Traducido por Katie B

Viernes, 2 de noviembre

Mientras caía la noche en una carretera mexicana rumbo al sur de La Tinaja en el estado de Veracruz, en camino al encuentro con la caravana hondureña, nos encontramos con el primer grupo de 200 refugiados hondureños. Habían caminado más de 40 kilómetros el día de hoy en el calor húmedo, sin agua ni alimentos de ningún tipo. Con los que hablamos habían entrado a México desde Guatemala el 15 de octubre. Aunque casi 7.000 personas ingresaron en masa—casi todos hondureños—algunos grupos se vieron separados por la distancia luego de haber sido transportados por buenos samaritanos.

Dennis Alfredo viaja con su hija de cuatro años, su esposa y su hijo adolescente de Choluteca, Honduras, 2 de noviembre de 2018. Crédito de la foto: Gloria La Riva / Noticias Liberación.

En el grupo de 200 hondureños que conocimos habían mujeres y hombres de todas las edades, incluyendo mujeres embarazadas, bebés y niños.

Alrededor de las 5:45 pm, el cielo del otoño se oscureció por las nubes negras de la lluvia. Nos encontramos con ellos y detuvimos nuestro auto para escuchar sus historias. Kensy, una mujer de 18 años, corría por la carretera pidiendo agua y comida. Cruzamos la carretera con ella para encontrarnos con los miembros de la caravana. Estaban agotados y deshidratados, pidiendo agua ya que la mayoría no había tenido nada en todo el día. Vaciamos nuestro auto y les dimos lo que teníamos, y regresamos rápidamente a una tienda rural para comprar docenas de botellas de agua de 1.5 litros, cientos de plátanos y leche para los niños.

Al recibir el agua, la leche y los plátanos, su cercanía y el espíritu colectivo de compartir, de cuidarse mutuamente a lo largo del arduo viaje, fue un espectáculo conmovedor. Su determinación de viajar 3,000 kilómetros, a pesar del sufrimiento y la falta de dinero y de recursos es lo que también ha inspirado a muchos en México a apoyarlos.

Fani, una joven embarazada y su esposo Gustavo, dijo: “Los mexicanos han sido más que amables, nos han brindado comida, agua y amor. Pero hoy fue un día muy duro en esta carretera larga y remota sin pueblos o personas en el camino.”

Lo que vivimos con esta gente humilde y decidida esta noche desacredita por completo las mentiras racistas anti-inmigrantes de Donald Trump.

Cuando se les pregunta, rechazan enérgicamente las afirmaciones de Trump de que son unos delincuentes, nos afirman una y otra vez que buscan la salida de una situación peligrosa y que necesitan trabajo y seguridad. Muchos de los caravanistas, que provienes de distintas partes de Honduras, ya han caminado más de 1200 kilómetros en esta etapa de su viaje.

Un hombre, Dennis Alfredo, acompañado de su esposa, su hijo adolescente y su hija de cuatro años, dijo: “No hemos hecho nada malo en nuestro país.”

Mientras se daba palmaditas en el bolsillo, dijo: “Mi esposa y yo tenemos todos nuestros papeles listos para presentarlos. Invitamos a Donald Trump a que nos investigue uno por uno, no encontrará ningún problema.”

Yovani viaja con cinco miembros de su familia. “Hay mucha delincuencia en Honduras. Las pandillas nos están afectando mucho. Quieren matarnos porque nos persiguen por dinero y no tenemos nada porque somos pobres. Entonces nos amenazan con la muerte. Por eso estamos aquí.”

La noche de viernes, el gobernador de Veracruz, Miguel Ángel Yunes, anunció que el estado proporcionará 160 autobuses para transportar a los más de 5,000 refugiados a la Ciudad de México u otros destinos que deseen, además de brindarles ayuda humanitaria, agua, alimentos y servicios sociales, a partir del sábado 3 de noviembre.

A pesar de este pronunciamiento esperanzador, los refugiados hondureños y otros inmigrantes latinoamericanos enfrentan un peligro aún mayor debido a las amenazas siniestras de Trump, que está instigando a que se fusile a los inmigrantes y a que se desplieguen 15,000 soldados para cuando llegan a la frontera.

Es urgente la solidaridad.