George Jackson

Este artículo apareció originalmente en Liberation School

Traducido por Katie Bernhardt y Ramona Malcynski

Hace exactamente 400 años, en agosto de 1619, los africanos esclavizados pusieron pie por primera vez en el primer asentamiento inglés permanente en lo que ahora es Estados Unidos. Los siglos siguientes han visto el desarrollo de un sistema racial más violento, extractivo y profundamente arraigado que cualquier otro en la historia humana. Sin embargo, donde hay opresión, también hay resistencia. Desde 1619, los radicales y revolucionarios negros han emprendido acciones colectivas audaces en busca de su libertad, amenazando los fundamentos frágiles de explotación sobre los que se construye Estados Unidos. Estas luchas heroicas han logrado enormes victorias, pero también han producido mártires, héroes que han sido encarcelados y asesinados debido a sus esfuerzos por transformar la sociedad.

El “Agosto Negro” se honra cada año para conmemorar a los revolucionarios caídos del Movimiento por la Liberación Negra, para pedir la liberación de presos políticos en los Estados Unidos, para condenar las condiciones opresivas de las cárceles estadounidenses y para enfatizar la importancia continua de la Lucha por la Liberación Negra. Los observadores del Agosto Negro se comprometen a niveles mayores de disciplina durante todo el mes. Esto puede incluir ayunar con comida y bebida, ejercicio físico frecuente y estudio político, al igual que la participación en la lucha política. En resumen, los principios del Agosto Negro son: “estudiar, ayunar, entrenar, luchar.”

George Jackson y los orígenes del Agosto Negro

George Jackson era Capitán General del Partido de la Pantera Negra mientras estaba encarcelado en la prisión de San Quintín en California. Jackson era un revolucionario influyente y su asesinato a manos de un guardia de la prisión de San Quintín fue uno de los principales catalizadores para el inicio del agosto negro.

George Jackson, un hombre de 19 años condenado por robo a mano armada en 1961, fue sentenciado a una pena de prisión de “cadena perpetua,” lo que significa que los administradores de la prisión tenían control total y arbitrario sobre la duración de su condena. Nunca volvió a vivir fuera de una prisión, pasó los siguientes 11 años encarcelado (siete años y medio de ellos en aislamiento). En esos 11 años, a pesar de vivir en un ambiente de racismo extremo, represión y control estatal, la llama político de George Jackson se encendió y se convirtió en una inspiración para otros revolucionarios de su generación.

Jackson fue expuesto por primera vez a la política radical por su socio preso, W.L. Nolen. Con la guía de Nolen, Jackson estudió las obras de muchos revolucionarios, incluyendo Karl Marx, V.I. Lenin, Mao Tse-Tung y Frantz Fanon. Nolen, Jackson y otros presos se dedicaron a crear conciencia política entre los presos y a organizar a sus compañeros en el sistema penitenciario de California. Dirigieron sesiones de estudio sobre filosofía radical y convocaron a grupos como la Coalición del Tercer Mundo y comenzaron la división de la Prisión de San Quintín del Partido Pantera Negra. Jackson incluso publicó dos libros muy leídos mientras estaba encarcelado: “Soledad Brother” y “Blood in My Eye” (“Soledad Hermano” y “La Sangre en Mi Ojo,” respectivamente).

Desafortunadamente, como era de esperar estos organizadores radicales pronto se encontraron en la mira del sistema penitenciario de California. En 1970, W.L. Nolen, quien había sido transferido a la prisión de Soledad y tenía planeado presentar una demanda contra su superintendente, fue asesinado por un guardia de la prisión. Días después, George Jackson, quien en ese entonces también se encontraba en la prisión de Soledad, junto a sus compañeros radicales Fleeta Drumgo y John Clutchette fueron acusados de matar a otro guardia de prisión como represalia por la muerte de Nolen. Los tres fueron llevados a juicio y se les conoció como los Hermanos Soledad.

Ese año, cuando quedaba claro que George Jackson probablemente nunca sería liberado de la prisión, su hermano Jonathan Jackson de 17 años organizó un ataque armado en el Palacio de Justicia del Condado de Marin para exigir la liberación inmediata de los Hermanos Soledad. Jonathan Jackson solicitó la ayuda de tres prisioneros adicionales: James McClain, William Christmas y Ruchell Magee, durante la ofensiva. Jonathan Jackson, McClain y Christmas fueron asesinados, mientras que Magee recibió un disparo y fue arrestado nuevamente. Ruchell Magee, ahora de 80 años, es actualmente uno de los presos políticos que ha durado más tiempo en la cárcel a nivel mundial.

El 21 de agosto de 1971, poco más de un año después del incidente del tribunal, un guardia de la prisión asesinó a George Jackson. Los hechos con respecto a su muerte han sido cuestionados. Las autoridades de la prisión alegaron que Jackson introdujo de contrabando un arma en la prisión y fue asesinado mientras intentaba escapar. Por otro lado, el gigante literario James Baldwin escribió: “ninguna persona negra creerá que George Jackson murió de la forma en que nos dicen que lo hizo.”

Si bien las circunstancias particulares de la muerte de Jackson probablemente seguirán siendo cuestionadas, dos cosas han quedado claras: su muerte fue en última instancia un asesinato político, y su impronta revolucionaria no se puede extinguir. A través de los esfuerzos y sacrificios de George y Jonathan Jackson, Nolen, McClain, Christmas, Magee e innumerables revolucionarios, la década de 1970 se convirtió en una década de lucha política y organizativa generalizada dentro de las cárceles. Los presos exigieron el fin al trato racista y violento a manos de los guardias de la prisión, mejores condiciones de vida y mayor acceso a la educación y atención médica adecuada. Las tácticas en estas campañas incluyeron demandas, huelgas y rebeliones masivas. Entre los ejemplos más importantes se encuentra la rebelión de la prisión de Attica, que ocurrió en el estado de Nueva York semanas después del asesinato de George Jackson. Como protesta por las condiciones deshumanizantes a las que fueron sometidos, alrededor de 1.500 reclusos de la prisión de Attica emitieron un manifiesto con sus demandas y tomaron control de la prisión durante cuatro días, a partir del 9 de septiembre de 1971. Por órdenes del gobernador Nelson Rockefeller, las autoridades policiales irrumpieron a Attica el 12 de septiembre y mataron por lo menos a 29 personas encarceladas. Ninguno de los prisioneros tenía armas.

Este es el contexto en el que nació el Agosto Negro en 1979. Se celebró por primera vez en la prisión de San Quintín de California, donde George Jackson, W.L. Nolen, James McClain, Willam Christmas y Ruchell Magee fueron retenidos una vez. El primer Agosto Negro conmemoraba la década anterior de la lucha valiente en la prisión, así como los siglos de resistencia negra que le precedieron y acompañaron.

Los presos políticos y la lucha en la prisión

Los observadores del Agosto Negro exigen la liberación inmediata de todos los presos políticos en los Estados Unidos. El hecho de que el gobierno de los Estados Unidos siquiera tenga prisioneros políticos es algo que intentan ocultar y negar. En realidad, decenas de radicales de organizaciones como el Partido Pantera Negra, el Ejército de Liberación Negra, el Movimiento Indígena Americano y MOVE han sido encarcelados durante varias décadas como resultado de su actividad política. Así lo explica Angela Davis, en su momento la presa política de más alto perfil en los Estados Unidos:

“Hay una diferencia distintiva y cualitativa entre el incumplimiento de una ley por el propio interés individual y violación de la misma para apoyar los intereses de una clase de personas cuya opresión se expresa directa o indirectamente a través de esa ley en particular. En el primer caso podría llamarse criminal (aunque en muchos casos sea una víctima), pero en el segundo, como reformista o revolucionario, está interesado en el cambio social universal. Capturado, él o ella es un preso político … Sin embargo, en este país, donde la categoría especial de presos políticos no se reconoce oficialmente, el preso político inevitablemente es juzgado por un delito penal específico, no por un acto político … En todos los casos, sin embargo, el preso político ha violado la ley no escrita que prohíbe los disturbios y las agitaciones en el statu quo de la explotación y el racismo.”

Las prisiones en los Estados Unidos son una forma de control social que sirve para mantener el statu quo de la opresión. En las últimas décadas, las cárceles se han convertido en una herramienta cada vez más importante para la clase dominante estadounidense. Las prisiones no sólo ponen en cuarentena a los revolucionarios, sino también a aquellos segmentos de la población que se han vuelto cada vez más prescindibles para el sistema capitalista a medida que la producción globalizada, la desindustrialización y la automatización tecnológica disminuyen la necesidad general de mano de obra. Estos cambios, que comenzaron en la década de 1970, han afectado más a las comunidades negras, latinas e indígenas, como lo demuestran las altas tasas de desempleo y encarcelamiento que enfrentan esas comunidades. Estos grupos también son históricamente los más propensos a la rebelión. Angela Davis señaló en 1971 que, como resultado de estas tendencias, “los presos, especialmente los negros, los chicanos y los puertorriqueños, están avanzando cada vez más en la proposición de que son presos políticos. Sostienen que son presos políticos en el sentido de que son en gran medida víctimas de un orden político-económico opresivo.”

Aunque esa definición de preso político no es ortodoxa, ilustra la naturaleza política y económica de la criminalización. Esta es la razón por la cual los observadores del Agosto Negro conectan la lucha para liberar a los presos políticos “revolucionarios” con la lucha más amplia contra las cárceles estadounidenses. El encarcelamiento masivo es un síntoma del mismo sistema que los presos políticos han dedicado sus vidas a luchar.

A medida que un número cada vez mayor de la clase trabajadora de EE. UU. se “lumpeniza” o se expulsa de la economía formal y del empleo estable, aumenta la importancia potencial de la lucha política entre los desempleados y los encarcelados. George Jackson escribió en Blood in My Eye que “se debe llegar a los prisioneros y hacerles entender que son víctimas de la injusticia social. Esta es mi tarea trabajando desde dentro. Los números absolutos de la clase de prisioneros y los términos de su existencia los convierten en un poderoso depósito de potencial revolucionario.”

La propia trayectoria de George Jackson es un ejemplo perfecto de ese potencial revolucionario. Jackson no llegó a prisión como un revolucionario ya formado. Tenía antecedentes de delitos menores y no se interesó en la política durante sus primeros años en prisión. Muchas personas en nuestra sociedad lo habrían despedido como un “matón.” Pero los camaradas que sabían que él tenía el potencial inherente a cada ser humano lo encontraron y lo acogieron. Lo ayudaron a comprender sus experiencias personales en el contexto del capitalismo y la supremacía blanca. A su vez, George Jackson dedicó su vida a hacer lo mismo por otras personas encarceladas.

El Agosto Negro de hoy

Agosto, más que cualquier otro mes, ha llevado históricamente el peso de la lucha de Liberación Negra. Por supuesto, los africanos esclavizados fueron traídos por primera vez a Norteamérica británica en agosto de 1619. 200 años después, en agosto de 1831, Nat Turner dirigió la rebelión más conocida de esclavos en la historia de los Estados Unidos. Este significado histórico se trasladó al siglo XX, cuando tanto la Marcha en Washington por Empleos y Libertad como la Rebelión de Watts—un levantamiento explosivo contra la policía racista en Los Ángeles—se produjo en agosto durante la década de 1960.

Incluso hoy, el mes sigue siendo significativo en la lucha. John Crawford, Michael Brown y Korryn Gaines fueron tres afroamericanos que fueron asesinados en casos de brutalidad policial de alto perfil; Crawford y Brown en agosto de 2014 y Gaines en agosto de 2016. Sus muertes han sido parte del impulso para un movimiento nacional revivido contra la brutalidad policial racista. Finalmente, el 27 de agosto de 2018, el 47 aniversario de la muerte de George Jackson, miles de prisioneros estadounidenses lanzaron una huelga nacional de prisión. Participaron en paros laborales, huelgas de hambre y otras formas de protestas. La huelga duró hasta el 9 de septiembre, 47 años después de que comenzara el levantamiento de la prisión de Attica. Al igual que los prisioneros de Attica, los organizadores de la huelga de prisión de 2018 presentaron una lista exhaustiva de demandas que exponían la opresión inherente al sistema penitenciario de los EE. UU. y establecieron un marco para mejorar sus condiciones.

Cada uno de estos eventos históricos y contemporáneos revela una verdad que la tradición radical negra siempre ha reconocido: no puede haber libertad para las masas de personas negras dentro del sistema capitalista supremacista blanco. La lucha por la liberación es sólo eso: una lucha. Desde sus inicio en San Quintín, el Agosto Negro ha sido una parte indispensable de esa lucha.

En el clima político actual, en el que algunos líderes mentirosos nos obligan a enterrar la naturaleza radical de la resistencia negra y en su lugar apuntalar políticas reformistas que glorifiquen la celebridad, la riqueza y la asimilación en el sistema capitalista, el Agosto Negro es más importante que nunca. Conecta a los negros con nuestra historia y sirve como un recordatorio de que nuestra liberación no está en manos de multimillonarios negros, policías negros o funcionarios del Partido Demócrata negros. Esas “caras negras en lugares altos” simplemente presentan una cara amable al sistema que oprime a las masas de personas negras en los Estados Unidos y en todo el mundo, a distorsionando menudo los símbolos de la resistencia negra en su camino. La liberación negra está, como siempre, en manos de las masas conscientes y organizadas. Estudie, entrene, pelee y, en palabras de George Jackson, “descubra su humanidad y su amor por la revolución.”