La República Dominicana es el único país oprimido, que celebra su “independencia” de otro país oprimido y colonizado, Haití. Por generaciones, la clase gobernante dominicana ha utilizado el miedo y el racismo para manipular la historia de los dos países, particularmente durante el período de 1822 a 1844, con el fin de perpetuar el anti-Haitianismo. La verdad es que los haitianos nunca han sido responsables de la desigualdad y las pésimas condiciones socioeconómicas que existen en la República Dominicana. El imperialismo y un puñado de familias de élite—los Vicinis, Bonettis, Barcelós y Brugals, entre otros— son los verdaderos usurpadores de la “Independencia Dominicana.” Ellos se cubren con la bandera dominicana y participan en una avergonzada, admiración retórica por Duarte, Sánchez y Mella, los padres de la patria, para esconder su papel en la explotación de la patria dominicana hoy.

Los hechos detrás de la unificación de la isla

La revolución de esclavos de Haití de 1804—superando obstáculos aparentemente infranqueables—fue uno de los grandes logros de la historia humana. Cientos de miles de antiguos esclavos libraron una guerra popular, que derrotó a las sucesivas invasiones francesas bajo el mando de Napoleón Bonaparte (James, 1938). Los antiguos esclavos convertidos en generales, Toussaint L’Ouverture y Jean-Jacques Dessalines, movilizaron al pueblo haitiano en una formidable fuerza de combate. ¡Después de 1804 nadie jamás podría negar que la revolución y la victoria de la mayoría oprimida era una posibilidad! OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Haití salió victorioso de esta guerra sanguinaria de emancipación pero los franceses dejaron la mayor parte de su territorio reducido a cenizas. Después Haití buscó la unificación de la isla de Quisqueya (el nombre Taíno de la isla, rebautizada posteriormente como la Hispañola, o la pequeña España, por Colón) como una guarnición fortificada contra la recolonización.

Hay tres hechos indiscutibles sobre la unificación de 1822-1844:

1) Los haitianos entraron en la esfera de influencia del imperio español—más tarde conocida como la República Dominicana—porque Francia y las demás potencias coloniales utilizaron este enclave colonial para amenazar e invadir a Haití con la esperanza de volver a esclavizar a los haitianos.

2) En 1822, Haití liberó a miles de esclavos en la República Dominicana y obligó a los ex-propietarios de esclavos y los terratenientes a huir hacia el exilio.

3) Al entrar en la parte oriental de la isla, Haití expropió los terrenos de la poderosa Iglesia Católica y la corona española. Esto constituyó una reforma agraria a la punta de las bayonetas “extranjeras,” una contribución única de un “ejército invasor.”

Mientras que la corona española construyó un sistema jurídico entorno a la protección del sistema de encomienda, basada en la esclavitud y el feudalismo, los haitianos presentaron un código jurídico que protegió a todas las personas de descendencia africana e indígena. La constitución de Haití—revolucionaria en su esencia—prohibió a los extranjeros la adquisición de propiedades privadas y extendió la ciudadanía y los derechos de propiedad a las clases sociales más humildes. Desde el punto de vista de los oprimidos, este fue el período más progresista en la historia dominicana (Santiago, 2005). Desde la perspectiva de los encomenderos (los jefes de las plantaciones), esta fue una injerencia imperdonable y marcó el final de su sistema colonial de explotación (Price Mars 1953).

Una nación dividida

Aunque fueron motivados por principios anti-coloniales, el liderazgo haitiano carecía de los medios económicos necesarios para llevar a cabo con éxito una unificación de las dos naciones. Asediado por Francia en la aplicación de una “colección” de la deuda de 150 millones de francos para “bienes perdidos” y enfrentándose a un bloqueo internacional, la administración haitiana fue incapaz de responder a las múltiples necesidades de la población dominicana (Moya Pons 1977 Sagás, 1994). El Presidente haitiano Jean Pierre Boyer—supervisando a 12,000 tropas haitianas—se enfrentaba a una  oposición formidable de la élite dominicana que deseaba una mayor integración con España.

Los negros y mulatos celebraron la llegada de un ejército de ex-esclavos como garantía de su propia libertad. La clase criolla, caracterizada por piel más clara, miraba a los “invasores” como una amenaza directa a sus propios intereses económicos. Liderado por el empresario, Juan Pablo “El Patricio” Duarte, conspiraron y derrotaron la “dominación haitiana” en 1844 (Ferguson, 1992). Duarte, un pequeño-burgués y un defensor de los ideales democráticos, se opuso al proyecto unificador no porque era anti-Haitiano sino porque desde su punto de vista, y el punto de vista de su estrato social, fue un fracaso.

Los temores de las masas dominicanas humildes resultaron ser demasiados reales. Después de 1844, con los haitianos ahora empujados fuera de la escena, los privilegiados criollos miraban a España para restablecer su autoridad y la protección de sus propiedades. El nuevo himno nacional del movimiento anexionista, contenía el verso “levantarse en armas, oh españoles”, insinuando que esta transferencia de poder fue una contrarrevolución en las relaciones de propiedad. Viendo que su ex colonia estaba desprotegida, España re-implementó la esclavitud. Cuando los rumores del regreso de la esclavitud corrieron entre la población negra y mulata, se rebelaron en contra de los diseños españoles. Santiago Basora estaba entre los dirigentes negros recién liberados que se rebelaron contra el movimiento separatista elitista, obligando a ellos y sus amos coloniales, a abandonar la idea de restablecer la esclavitud en R.D. (Torres-Saillant, 1998).

En 1861, el dominicano adinerado, ganadero y político de carrera, Pedro Santana se convirtió en el dictador de la República Dominicana y anexó nuevamente el país a España. Santana hizo de la República Dominicana el único país en la historia que “voluntariamente” volvió a un estado colonial.

El espectro de una nueva época de la colonización española y la esclavitud provocó un nuevo movimiento de resistencia nacionalista. La multitud de negros y mulatos—encabezado por el General negro Gregorio Luperón—recibieron apoyo del gobierno haitiano y lanzaron ataques guerrilleros desde Haití, logrando derrotar a las fuerzas españolas (Torres-Saillant, 1998).

La Centralidad de la Historia

La historia es una batalla de clases. Las fuerzas de clase en el poder utilizaron su propia versión de la historia y la manipulan con el fin de promover mitos y promover sus intereses. La versión de clase dominante se convierte entonces en la versión aceptada de los hechos. La interpretación nacionalista de la historia dominicana pinta el lado occidental de la isla, Haití, como una oscura y amenazante presencia que busca “re-invadir” la pacífica nación dominicana, que debe protegerse a toda costa. La realidad es lo opuesto; los haitianos han sido víctimas de racismo patrocinado por el Estado Dominicano, el desplazamiento forzado y las matanzas. En octubre de 1937, el dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo, dirigió una campaña de exterminio, de una semana de duración a lo largo de la frontera. Más de 20,000 haitianos fueron asesinados en la “masacre perejil” y miles más fueron desplazados.

Solidaridad entre Haití y la República Dominicana

Es importante destacar las desconocidas y frecuentemente “olvidadas” instancias de solidaridad entre las dos naciones.

Como un estado cimarrón, Haití apoyó los movimientos de liberación en todo el hemisferio. Apoyaron a su adversario de una vez, el mulato dominicano, general Francisco del Rosario Sánchez, contra España, contra la próxima ronda de invasiones. Simón Bolívar y el movimiento anti-colonial en el Gran Colombia recibieron armas y apoyo de Haiti para sus luchas independentistas. La bandera venezolana fue cosida y voló primeramente en Jacmel, Haití en 1803 cuando Francisco de Miranda preparó su anti-expedición colonial para enfrentarse a España. El gran revolucionario cubano José Martí, zarpó desde Haití cuando iba a luchar por la independencia cubana de España.

Un siglo antes del nacimiento de Ernesto “Che” Guevara, los haitianos eran los internacionalistas originales.

La influencia de la revolución haitiana se sintió en todo el sur de los EE.UU. Los esclavistas temblaban antes la idea de que los esclavos podían luchar y ganar. Denmark Vessey—un esclavo nacido en el caribe y obligado a viajar al sur de los EE.UU como un ayudante de un comerciante de esclavos—dirigió una rebelión histórica de esclavos en Charlestown, Carolina del Norte (Dunkel Haïti-Progrès, Septiembre de 2003). Vessey escribió al presidente Boyer con la esperanza de trabajar juntos y ampliar la insurrección de esclavos en los estados del sur.

Durante redadas periódicas de trabajadores haitianos a lo largo de la historia dominicana, muchas familias dominicanas—arriesgando sus propias vidas— han ocultado a sus prójimos. El poeta de 23 años de edad Jacques Viaux y otros haitianos lucharon y murieron junto con los revolucionarios dominicanos en la “Guerra Constitucionalista” de abril de 1965. Los mártires internacionalistas resistieron la invasión de 42,000 Marinos enviados por el gobierno norteamérico para aplastar un movimiento por la democracia popular. Cuando los haitianos fueron obligados a huir de su patria por golpes de estado apoyados por los EEUU contra el presidente democráticamente electo, Jean Bertrand Aristide en 1991 y 2004, el movimiento de solidaridad Dominicana recibió muchos de los exiliados. La República Dominicana fue el primer país en responder al terremoto de 2010 que sacudió a Port-au-Prince. Cuando el actual gobierno dominicano de Danilo Medina promulgó la ley 168-13 en 2013, negando a más de 200,000 dominicanos de ascendencia haitiana la ciudadanía, un movimiento liderado por la comunidad dominicana y haitiana, en la República Dominicana y los Estados Unidos, se organizó para revocar la ley.soy-dominicano

¡Hacia la auténtica independencia, auto-determinación!

Las celebraciones de la “independencia” del 27 de febrero son huecas y falsas. No se centran en la solidaridad Sur-Sur ni promueven los intereses de los trabajadores dominicanos. Lo que afecta a la República Dominicana no es la escasez o la competencia con otro pueblo oprimido, sino la codicia y la opulencia de unos pocos, en una palabra, el capitalismo.

El imperialismo y sus lacayos dominicanos les sacan el jugo a millones de trabajadores dominicanos en las principales industrias que hacen de la República Dominicana fructífera para los inversionistas; procesamiento de azúcar, ferroníquel, la minería del oro, textiles, cemento y el tabaco. El pueblo dominicano colectivamente produce más de $101 mil millones de dólares en bienes y servicios cada año (Reporte de la CIA, Libro de Estadísticas de paises 2013). Desde el punto de vista de los economistas y el crecimiento del Producto Interno Bruto, la economía está en auge. Pero el salario promedio de un trabajador dominicano en estos sectores es una miserable $850 dólares al año!

El líder mundial de oro, la empresa Minera Barrick Gold Corporation, tiene miles de millones de dólares invertidos en la extracción de oro, níquel y otros metales valiosos. Franklin Sports, Fruit of the Loom y Dick’s Sporting Goods (una propiedad de Adidas) son uno de los mayores explotadores en las zonas francas del país, pagando tan solo $32 por semana o $0.73 por hora. Unos 378,000 dominicanos trabajan en estos talleres.

Hay más que suficiente riqueza para satisfacer las necesidades y los sueños de los 10.5 millones de dominicanos en la República Dominicana y los migrantes económicos obligados a exiliarse en el extranjero. Por esta desigualdad, hoy hay un millón y medio de dominicanos que viven en los EE.UU., más de cincuenta mil en España y decenas de miles de personas que viven en Puerto Rico, Venezuela, Canadá y en otros países extranjeros. Si estas riquezas no estuvieran desviadas a los enemigos de la nación, la Republica Dominicana tendría suficiente para todos vivir en paz.

Las ganancias neocoloniales de hoy tienen su base en la vieja sistema de esclavitud y colonialismo. La incomprensión de esta historia ofusca el momento presente y deja a la clase obrera dominicana vulnerables al dogma racista de las fuerzas anti-haitianas.FELIPE VICINI launches book GLORIES Going for the Gold

La burguesía Dominicana—los socios menores de la alta finanza extranjera—crea estratégicamente “un cuco,” promoviendo histeria racista acerca de una nueva invasión haitiana, mientras se doblegan antes la verdadera amenaza, el imperialismo estadounidense. Escondiéndose detrás de una historia manipulada, los falsos “patriotas” buscan promover sus propios intereses de clase, ignorando la amplia gama de necesidades de las masas dominicanas.

La República Dominicana—desde su creación—ha sido una nación dividida. No hay una nación dominicana unida con un conjunto de intereses comunes. Mientras que las masas llevan una vida que es cada día más precaria, los ricos siguen desempeñando su papel como sirvientes obedientes en el saqueo de la nación. El movimiento progresista y anti-imperialista exige solidaridad incondicional con los haitianos y todos los trabajadores oprimidos y se esfuerza por organizar la inconclusa revolución dominicana para que en un futuro próximo tengamos una independencia definitiva, digno de celebración. ¡Hasta entonces, para los dominicanos, dondequiera que viven, en la patria o en el exilio, la lucha continua/Nou toujou ap lite/the struggle continues!