Después de la horífica matanza en Parkland Florida, el país fue testigo de un efluvio de simpatía y indignación. Los padres inmediatamente buscaron la seguridad de su hijos. Por todas partes los estudiantes están hablando de este tema con sus maestros. Muchos se han movilizado y han protestado.

Las protestas estudiantiles en contra la inacción del gobierno sobre la violencia con armas han hecho de esto un tema nacional. Los rezos y mensajes de simpatías de los políticos ya no son suficiente. Ellos quieren saber qué van a hacer los políticos para hacer que la violencia pare.

Algunos socialistas sugieren que este movimiento estudiantil, simplemente por proponer regulaciones para las armas, está empoderando el estado o amenaza el derecho a la defensa propia. Otros han criticado a los estudiantes por no hablar sobre el origen del problema de la violencia en los Estados Unidos. Cualquier movimiento progresista — o movimiento con sentimiento progresista — que surge espontáneamente bajo el capitalismo, tendrá sus contradicciones y problemas. Cualquier movimiento que está peleando por reformas, por definición, no llegará al origen de la explotación y opresión. Pero eso no invalida la lucha por reformas. Además, para citar al revolucionario Malcolm X, “No tengas prisa en condenar a alguien porque no hace lo que tú haces, o no piensa como tú, o sea igual de rápido que tú, hubo un momento en que tú tampoco sabías lo que sabes ahora.” Los Socialistas deben tener solidaridad y sensibilidad hacia los jóvenes que quieren respuestas sobre el asunto de la violencia con armas.

Las siguientes, son las palabras de Emma González, una estudiante y sobreviviente de la masacre en la Secundaria Marjory Stoneman Douglas que habló el pasado 17 de febrero en un mitin para el control de armas:

“Las personas en el gobierno que fueron elegidas a asumir el poder nos están mintiendo. Y al parecer nosotros los niños somos los únicos que nos damos cuenta. Las compañías están haciendo caricaturas de los adolescentes, y dicen que somos egoístas y solo nos enfocamos en las tendencias nuevas y así nos empujan  a una sumisión silenciosa. Cuando nuestro mensaje no llega hacia los oídos de la nación, nosotros estamos dispuestos a decir ¡Mentira! Cuando los políticos que se sientan en sus asientos en el Senado y La Cámara los cuales son financiados por la NRA (Asociación Nacional de Rifle), nos dicen que no hay nada que hubiera podido prevenir esta masacre, nosotros decimos ¡Mentira! Ellos dicen que las leyes estrictas de armas no disminuyen la violencia causada por las armas de fuego, decimos ¡Mentira! Ellos dicen que una persona buena con una arma puede parar a una persona mala con una pistola. Decimos ¡Mentira! Ellos dicen que las armas solo son herramientas como los cuchillos y son tan peligrosos como los carros. Decimos ¡Mentira! Ellos dicen que no hay leyes que pudieran prevenir la cientas de tragedias que han ocurrido. Decimos ¡Mentira! Que nosotros los niños no sabemos de qué hablamos, que somos muy joven para entender cómo trabaja el gobierno. ¡Mentira!”

El hecho de que este movimiento estudiantil apunta hacia los políticos por estar en los bolsillos de la racista NRA, la cual está sumergida totalmente en los bolsillos de los fabricadores de armas y los especuladores de armas, es algo bueno.

Actualmente, más del 60 por ciento de la población apoya leyes de armas de fuego más estrictas.

Después de la masacre de Sandy Hook en 2012 en el cual 26 personas fueron masacradas, incluyendo 20 niños entre 6 y 7 años, mucha de la población pedía leyes de armas más estrictas.  Washington no hizo nada.

La taza de tiroteos masivos está creciendo-dramáticamente. Casi 600 personas murieron en tiroteos masivos de este tipo en el 2017, el número más alto en la historia moderna.

Las personas que mueren en tiroteos masivos, componen una pequeña fracción de las muertes causadas por armas de fuego en los Estados Unidos. Mas de 15,000 personas en los Estados Unidas fueron matadas por armas de fuego en el 2017. Mas de 20,000 personas se suicidaron usando una arma de fuego.

Los hombres negros son cuatro veces más probables a que le disparen y los maten que los hombres blancos.

Cada 16 horas una mujer es matada con una arma de fuego por su pareja en los Estados Unidos. La policía mató a más de mil personas en el 2017. Más personas murieron a manos de policías racistas que en tiroteos masivos.

Obviamente, los Estados Unidos es un país extremadamente violento — mucho más que los paises disque, desarrollados.  Cada estadística nos demuestra eso. Esto es un problema social de una gran magnitud, y la clase capitalista en comando, no provee ningunas respuestas sustantivas a las millones de personas que demandan que se haga algo. Es insuficiente que los socialistas, por el simple hecho de que nos oponemos a que el estado capitalista tenga un monopolio de fuerza, digamos que “no hay nada que se pueda hacer.”

Los Estados Unidos de Violencia

Es un hecho que los Estados Unidos fue fundado en violencia. El genocidio de las personas indígenas y la esclavitud no son errores que pasaron en el pasado, sino que son el pilar del edificio que es los Estados Unidos.

La segunda enmienda fue añadida a la Declaración de Derechos como una licencia para que las milicias justicieras racistas — con el apoyo público y secreto del gobierno de los Estados Unidos — se llevara a cabo su reino de terror contra las poblaciones indígena.

Las patrullas encargadas de la aprehensión de los esclavos cometieron atrocidades contra la población negra como una manera rutinaria para reforzar la esclavitud. Desde luego, los esclavos eran castigados severamente si se les encontraba con un arma de fuego. Después de la esclavitud, los Códigos Negros, a través de todo el Sur le prohibieron a las personas negras poseer armas de fuego. Cuando el Partido de las Panteras Negras, poderosamente ejercieron su derecho a portar armas, el estado de California rápidamente cambió las leyes para criminalizar este acto con el apoyo de la NRA. Philando Castile, un empleado de escuela legalmente ejerciendo su derecho de aportar un arma bajo la ley del estado de Minnesota, fue asesinado cuando le anunció a un oficial que portaba un arma. Tamir Rice, 12 años de edad, después de jugar con una pistola de juguete, fue asesinado instantáneamente por un oficial de Cleveland. Ohio es un estado donde se puede portar armas.

Incluso aun cuando opera dentro de la ley, la resistencia negra e indígena, siempre ha encontrado represión y brutalidad.

No es una coincidencia que las fuerzas policiales asesinan a personas indígenas y negras a un índice más alto que a las personas blancas. No es posible separar el racismo institucional y violento del carácter social y político de los Estados Unidos.

El capitalismo es violento. La vasta pobreza a la cual estamos sometidos y la monstruosa desigualdad de este sistema son formas debilitantes de violencia. Según el índice que usa el gobierno para medir el nivel y existencia de pobreza en el país — que no toma en cuenta que hay millones más personas que viven en condiciones de pobreza — 21 por ciento de niños viven en la pobreza y 34 por ciento de niños negros e indígenas viven en la pobreza.

El imperialismo es violento. Las guerras estadounidense que son peleadas con el interés de lucro y para dominar a los países más pobres, son devastadoramente violentas. Literalmente millones han muerto.

La opresión es violenta. El racismo, el sexismo, y el prejuicio son por naturaleza violentos y son parte integral de la tela politica, social, y económica de este país.

Donde sea que miremos en la cultura de los Estados Unidos, lo que vemos es violencia.

Y la violencia es lucrativa. Mientras que otras industrias manufactureras han disminuido, la producción de armas de fuego ha aumentado. Los Estados Unidos produce, exporta, y vende más armas que el resto del mundo — subsidiado por el presupuesto militar más grande en el mundo.

La industria de armas prospera cuando hay guerra y siempre está dispuesta a vender sus productos a nuevas zonas de conflicto. Lo que comenzó como una tendencia lenta de vender armas de calibre militar sobrantes a departamentos de policía locales e individuos ha crecido a un gran mercado civil. Los fabricantes y anunciantes de armas han cultivado una cultura alrededor de sus productos y usan el miedo sobre el terrorismo y la confiscación de armas por el gobierno para aumentar sus ventas. En una manera sumamente profunda, es el capitalismo — el sistema económico con fines de lucro bajo el cual vivimos — manifestado en las productoras de armas y la NRA, que ha frustrado cualquier discusión racional sobre las armas en nuestra sociedad.

¿Qué podemos hacer?

¿Entonces qué podemos hacer? Mientras que es necesario hablar sobre el contexto histórico de violencia en los Estados Unidos, no es suficiente decir que el capitalismo es la causa original de la violencia con armas o que el racismo sistemático está en el centro del desmesurado impacto de la violencia con armas en las comunidades negras y latinas. Las personas quieren respuestas y quieren un cambio. Hay un consenso nacional de la necesidad de reducir la violencia, de tener un diálogo significativo para combatir el problema de violencia en los Estados Unidos efectivamente. Los Socialistas deben participar en la conversación con propuestas concretas y hacer ese diálogo amplio y radical.

Las condiciones existente del debate sobre la violencia con armas — “control de armas” en contra de “derechos para portar armas”  — son extremadamente superficial e inadecuados considerando la complejidad del problema. Concisamente, bajo el sistema capitalista ni el control de armas ni el acceso a armas garantiza la seguridad de las personas o la protección de sus derechos.

Un programa más amplio es necesario lo cual los socialistas pueden ofrecer. Por ejemplo:

  1. La visión socialista es para reducir y eliminar la violencia a la cual millones de personas son sometidas diariamente y para terminar la explotación, alienación, opresión, pobreza y competencia que alimenta la violencia. Esto no será logrado de la noche a la mañana, pero bajo el socialismo la clase obrera tendría el verdadero poder sobre los problemas que afectan sus comunidades, el estado serviría sus intereses, los racistas y opresores del pasado serían desarmados y desempoderados, las necesidades básicas cumplidos y un sistema político, social y económico colectivamente planeado sería implementado. Por ejemplo, en Cuba, las armas no han desaparecido — de hecho, la mayor parte de la población es entrenada en cómo usar las armas — pero esas armas son guardadas seguramente en cada comunidad y las organizaciones locales (Comité para la Defensa de la Revolución) están listas para distribuirlas si es necesario. La violencia con armas y los tiroteos masivos son prácticamente no existente.
  2. Programas para la interrupción de violencia, la resolución de conflictos y de trabajo social deben ser financiados en sus totalidad por el gobierno.  A través del país, miles de personas en comunidades pobres y trabajadoras ya están trabajando para reducir la violencia en sus comunidades. Estos “interruptores de violencia” son sistemáticamente ignorados porque su trabajo no encaja en la narrativa racista de los medios sobre el “crimen negro sobre negro” y porque el gobierno no quiere ver organizaciones de base autónomas prosperar ya que disminuyen el rol de la policía. Estos grupos están teniendo mucho éxito a pesar de los obstáculos. Estamos con ellos y sus métodos deben ser estudiados, amplificados y totalmente financiados. El sistema capitalista estadounidense no está hecho para proveer intervención temprana o servicios para alguien que está aislado, sufriendo y demostrando tendencias violentas. Lo que le ofrece a las personas así es acceso a las armas y después de eso a un sistema penal.
  3. Las personas negras, latinos, y otras personas oprimidas deben tener el derecho incondicional a la autodeterminación y autodefensa, incluyendo el derecho a llevar a cabo la conversación sobre el control de armas de acuerdo a sus propios términos. Considerando el índole racista de los Estados Unidos, cuyo líder es Donald Trump, la continua violencia de las organizaciones racista, sin mencionar la violencia que es infligida sobre la clase obrera, las mujeres, y a las personas LGBTQ, los socialistas sostienen que el derecho a la autodefensa es inviolable. Esto no es una cuestión de interpretación constitucional, sino de la necesidad práctica en la lucha de clases. Para esos que están organizando en lugares donde están siendo confrontados por organización fascistas que están bien armadas, como en Charlottesville el año pasado, podría haber sido suicidio si el movimiento anti-racista había ignorado el asunto imprescindible de una autodefensa organizada con armas de fuego.
  4. Quiten la protección legal para la industria de armas. Los fabricantes de armas recibieron inmunidad especial de las demandas legales al quitarse la prohibición contra rifles en el 2004. El congreso pasó una ley en 2005 para absolver a la industria armamentista de toda futura responsabilidad de todos los asesinatos y los crímenes cometidos por el uso de sus productos incluyendo armas de fuego. Creada por grupos de cabildeo sobre las armas y el Congreso y fue aprobada por George Bush en el 2005. La “Ley para la Protección del Comercio Legal de Armas” (PLCAA, Protection of Lawful Commerce in Arms Act) dicta que los especuladores de muerte pueden operar sin ningún impedimento. La industria de armas fue valorada a 19,1 mil millones de dólares en el 2008 y para el 2015 subió a 49,3 mil millones de dólares. Ahora, hay aproximadamente 350 millones de armas en los Estados Unidos, (más que el número de habitantes), un aumento dramático desde hace diez años atrás, y los Estados Unidos es sin duda el país más armado del mundo. Menos de un tercio de la población es dueño de una arma, pero sin embargo casi la mitad de las armas están acumuladas por un 3 por ciento de la población.
  5. Hay que prohibir el mercado y los anuncios comerciales de armas de fuego, similar a la prohibición de cigarrillos, y sacar el dinero corporativo de la política.  Los fabricantes de armas — conocidos como el complejo industrial militar — tienen interés en promover conflicto y guerra, exagerando amenazas y promoviendo miedo. Usan sus miles de millones de dólares para controlar a los políticos y promulgar políticas que destruyen las vidas de personas en este país y en el mundo. Los grupos de presión de armas, los cabilderos, como todos los grupos de presión corporativos, no juegan ningún papel constructivo en el diálogo nacional sobre los problemas sociales importantes
  6. Las verificaciones de antecedentes y de salud mental administradas por el gobierno no son la respuesta. No creemos que el gobierno federal debe tener la autoridad de implementar procesos que profundicen la discriminación y desigualdad que ya existe en el derecho de portar armas. Este estado — sostenido por el racismo, la guerra, la vigilancia masiva y la opresión — no puede ser confiado con este tipo de poder. Consideremos la question de las verificaciones de antecedentes para las compras de armas. Muy poco de los tiradores en masacres escolares han sido disuadidos de sus planes por este método a pesar de su historial de tendencias violenta; al ser hombres blancos de clase media mayormente en suburbia, no habían sido restringidos por el sistema. En este contexto, las verificaciones de antecedentes significa que las comunidades racialmente y nacionalmente oprimidas, ya el blanco de la fuerzas policiacas y del sistema judicial injusto, serían extensamente desarmados. El FBI y el Departamento de Justicia presuntamente administraría esta base de datos. Estas son las mismas instituciones que han reprimido por tantos años los movimientos de la clase obrera. El Fiscal General de EEUU, Jeff Sessions, ha dicho que los activistas del movimiento Las Vidas Negras Importan son “extremistas de la identidad negra” similar a terroristas. Mientras que hombres de milicia blancos con experiencia militar acumulan armas y amenazan a organizadores antirracistas, cada activista negro etiquetado como “extremistas de identidad” o con un registro criminal no podría defenderse legalmente.
  7. Desmilitarizar la policía y el estado. El terminar con la producción masiva y la proliferación de rifles de asalto es una demanda justa y noble. Sin embargo no se puede lograr sin desafiar a la militarización de la sociedad y del estado, lo cual está más armado que nunca. La producción masiva de armas para el estado, desde las fuerzas armadas hasta todas la prisiones y la policía local, crean gran oportunidad para el  comercio de armas y ha empoderado a los fabricantes de armas. El estado y los fabricantes de armas — dirigidos por los mismos oficiales operando en el sector privado y público — son los dos motores para el complejo industrial militar y la militarización de la sociedad.
  8. La existencia de armas de asalto no puede ser resuelta con una veta nacional. Las armas de asalto son esencialmente armas de guerra y apoyamos las medidas para limitar su producción y venta. Aunque las armas automáticas no están a la venta en tiendas, es perfectamente legal comprar una arma semiautomática y después comprar un equipo para convertirla en una arma automática o de semejanza automática. La eliminación de estas armas significaría que menos personas van a morir en tiroteos masivos. Japón y Australia son ejemplos evidentes. La producción masiva y venta en los Estados Unidos también han alimentado la violencia en México. Pero mucho desastre y mucha muerte puede resultar de las armas semiautomáticas y pistolas; el tipo de arma es solo una parte del problema. En este momento 4 a 5 miles de millones de rifles están circulando en la población, están siendo producidas para la policía y los militares todos los días y el terminar su venta legal en este momento crearía un mercado clandestino. En este momento, el esfuerzo del gobierno federal de confiscar armas atacaría a las  comunidades negras, latinas, trabajadoras y progresistas y no a las fuerzas sociales de la derecha que han estado acumulando armas. Ningún movimiento popular está en una posición de asegurar que el control de armas de este calibre sería llevado a cabo en una manera progresista y no represiva
  9. Requerir prueba de entrenamiento en tirar y seguridad de armas similar a las regulaciones requeridas para comprar automóviles, puede ser aplicada a las armas de fuego sin infringir con el derecho a la autodefensa. La NRA ha crecido porque ofrece ese servicio a sus miembros, pero su monopolio debería ser desafiado. Similarmente, el subir la edad requerida para comprar rifles — para que esté en acordancia con la de comprar pistolas — es una medida sensible.
  10. Desmilitarizar las escuela y no dar armas a maestros. El tiroteo en la escuela Columbine dio paso a la introducción de policías armados y detectores de metal en las escuelas. Los oficiales de seguridad fueron armados hasta los dientes, y en muchos casos reemplazados con policías regulares. Distritos urbanos, en particular, pagaron el precio más alto, ya que el número de arrestos de niños aumentó alimentando la ruta de escuela a prisión, un aspecto esencial de la incarceración masiva. El convertir la escuelas públicas en fortalezas militares ha llevado a que ha habido reducción en algunas categorías de violencia, pero nunca hubo evidencia que las escuelas son más peligrosas y violentas que el resto de la sociedad. El plan absurdo de Trump de armar a los maestros es la conclusión lógica de esta fallida estrategia. Un estudiante de Parkland, sobreviviente del masacre, David Hogg, dijo esto de la propuesta: “No quiero ver una maestra con una arma. Tampoco quiero mas oficiales de seguridad en las escuelas. ¿Saben de las desigualdades raciales que tienen en contra de estudiantes afro-americanos y latino? Vamos a crear un sistema donde hacemos que la ruta de escuela a prisión es ampliada.
  11. Crear organizaciones comunitarias de jóvenes y trabajadores, con fuerza y poder. Es ridículo que una sociedad no pueda tener la habilidad de tomar decisiones colectivas sobre las máquinas asesinas y su proliferación, que estas decisiones están en manos de los fabricantes de armas y el Congreso lo cual está dominado de millonarios. El encontrar una solución para el fin de la violencia con armas en este país significa que personas regulares — estudiantes, trabajadores, y especialmente las comunidades negras, latinas, e indígenas que enfrentan violencia — estén empoderadas. Realmente empoderadas. De acuerdo con Emma González, los estudiantes de Parkland trataron de intervenir en la situación; ellos trataron de reportar las cosas a las autoridades y esperaban que las autoridades los iban a ayudar. Pero las autoridades les fallaron completamente. Ella dijo esto sobre el tirador — ”No fue ninguna sorpresa para las personas que lo conocen, que él era el tirador.” En un país donde la violencia parece ser tejida entre en ADN y donde la violencia se ha usado para mantener a las personas bien lejos del poder, un movimiento popular desde abajo puede ofrecerle a las comunidades seguridad colectiva y puede construir el tipo de poder que puede comenzar a arreglar los problemas fundamentales, incluyendo los tiroteos masivos y la violencia diaria en las comunidades pobres. También, debemos demandar el derecho al empleo, la educación, las viviendas, y el seguro médico como pilares de comunidades fuertes y más unidas. Inversiones de escala grande deben hacerse para construir y reconstruir las multitudes de comunidades de gente pobre que han sido abandonadas y perseguidas por los dirigentes de esta sociedad.

Conclusión

Nosotros apoyamos a los estudiantes que están protestando para reducir la violencia con armas, para terminar los tiroteos masivos, para que los fabricantes de armas y sus grupos de presión aceptan su culpabilidad. Al mismo tiempo apoyamos el derecho de las personas oprimidas y de la clase de obrera a la autodefensa. Estos no son principios opuestos; los dos son instintos progresistas que tiene una meta en común: paz y justicia, una vida con dignidad.

Debemos ser claros: La élite dirigente de los Estados Unidos — que incluye a personas que acumulan gran fortuna de la venta de pistolas y de armas de guerra — no va a parar la violencia. La violencia y lo que se lucra de ella, son inherentes en el sistema capitalista estadounidense.

Hay unanimidad entre los centros de poder para quedarse comprometido con los fabricantes de armas como una manera importante de sostener sus beneficios y seguir sosteniendo el imperio estadounidense. Ellos no ven ningún problema que las armas estén en manos de personas reaccionarias en la clase media blanca suburbana y de grupos de derecha y de la supremacia blanca. Ellos esperan que estas fuerzas sociales sigan de su lado si el descontento contra la desigualdad de riqueza y opresión en este país siga creciendo al punto de rebelión, revuelta, y unidad multinacional militante en las ciudades grandes.

Los Estados Unidos ha decidido reprimir severamente a los inmigrantes con ICE, a militarizar las fuerzas policiacas, a fortalecer el espionaje doméstico, a promover la demonización de las personas negras, latinas e indígenas que desafían con su resistencia, y de reprimir toda disidencia en general.

El gobierno por completo, incluyendo los dos partidos, no está consternado con la violencia en las comunidades pobres y obreras — ellos alimentan las políticas de encarcelamiento masivo y es una carga considerable en las vidas de las personas más oprimidas que obstruyen la organización contra el real enemigo.

El partido Demócrata ha movido rápidamente para tomar control del movimiento estudiantil con varias agencias de publicidad, y abogados, promoviendo a los estudiantes sólo para sacar provecho y empujar sus propios intereses en las elecciones del 2018. Esto es completamente oportunista y debe ser expuesto.

En lo general, el sistema legal y político de los Estados Unidos está comprometido a siempre proteger a los perpetradores de violencia. Cuando un policía asesino sale absuelto, los criminales de guerra como George Bush también salen libre, cuando los arquitectos de las guerras sucias, los golpes de estados, y magnicidios no son hechos responsables de sus actos, y al contrario, son tratados como héroes nacionales, vemos que la clase dirigente respalda el asesinato.

La única manera de romper con este patrón y cultura de violencia es que las personas trabajadores y pobre tomen el control sobre los poderes económico y político de este país en sus propias manos. Cuando hacemos esto tendremos a nuestra disposición los recursos que necesitamos para unir a la mayoria, eliminar los tiroteos masivos y terminar con la violencia diaria creada por el orden capitalista, racista y sexista.