6) La tarea de los revolucionarios es intensificar la lucha y ampliar la lucha: desde la familia a los vecinos, a la comunidad, y otras organizaciones como los sindicatos, las asociaciones de inquilinos, los jóvenes y los grupos de justicia social — incluso las personas no afectadas personalmente por la brutalidad policial, pero que tienen interés en participar en la derrota, y en demostrar su solidaridad.

Intentos actuales de reforma en Nueva York

En Nueva York, una coalición de organizaciones progresistas está luchando por unas leyes que ellos llaman la Ley de Seguridad de la Comunidad. Éstas harían que “Stop and Frisk” (Alto y registro), del Departamento de Policía, ampliamente odiado por la discriminación racial y acoso, sea ilegal en los casos en que los agentes estén deteniendo personas en condiciones discriminatorias y que no pueden apuntar a una sospecha razonable de delito. Otras partes del proyecto de ley reforzaría los derechos de las personas para hacer demandas por la discriminación, dar la supervisión de la policía de Nueva York al Departamento de Investigaciones de la Ciudad, y que sea ilegal que los agentes engañen a la gente para dar su consentimiento en las búsquedas.

Se trata de reformas modestas que básicamente reafirman que la Constitución de los EE.UU. — protegiendo contra registros e incautaciones irrazonables — todavía se aplica en Nueva York. Se eliminaría el privilegio especial para la policía de Nueva York, de no tener control de sus actividades. Mediante la creación de una norma jurídica más clara para detener e interrogar a las personas, y el aumento de los trámites necesarios para la policía en explicar sus acciones, los reformistas esperan reducir el volumen total de paradas discriminatorias.

Pero esto es sólo un aspecto del problema. No fue Stop-and-Frisk lo que mató a Amadou Diallo, Anthony Báez, Patrick Dorismond, Sean Bell, Ramarley Graham, Shantel Davis, y Reynaldo Cuevas — esto sólo una breve lista de los negros y latinos desarmados asesinados por la policía en los últimos años. Es el hecho de que la policía de Nueva York es como un ejército de ocupación, acercándose a los oprimidos como enemigos del Estado, disparando primero y preguntando después. Estos policías rara vez son acusados, y nunca condenados.

Incluso la demanda comprensible para un “fiscal independiente” en los casos de disparos de la policía no resolvería esta tendencia básica hacia la violencia. Pues ¿cómo se seleccionará el fiscal independiente? Una persona nombrada por la alcaldía estaría íntimamente ligada con la policía. E incluso si los fiscales fueren “independientes”, los jueces, los tribunales y las leyes no lo son.

La creciente violencia y el acoso de la policía se remontan mucho antes de Stop-and-Frisk, que se convirtió en la política oficial en 2002. Antes de 2002, tenían otras políticas oficiales y no oficiales cuyos objetivos eran las comunidades oprimidas, y después de Stop-and-Frisk, sin duda, crearán otros nuevos.

El punto no es oponerse a tales luchas inmediatas de la reforma, sino mostrar que tenemos que ir más allá de una nueva legislación para ofrecer una solución a la epidemia de acoso policial y la violencia.

Hacia un poder dual

Las marchas y los mítines en las calles inspiran mayor disposición a luchar y mostrar el poder de organización, a las personas que se dicen todos los días que no tienen más alternativa que someterse a la autoridad existente. Dado que la brutalidad policial es una parte intrínseca del sistema capitalista y la explotación de la opresión nacional en los Estados Unidos, los revolucionarios se esfuerzan por desarrollar consignas y tácticas que desafían la legitimidad del propio Estado, mientras desarrollan las nuevas formas de organización popular que pueda convertirse en un segundo poder en la sociedad.

Toda revolución pasa por una etapa de doble poder, en el que la vieja autoridad es cuestionada y está en crisis, mientras que el movimiento crea un nuevo organismo para representar verdaderamente a la gente y convertirse en el nuevo gobierno.

Por ejemplo, después de que los tribunales dejaran en libertad a los policías que mataron a Amadou Diallo, y la rabia popular llenó las calles de las comunidades oprimidas de Nueva York, los marxistas revolucionarios avanzaron el lema “Abolición de la policía de Nueva York.” La institución era tan corrupta y podrida, argumentaron, que se había convertido en un cáncer para la ciudad que debe ser retirada por completo.

Tácticas como Vigilancia a la policía (Cop Watch) no sólo son útiles en la práctica para demostrar la violencia policial y ayudar a las víctimas en su reclamo de su inocencia. Si llegan hasta el nivel político, aumentarán la confianza de las personas y el nivel de organización dentro de las comunidades oprimidas, al tiempo que surge el embrión del orden alternativo, y la idea de un nuevo Estado.

En la medida en que las organizaciones de la comunidad revisan y procesen a funcionarios abusivos en sus propios tribunales independientes — en lugar de entregar sus recomendaciones y la información de vuelta al estado capitalista — sugieren un poder alternativo a los tribunales y jueces racistas.

Estos son sólo algunos ejemplos de cómo la lucha por la justicia en casos individuales puede conectarse a un proyecto más amplio para construir la resistencia y la organización revolucionaria contra el sistema en su conjunto.

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